UNA CRÍTICA ANARQUISTA AL POSMODERNISMO Y AL POS-ANARQUISMO
El siglo XX que empezó como un torbellino revolucionario acabó con un descalabro de las ideas emancipadoras, desde el anarquismo hasta el socialismo, que se vieron “derrotadas” por un capitalismo que irá mutando y transformándose en función de sus necesidades. La dominación capitalista recupera antiguas luchas “revolucionarias”, sociales, económicas, ecológicas.. absorviendo muchas de estas ideas emancipadoras y colocándolas en su programa.
Por un lado la incapacidad de los movimientos revolucionarios de ver y analizar estas nuevas reestructuraciones capitalistas y por otro lado el capitalismo con sus interminables guerras y conflictos de dominación y desestabilización de territorios enteros o en su vertiente comunista, con sus inmensos sumideros de miseria moral y material, representados por los gulags, dieron lugar a la desestabilización de los movimientos revolucionarios que habían colocado contra las cuerdas al capitalismo en diferentes momentos del siglo XX. Consiguiendo poner cadenas a todas las ansias de libertad y emancipación provocando una desbandada generalizada de los movimientos revolucionarios que concurrieron posteriormente en las ideas de la posmodernidad.
Ante la caída de y crisis de estos movimientos revolucionarios parece que muchos encontraron una salida: el repliegue en la subjetividad del individuo y la huida hacia el mercado como garantizador de una felicidad sustentada en la privatización de la vida (la destrucción de la comunidad) y en el hiperconsumo propios de la de la posmodernidad. Destacar especialmente el hiperconsumo de identidades.
Así las ideas de la posmodernidad que hoy fagocitan por completo a la izquierda y en gran medida a los movimientos anarquistas y revolucionarios son producto del desencantamiento con la Política, las ideologías y con los movimientos sociales y revolucionarios. Unas ideas posmodernas que ponen en el centro al individuo , y gracias a las redes sociales al individuo descarnado y atomizado, alejando las posibilidades de una lucha revolucionaria que ponga en el centro , no a las identidades sino a la comunidad, a lo colectivo que emprenda de nuevo la lucha de clases, buscando la tensión, la confrontación y el conflicto que proyecten el derrumbe de lo establecido.
DECRETADO EL ESTADO DE FELICIDAD PERMANENTE (LEMA DE MAYO 68)
La caída del muro de Berlin, la sociedad de masas, el ocio, el hiperconsumo, el desencantamiento con las ideas revolucionarias, el repliegue individual, el fin de la guerra fría…. todo ello da lugar a la aparición de la posmodernidad. Durante la segunda mitad del siglo pasado oco a poco fue permeando la idea de que todo es interpretable y relativo, que las categorías que explicaban el mundo hasta hace dos días deben actualizarse, reinventarse, redefinirse. Que determinadas categorías sociales como Poder, Estado, capitalismo, movimientos revolucionarios habían quedado desfasadas y que debían ser disueltas en la túrmix de la historia. A partir de la posmodernidad sólo serán relevantes y dignas de atención aquellas cuestiones que proporcionan bienestar a ese Sujeto desencantado, para quién la aspiración a la felicidad individual (o la visibilización de sus problemas propios) constituirá en adelante un sustituto funcional de aquellas ideas revolucionarias que hasta poco tenían un valor principal. La posmodernidad convierte la búsqueda del bienestar subjetivo en un imperativo moral. Ese bienestar supone una privatización de la vida que es un rasgo estructural de la posmodernidad, el individuo se refugia en sí mismo en un proceso de aislamiento progresivo, de esta manera, a falta de un entorno próximo, de una comunidad, es el Estado quién ocupa su lugar. El Estado ya no es el enemigo a batir, sino el refugio al que acudir a exponer y visibilizar sus problemas. La perdida de aquellos proyectos colectivos que alumbraban “un mundo nuevo” será “recompensada”con el individualismo , representado por un individuo desencantado que buscará nuevas fuentes de satisfacción en una sociedad que le ofrece nuevas formas, via mercado, que le promete un horizonte de esperanza sobre la base de materializar sus anhelados deseos.
Poco a poco el mundo de las ideas va desmoronándose en la posmodernidad. Ya no hay religiones o ideas revolucionarias a las que asirse, todo adquiere un carácter evanescente, cool, superficial, efímero. Ya no hay lugar para grandes proyectos revolucionarios en la posmodernidad, ya que todo tiene un carácter relativo, transitorio, provisional….Todo parece cuestionable, opcional, relativo. Así la libertad ya no es un proyecto colectivo sino que ahora se asienta en el centro de la experiencia individual y todo lo que afecta al individuo, desde el nacimiento hasta la muerte, adquiere significación política: la elección de los hijos , la forma de alimentarse, la orientación sexual, la salud, la forma de consumo etc.. todo es opinable y convertido en una mercancía capaz de satisfacer los deseos de los individuos. Así las cuestiones que afectan a las condiciones estructurales de la vida social, de las condiciones de vida y de la política se alejan del centro del combate y se repliegan a lo individual.
Las ideas posmodernas no deben asimilarse a una estricta despolitización , son inseparables de un entusiasmo relacional particular, como lo demuestra la proliferación de asociaciones, grupos de asistencia y grupos reformistas. El Individuo posmoderno no es un individualista asocial sino que busca ramificaciones y conexiones en colectivos con intereses miniaturizados, hiperespecializados que no buscan el conflicto con el Estado, ni con el Capitalismo. Buscan gente con sus mismo deseos identitarios: colectivos de “racializados”, grupos de veganos, asociaciones de “discas” , grupos transfeministas lugares donde emprender la solidaridad de microgrupo, fragmentando las luchas políticas y/o revolucionarias. Forman diversidad de grupos que ya no buscan crear esos momentos de tensión o conflicto que nos puedan llevar a la revuelta generalizada. Así en la posmodernidad el Individuo ha sustituido a aquella clase peligrosa que a base de bombas, veneno, cuchillos, libros, panfletos...hacía temblar los cimientos de la burguesía. Una burguesía que ahora ofrece toda una cultura y consumo liberal a todos aquellos que se disfrazan de revolucionarios.
A LA CARTA: ELIGE TÚ REBELIÓN
El espectáculo ha transformado la lucha. Numerosos movimientos involucrados en inciertas luchas ya no buscan el proyectarse para derrumbar lo existente, para criticar la dominación o para planificar luchas a largo plazo que hagan tambalear el sistema. Nos encontramos en la época técnica la cual prioriza lo visual, no sólo se prioriza este sentido sino que al mismo tiempo se nos priva del resto, es un signo de la sociedad científica la privación sensorial. Por ello vivimos en la “era de la visibilización” donde las luchas deben hacerse visibles ya no para ser difundidas como una propaganda que llegue a las conciencias de la mayor parte de la población sino para mostrar la existencia de la amalgama de sujetos que conforman la ´rebelión liberal´ ,aquellos que, no pretenden derrumbar el Estado o el Capitalismo. Simplemente buscan , en la mayoría de las ocasiones, autorreafirmarse y mostrarse al mundo como si de un escaparate comercial se tratase.
En este punto adquiere especial importancia la personalización, es decir, la posibilidad de una amplia carta, como si de un restaurante se tratase, donde elegir tu propia “rebelión”. Podríamos llamarlo algo así como “elige tú propia aventura”, “construye tu viaje”. El capitalismo ofrece este consumo hiper-individualizado con la multiplicación de elecciones que ofrecen cada vez más opciones y elecciones a medida, una especie de autoservicio de una existencia a la carta que consiste en proponer para cada persona diferentes opciones , en substituir la normatividad, la autoridad y la sujeción uniforme por la libre elección, la homogeneidad por la diversidad, la austeridad por la realización de deseos. Así el capitalismo te vende una ´rebelión´ en un formato simple. La idea es básica: que la población siga consumiendo y trabajando pero sin estar sujeto a antiguas normas autoritarias y coacciones, ahora eres ´libre´ de conseguir tus deseos (los que el capitalismo te ha empaquetado con papel de regalo). Así esta forma de vida capitalista se ha introducido en los espacios refractarios dedicados ahora más, en muchas ocasiones, a las realizaciones personales, narcisistas, hedonistas y de identidad, que a la destrucción de lo existente. La rebelión ahora se disfraza de Identidad, puedes elegir la que tú desees( el estado español ya reconoce 37 identidades de género, puedes elegir la que quieras). El mundo se ha convertido en el supermercado de la identidad. Existen también diferentes identidades relacionadas con la alimentación que pretenden ser también rebeldes. Lo normativo ahora es no ser normativo. Puedes ir más allá y dejar de ser humano: cablearte, colocarte diferentes chips, ponerte un exoesqueleto y llenar tú cuerpo de prótesis para transformarte en un transhumano, todo es moldeable, todo es una opción que consumir en el posmodernismo. Incluso ciertas ´feministas´ como Butler, Preciado o Haraway optan por convertirnos en ciborgs ello con la excusa de poder reinventarnos en lo que queramos y que ya no existan ni hombres ni mujeres. Nosotros como refractarios y amantes de la libertad nos oponemos tajantemente a semejante aberración. La sociedad, disuelta su rigidez autoritaria, se ha convertido en abierta, plural, que tiene en cuenta los deseos de los individuos y aumenta su libertad en función de las motivaciones individuales, la vida flexible en la era del consumo. La izquierda ha comprado este modelo de sociedad y nos lo vende como algo rebelde. Así los movimientos sociales, la izquierda y algunos anarquistas han caído en la trampa donde la ´lucha´es remitida a un consumo de objetos y de signos artificiales que provoca una paralización de la revuelta y atomización de lo social. Aquí vemos la destrucción cool de lo social y las luchas por un proceso de aislamiento que se administra ya no por la fuerza bruta o la cuadricula reglamentaria sino por el hedonismo, el deseo, la visibilización y el consumo.
“Son las clases las que hacen revoluciones no los individuos” Kropotkin
Para nosotros las diferentes formas de explotación y dominación no son un problema en si mismo sino que constituyen una cuestión adyacente a la cuestión social. Los discursos políticos que reducen la explotación y la dominación a diferentes ámbitos evitan ver la raíz de los problemas comunes a todos los explotados, estos discursos (poscoloniales, neofeministas , neoecologistas….) parecen entregarse a la única salida plausible: la fragmentación social en función de criterios étnicos, raciales, de género, de alimentación etc… Esta fragmentación social da lugar a la creación de diferentes grupos en los que surgen diferentes conflictos y tensiones entre sí olvidando el verdadero enemigo a batir: la reproducción social capitalista, el mundo mediado por mercancías y tecnología , el trabajo asalariado. Sobre ese suelo movedizo desaparecen las maneras de pensar lo común, así como un abordaje al capitalismo. Por un lado vemos como se produce una recomposición de la lucha en términos étnicos, culturales, sexuales etc.. y por otro vemos que los análisis y la practica críticos con la explotación económica o la reproducción social han dejado de estar a la orden del día. Las luchas fragmentarias no quieren destruir lo existente, ni mucho menos provocar ciertas tensiones y conflictos que nos puedan llevar a una revuelta generalizada. El objetivo de estas luchas izquierdistas es hacer cambiar en bien la mirada sobre la gente. En efecto querer visibilizar, querer cambiar la percepción que se tiene de los otros , comprender el funcionamiento de su “comunidad” no implica necesariamente modificar la situación de explotación en la que se encuentra.
Es decir visibilizar o intentar que se cambie la percepción sobre ciertos grupos (sexuales, étnicos…) no es una lucha revolucionaria, es el izquierdismo haciendo su labor de recuperación de las luchas y llevando la voz cantante de hacia donde deben ir estas. Así el multiculturalismo y la defensa pública de las minorías corren el riesgo de ser los mejores garantes de un orden capitalista que produce la gran diferencia estructural: aquella que opone a los ricos y los pobres. La guerra de clases queda olvidada de todas estas luchas fragemtarias. Como dice Walter Benn Michaels que “la diversidad no es un medio de instaurar la igualdad; es un medio de gestión de la desigualdad, nada tiene de radical en el plano político, poner de manifiesto o glorificar la diversidad[…] no es otra cosa hoy que nuestra manera de aceptar la desigualdad.” Lo único que se borra con la diversidad y esta s luchas fragmentarias es la diferencia entre las clases. El enemigo a batir ya no es la sociedad de clases ahora se pretende la inclusión de todos en ella, un sociedad de clases diversa.
La ideología izquierdista ha calado hondo en ciertas ideas refractarias y anarquistas han conseguido fragmentar las luchas y colar parte de su programa en los proyectos anárquicos llevándolos a una paralización y luchas internas estériles sin precedentes, una vez apartados ciertos “viejos temas” como el Estado, el Capital, las mercancías , el trabajo asalariado…los izquierdistas han tenido el campo abierto para una reorganización de la “agenda” política en términos de lucha contra el poder de las normas, en vez de la lucha contra un sistema capitalista que produce la alienación, la miseria, la pobreza, y el ecocidio. Esta lucha se convierte en superficial ya no se trata de operar una crítica o un ataque contra nuestros enemigos sino ahora lo que se pretende es “deconstruir” el pensamiento, las ideas y los postulados del adversario.
UNA PEQUEÑA CRITICA AL POST ANARQUISMO
Insistimos las ideas izquierdistas se han colado en la anarquía y a veces su lógica impregna los pensamientos de muchos anarquistas Ideas provenientes de la “izquierda radical” , de algunos bastardos como Foacult, Deleuze y Guattari pero también de nuevas feministas como Butler o Haraway o de los discursos poscoloniales. Uno de los primeros que uso el término post anarquismo fue Hakim Bey famoso por su libro T.A.Z. (ZONAS TEMPORALMENTE AUTONOMAS) este autor fue un posmoderno que utilizo la anarquía para dar rienda suelta a sus desvaríos, entre otras “lindezas” observaba que el poder nunca es más que pura “simulación” o que “la pornografía y la diversión popular como vehículos de una reeducación radical” jamás entendermos como este autor ha tenido tanto “éxito” en ciertos ambientes anarquistas , quizás su lenguaje radical/situacionista, quizás que presentaba algo nuevo nunca lo sabremos. Se carga una base del pensamiento anarquista como es el “poder” que conlleva la explotación y dominación de los ricos y los pobres, también Foacult decía que el poder era algo “abstracto” y así se fue conformando el post anarquismo. Para estos autores que se esconden bajo la falacia del post anarquismo porque para ellos todo es moldeable y fluido y pretenden hasta redefinir el anarquismo que para ellos no habrá de representar la aspiración revolucionaria sino la descomposición de lo social, bajo la máscara de una espectacular rebelión individual. Intentando de esta manera desestabilizar todo aquello sobre lo cual descansa el anarquismo clásico. Pretender llevar su modelo de mundo maleable, fluido y moldeable al anarquismo. En este “rediseño” del anarquismo encontramos estupideces como la de la canadiense, profesora de universidad, Sandra Jeppesen quien afirma “El anarquismo no es un movimiento blanco,[…] el anarquismo no es un movimiento de monogamia heterosexual bigenerado […] el anarquismo no involucra al obrero[…] el anarquismo es crear acontecimientos” aunque no tenga gracia se nos escapa una sonrisa al escuchar semejante estupidez.¿ El anarquismo no involucra al obrero? Se debe admitir que, a menos que lisa y llanamente se borre el pasado y se encierre uno en la mera inmediatez, es extraño y erróneo afirmar eso a proposito de un movimiento que nació en 1872 a partir de una escisión de la Asociacion internacional de los trabajadores de la que habían sido excluidos Bakunin y Guillaume.
Quieren destruir la anarquía pero no lo consentiremos somos tercos como nuestros compañeros decimonónicos atacando con todo a quienes pretendían destruirlos. Hoy el enemigo ataca desde la izquierda. Nosotros nos preguntamos a quién se dirige ese anarquismo que no es “para el obrero”. El postanarquismo reduce la acción política a la subversión de la identidad, su pensamiento deconstruccionista vuelve imposible concebir la crítica en términos de alienación o explotación, encontradonos en asambleas y lugares donde prima “el pronombre de cada uno”, “su identidad sexual” o “lo que come” a la realización de proyectos , que con su praxis y critica, hagan tambalear este mundo que nos condena a la miseria. Un ejemplo claro lo vemos con el feminismo, por un lado nos encontramos con las feministas radicales aquellas que luchan contra el sistema patriarcal y los mecanismos opresivos y por otro lado el neofeminismo/queer que buscan exclusivamente la desestabilización de las normas desplegando su política en un vacio social, exacerbando el eslogan “lo personal es político” hasta disolver la política en la reinvención de la sexualidad. En estos discursos del llamado postanarquismo desaparece toda crítica a la vida mutilada por las mercancías, el trabajo asalariado o la tecnología.
El “espectro anarquista” actual parece incapaz de deshacerse de todo este cocktail posmodernista e izquierdista que moldea la forma de actuar, pensar y sentir en nuestros ambientes. Así vemos como cada vez el pensamiento en los movimientos anarquistas queda cada vez más encorsetado y homogeneizado, con pocas posibilidades de hacer una crítica al pensamiento único postanarquista que se está extendiendo como la pólvora. Estos movimientos postanarquistas están conformados, muchas veces, por personas autoritarias que bajo el disfraz de una ideología “amable” hacen imposible el debate o profundizar en ciertos aspectos e incluso hacerles cualquier crítica, porque rápidamente serás expulsado de su “gran hermano”. Pretender fragmentar el anarquismo categorizando a las personas en base a sus privilegios, capacidades…. , culpabilizando a la otra parte de capacitista, privilegiado….. Darle a esto un discurso rebelde no es más que una pantomima que no tiene ningún sentido revolucionario. El anarquismo mediante el apoyo mutuo y la solidaridad solventa los problemas de capacidades o privilegios sin la necesidad de establecer categorías sociales, convertir a parte de la población en victimas es parte del discurso capitalista absorbido por aquellos que dicen enfrentarse a él. Volver a mirar de frente al enemigo, mirar sin miedo al abismo abre posibilidades de insurrección, crear categorías y fragmentar al movimiento revolucionario sólo permite perpetuar lo existente La anarquía aquí sirve como vehículo para la tiranía. Es demasiado fácil culpar a un ambiente lleno de escrúpulos y paralizado por la ansiedad ante la idea de prohibir o imponer algo, haciéndose pasar por "víctimas", "representantes de los dominados", "oprimidos", "discriminados" de las minorías. En el fondo, estos activistas, apoyados y celebrados por las universidades, las editoriales, el mundo del espectáculo y los medios de comunicación, son los agentes ideológicos de la tecnocracia transhumanista empeñados en destruir todas las formas de defensa de una humanidad libre en una naturaleza salvaje.
CHIMPANCES DEL FUTURO
MADRIP, OCTUBRE 2025
Después de unos meses de ausencia regresa el boletín Contra la Contra, esta vez con un breve balance sobre la situación mundial actual con la que los proletarios venimos lidiando día con día.
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La pandemia es domesticación
"La palabra mágica “seguridad” se impone frente al delincuente como ante el terrorista y el virus, y la crisis sanitaria muestra hasta qué punto el Estado obtiene nuestra sumisión en nombre de la salud."
Gilles Dauvé
En la sociedad del Capital los discursos que se nos presentan como “verdades” son expresados por diferentes portavoces de la clase en el poder, desde los medios masivos tradicionales hasta los supuestos medios alternativos, junto al sin número de redes sociales digitales. De este modo, el discurso informativo que nos advierte desde principios del 2020 acerca de la pandemia del Covid-19 evidencia que la información desde el poder se pretende inobjetable, a tal grado que no solo suscita consenso
entre los organismos de la burguesía, sino que ésta es aún reforzada a través de la opinión pública de las redes sociales y hasta de los supuestos medios disidentes.
La cuestión no es si la enfermedad es altamente infecciosa o si se deben seguir medidas de protección y cuidado o no. Es obvio que estamos frente a un virus que se propaga rápido y que en una minoría de personas infectadas causa la muerte. Aquí el problema es que el conjunto de información es tergiversado e instrumentalizado para validar cualquier acción del Estado capitalista. Desde encerrar obligatoriamente a una población, matar a personas que tuvieron el infortunio de salir durante
un toque de queda, justificar el hecho de que los individuos deben aislarse de sus seres queridos o recluirse sin tener qué comer; porque aquí, como en muchos lados sobre el planeta “cada uno se rasca con sus propias uñas”.
Desde que se expandió el virus por el mundo, los noticieros no hicieron otra cosa que bombardearnos con noticias de los miles de muertos, notas sobre hospitales a reventar de pacientes, ahondando en supuestos tan contradictorios que al día de hoy sólo causan estupor, más una cantidad de información improbable, confusa y sesgada venida de los “expertos”. Todo ello con un claro objetivo de perturbarnos para de este modo aceptar guardarnos en confinamiento. Sin cuestionar un ápice esta jodida situación. Sin importar que en nombre de la “salud pública” nos han quebrado la salud mental, y a lo sumo, han hecho cada vez más difícil la sobrevivencia del día a día.
La santa “verdad”
Anteriormente cuando se nos quería hacer creer en algo, imponernos la fe o someternos al designio de un amo era necesario la biblia en la mano y la espada en la otra, hoy no han cambiado tanto las cosas, solo se ha cambiado la biblia por el argumento “científico” en boga, sin faltar el garrote y el fusil cuando éste no basta. Hoy día la visión positivista recalcitrante que antepone la nueva fe “científica” intenta hacernos creer que fuera de sus verdades (temporales y transitorias) no hay más verdad, y cualquier otra especie de interpretación o análisis que no esté certificado por los institutos o no haya sido validado en los “papers” científicos carece de valor y debe descartarse a la primera.
¿Acaso el pensamiento científico o, mejor dicho, lo que han validado las instituciones burguesas y puesto ese sello, debería ser la base para regir, controlar y gestionar nuestras vidas, como si fuésemos sujetos de un experimento, sin más, simples ratones con los que se ejecuta el disciplinamiento social, el control y los diferentes proyectos de dominación sobre nosotros?
Entonces, ¿Por qué deberíamos creer que los designios sanitarios del capital ahora son neutrales si parten de una concepción burguesa de lo que es la higiene, la sanidad y la salud del cuerpo humano?; ¿Desde cuándo la OMS, la institución de la ciencia, los hospitales y la industria farmacéutica son los aliados de la humanidad?
En este sentido es necesario entender que la situación actual es una continuación de lo que comenzó en los orígenes del Capital: separar al ser humano de su propio cuerpo y de su ser colectivo, negándole la
subsistencia primero, y luego, negándole el control de sí mismo; es decir, creando instituciones para domesticar su salud física y mental, para desarrollar en nosotros la dependencia a los órganos de poder, como si fuésemos becerros necesitados del pastor que nos lleve a pastar. Bajo la dictadura del Capital, nuestros cuerpos no nos pertenecen.
Bendito sea el control social
El mejor ejemplo de manejo de la crisis del coronavirus es el que se desarrolló en varios países de oriente, en especial China, teniendo como excusa la enfermedad, se dio rienda suelta al aparato represivo y de vigilancia que desde hace años se ha perfeccionado en aquel país; primero para ocultar el desarrollo de la enfermedad y después para “contenerla”, haciendo énfasis en tratar como delincuentes a toda la población, sometiéndola a cuarentena extrema, toques de queda y controles suigéneris, como en los existentes en las películas de ciencia ficción.
Si no fuera eso ya catastrófico, lo peor de todo es que la opinión pública mundial no tardó en aplaudir dichas medidas y ponerlas como ejemplo de contención de la pandemia. Exacto, los aplaudidores
descerebrados ocultan los arrestos políticos, asesinatos y el maquillaje de cifras por parte de aquel país, además del ocultamiento de información y el lavado de geta de las instituciones represivas.
Si bien esas medidas de contención fueron consideradas un tanto “extremas” por las democracias occidentales, esto no fue impedimento para su implementación en varios países del globo, desarrollando el doble discurso del policía bueno y malo: “no actuamos con tanta represión como en China, por eso siéntete afortunado y quédate en casa… o te multamos o encarcelamos” (o asesinamos, falto decir).
La “mea culpa” del proletariado mundial
Por otro lado, la fórmula más fácil de la contención y que ha sido probada cantidad de veces es redirigir la culpa al proletariado, ya sea que se diga que la extensión de esta crisis es por su falta de
compromiso por salir de sus casas y no acatar la normalidad en pandemia, o por no ser lo suficientemente cauteloso, responsable y civilista al no ponerse un cubrebocas las 24 horas del día.
Al final de cuentas, el alarmismo reaccionario en las redes sociales se ha volcado en culpar y señalar al vecino que sale de su casa u organiza fiestas, a la persona que no usa un trapo en la boca o a los que se
aglomeran en los mercados a comprar sus insumos. Como si este hecho fuera el centro del problema, dejando de lado que la responsabilidad de esta situación y la forma en qué se obliga a la gente a relacionarse es gracias a la estructuración del Capital, y no depende de la elección de ningún individuo, ni grupo social.
Ahora bien, debe quedar claro que muy a pesar de la idealización de la contención y de la idiota creencia de que las medidas sanitarias son las fórmulas mágicas que nos van a salvar la vida, la realidad de la circulación mercantil y las relaciones capitalistas hacen imposible mantenerse a resguardo de cualquier virus o enfermedad. Aún más, si bien la infección de cualquier virus no es un hecho excepcional, sino la consecuencia del desarrollo de la vida orgánica en la tierra, no debemos
descartar que la generación de patógenos y su extensión están estrechamente relacionados al modo de producción. La devastación de la tierra sumado al continuo deterioro de la vida de los proletarios más la
dinámica de circulación de capital son el caldo de cultivo de las enfermedades que se expanden por el mundo desde hace ya varios siglos.
Además, hay que remarcar que por más que fuese “nuestro deseo” el quedarnos aislados en casa, el proletariado no tiene la vida garantizada, es obligado a venderse como mercancía, y a circular como
tal en el espacio público. Está obligado a hacer su consumo de productos en los lugares donde se los vendan a menos costo, aunque estos espacios estén abarrotados, está supeditado a realizar trayectos en transporte público, porque no tiene de otra, y lo peor de todo, nadie tiene la capacidad de soportar el aislamiento de forma sana y los ejercicios y actividades que pretenden sustituir la actividad física y social de la población con alternativas virtuales tarde o temprano terminan en fracaso total.
La ilógica lógica del capital
Hasta ahora cualquier análisis que se haya hecho sobre la pandemia solo ha recalcado cifras, muertos, políticas públicas, medidas de control y alarmismo a más no poder. En ningún momento, desde hace varios meses, ha habido alguna voz de peso que hable sobre la relación de esta crisis sanitaria con la estructuración política y social dentro de la economía del Capital. Y es obvio que nunca va a ocurrir. En este, como en tantos otros temas, los propagandistas del orden burgués se lavarán las manos y dirán que “la culpa no es del sistema, sino de la gente”.
Ahora bien, ¿cómo es que desde el capitalismo se ha respondido a esta calamidad más allá de las glorificadas medidas de control social, más allá de las cuarentenas, de los cubrebocas y las botellas
desinfectantes? Bien, pues tristemente no se ha hecho nada significante, y si se cree que medidas desesperadas (y a la vez añoradas) como una vacuna son la solución a este problema, estamos seguros de que muchos más morirán esperando su vacuna, y que de hecho está ni siquiera garantizará el retorno a la “normalidad”, ni mejorará un ápice las ya de por sí jodidas condiciones de existencia de la mayoría de la población mundial.
En el terreno de la economía (del capital) se pensaría que ha sido un año catastrófico para el mercado, la industria y las finanzas. Así es como lo expresan los noticieros y otros merolicos. Sin embargo, las
cifras actuales revelan que la producción de materias primas ha tenido un aumento histórico, los trabajadores de la industria están prolongando sus horarios de trabajo, así como los empleados de telecomunicaciones, farmacéuticas y otros sectores. Algo que a simple vista parece contradecir las intenciones de los gobiernos de “quedarse en casa”, cuando ha sido todo lo contrario para los trabajadores en general.
La cantidad de ganancias ha sido lo mejor que le ha ocurrido al Capital durante las últimas fechas, contrario a lo que la “lógica” diría, en esta pandemia quienes han quebrado no son los grandes conglomerados empresariales, sino solo los proletarios que viven al día y los pequeños comerciantes que tenían su fe puesta en el caprichoso dios de los negocios.
Pero sería reduccionista decir que todos los sectores de la producción y los servicios han tenido un repunte, en esta crisis como en tantas otras ha habido sectores afectados, como por ejemplo las tiendas
departamentales, los bares, gimnasios y comercios que dependen del servicio directo a clientes. Pero como bien sabemos, en la economía capitalista, mientras unos se derrumban otros se levantan omnipotentes en el escenario mundial.
Así mismo, es evidente que dichos acontecimientos son los signos de un nuevo reseteo económico o reestructuración. Algo que podemos constatar si tomamos como base los periodos de crisis y decadencia de la economía capitalista de finales del siglo XIX y principios del XX. Confirmando
que solo la dinámica de guerra para reventar fuerzas productivas, siendo remplazadas por otras, posibilitó la reconfiguración de la producción y la valorización de mercancías, brindándole nueva vida al cadáver de la economía mundial.
Antagonismo y debilidades del proletariado
Algo curioso que viene desarrollándose en la última década es la influencia mediática que ejercen los grupos de fundamentalistas cristianos, conservadores y neonazis que han multiplicado su retórica
conspiracionista seudo crítica. Dando la apariencia de que esas minorías ridículas son la “oposición” al orden establecido.
Bien sabemos que esos discursos están plagados de fantasías retorcidas donde villanos como los Bildenberg, Soros y los Rockefeller se enfrentan a sus príncipes azules como Trump, los cristianos blancos, y hasta ¡el gobierno ruso! Más allá de sus delirios, debemos comprender que estos
grupos y su propaganda es más que nada otra forma de expandir la confusión entre nuestra clase.
Su supuesto discurso crítico es sólo una conveniencia, su crítica al “nuevo orden mundial” solo se limita a señalar a los burgueses del “ala liberal”, dejando como unos santos a los burgueses conservadores y retrogradas. No está de más decir que estos sujetos en la pandemia son
protagonistas del negacionismo, y han ido más allá pretendiendo jugar el papel de ciudadanos “rebeldes” por la libertad. Sí, por la libertad de reabrir sus negocios y sus centros de esparcimiento para regresar a su normalidad anterior.
Y como era de esperarse, la respuesta a este tipo de contestación conservadora vino de parte de la ciudadanía, igual de conservadora, pero sumida en la dependencia del discurso oficial. Lo cual ha jugado un papel extraordinario en el ámbito de las posibilidades de superar esta situación; pues si te enfrentas al discurso y la razón dominante no eres más que un “conspiranoico”, para así hundirte en el pantano del discurso oficial y validar las medidas de represión, la inmovilidad de la lucha proletaria y la aceptación de las condiciones de miseria existentes.
Cabe mencionar que incluso muchos compañeros que se autoproclaman antagonistas, anarquistas y críticos al Capital, fueron presas en un comienzo del terrorismo mediático que, a inicios de este año, presentó al virus y la pandemia como los “monstruos enemigos de la humanidad”, calando psicológicamente y reforzando la atmosfera de miedo, incertidumbre y terror. Resultó una ironía que, tras años de prédica anti-estatal ahora se secundaba el discurso y accionar del Estado, exhortando también a “quedarnos en casa” y cerrar filas para obedecer las medidas sanitarias dictadas por la OMS.
La cuestión ante este hecho no es enfrascarnos en un burdo juego de ver quién es más ultra o más “radical” ante el problema. De lo que se trata es entender que si una teoría (en este caso, una teoría radical adversa al Estado y al Capital) debe ser desechada al primer obstáculo que pone la realidad, entonces no sirve.
Sabemos que la velocidad con que avanzó el actual proceso no ha tenido precedentes desde hace décadas, por lo que se hizo imposible digerirlo y entenderlo en lo inmediato. No obstante, nuestra percepción nunca puede partir de la razón ni de la lógica de nuestro enemigo de clase. A estas
alturas donde son más visibles las contradicciones y falacias del Capital y su pandemia, ya no hay justificación en un repliegue y consenso a la dictadura sanitaria que impuso el capital.
Sobre la lucha proletaria en tiempos de contención
Como ya se ha remarcado, la situación de la pandemia ha significado un deterioro de las condiciones de vida del proletariado, ya sea que por un lado haya sectores obligados a aumentar su jornada de explotación, así como del otro lado muchos proletarios hayan terminado en la cola del paro.
A esto se suma que el mismo trabajo a distancia o la escuela virtual también han reforzado el hecho de que solo unos cuantos tienen la posibilidad de adaptarse a los bruscos cambios que se implementan bajo
este modo de producción. Sin embargo, ni siquiera quienes cuentan con las herramientas necesarias para cumplir con los designios del tele-trabajo o la tele-educación se han salvado del deterioro físico y
mental que esto ha ocasionado. Y no es que reivindiquemos el trabajo y la educación de la “vieja normalidad”, sino que hacemos hincapié en el aumento de la moral del autosacrificio hasta reventar.
Pero contrario a lo que se pensaría esto también ha desembocado que grupos proletarios, con todo y la cuarentena encima, tomen las calles y se desplieguen frente a las fuerzas del orden, no porque “regrese la normalidad” sino por el hambre y la vida de mierda a la que nos tienen sometidos desde mucho antes de la pandemia. La enfermedad ha intensificado las revueltas en respuesta a los asesinatos de la policía
en las calles o por los controles abusivos que impiden que siquiera se pueda obtener unas monedas para la sobrevivencia, disparándose el racismo y la misoginia estructural. Teniendo claro que habiendo o no
pandemia, nuestras vidas están marcadas por la violencia de un orden asesino e inhumano.
Ante este clima de crispación, donde nuestra clase se alza contra sus enemigos de siempre, aún con todas las medidas de sometimiento “voluntario”, pregonar el “quédate en casa” es contribuir a reforzar
este desastre amorfo y contradictorio gestionado por la clase dominante, porque incluso va más allá de consensuar el poder militar y control social que ejerce el Estado. Es aceptar toda la estupidez e ignorancia a la que estamos siendo sometidos, conllevando a volvernos un panóptico delator, ciudadanos paranoicos defensores de la pulcritud y la pureza donde cualquier persona conocida o desconocida funge como enemigo por ser un posible agente infeccioso… en suma su pandemia nos advierte que “todos son el enemigo”. El “Quédate en casa” es negar la responsabilidad del único y verdadero culpable que es el Capital y su Estado. Es de hecho, reforzar la atomización y el aislamiento, un sálvese quien pueda desde la individualidad, para que con el encierro permanezcamos pasivos
y expectantes, aterrados y castrados en cuerpo y mente.
Es importante y necesario hacer desde ya, una ruptura con la razón dominante, para avanzar y reconstruir la lucha en comunidad, misma que ha sido mermada por este proceso. El Capital no caerá por sí solo y retroceder en los momentos de mayor necesidad es sinónimo de aceptar que no hay más esperanza que la que nos quieran otorgar nuestros enemigos. Y más allá de las vacías discusiones sobre cómo sería óptimo gestionar esta miseria, de nuestra parte negarnos a aceptar las supuestas alternativas y preferir plantear la respuesta a esto secundando los brotes de rabia donde se presenten, promoviendo la conjunción autónoma de clase, luchando sin hacer concesiones. Señalando que debemos
permanecer en la perspectiva de revolución social mundial para acabar de una vez por todas con esta infamia asistida.
Por el combate en el ámbito laboral
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