Deriva totalitaria y fin de la formalidad democrática

 
 

Impulsar estrategias que tengan vocación transformadora es una tarea lenta, y además, en un contexto tan cambiante como el actual es difícil saber con qué escenarios nos vamos a encontrar en los próximos años. Aun así conviene hacer el esfuerzo de mirar más allá de la próxima manifestación o de la última ley aprobada, pues se trataría no tanto de adivinar el futuro como de atisbar los efectos futuros que podrían tener las apuestas que hacemos hoy. Hay algunas tendencias y situaciones cíclicas que nos pueden dar pistas de lo que puede pasar, y también hay experiencias de lucha que podrían aportarnos ideas sobre cómo encararlo. Lo que sigue es un intento de localizar esas tendencias y pretende ser una contribución para tratar de afinar mejor nuestras propuestas.

En sus orígenes, la idea de crisis se refería a un período decisivo en que se producían cambios fundamentales. En los años 70 comenzó una de esas etapas con la crisis de los combustibles fósiles (1973), más tarde, esa misma crisis se ha ido manifestando con otras formas: como la de las puntocom (2000), la financiera (2008), la del Covid (2020), o las regionales como la de la deuda en América Latina (1982), la asiática (1987), la rusa (1998) o la argentina (2001). A pesar de sus distintas formas, éstos periodos son expresiones diversas de una misma crisis de ciclo más largo que puso fin a los llamados Treinta Años Gloriosos, una época de expansión económica sostenida que se dio en muchos países tras la 2ª Guerra Mundial. Este proceso de crecimiento se apoyó en la reconstrucción tras la guerra, la industrialización, el fomento del consumo y las materias primas baratas extraídas por medio del neo-colonialismo, entre otras causas.

En los países de la región noratlántica, la prioridad de los gestores políticos tras la guerra fue mantener la estabilidad y la paz social para no perjudicar a la economía. Con ese propósito los partidos de derechas y los socialdemócratas llegaron a un pacto que algunos han llamado el consenso social liberal (1). Fue un compromiso que definía el espectro de las políticas que se entendían como aceptables. Este marco incluía la adopción de un conjunto de leyes compartidas que diesen imagen de neutralidad al Estado, cierta intervención estatal para dinamizar la economía, algunas ventajas para la población asalariada y excluida en forma de políticas sociales, y el reforzamiento de los canales institucionales para la gestión de la conflictividad social.

Así, vemos como el consenso social liberal ha sido una construcción ideológica propia del período expansivo de la economía. Este marco ideológico ha servido a los gestores estatales para mantener el debate político dentro de unas coordenadas definidas. Sin embargo, la aparición cada vez más frecuente de las crisis hace que este consenso haya llegado a una especie de época otoñal. Cada vez que las élites económicas han percibido que sus beneficios peligraban, las instituciones estatales han mostrado su parcialidad, como pasó en 2008 con los rescates a las empresas y las leyes represivas dirigidas a contener la protesta. A medida que ha ido avanzando la crisis, el Estado se ha ido deshaciendo de sus políticas sociales, al tiempo que los gastos se han ido redirigiendo hacia el control y el militarismo. La forma democrática está dejando paso a la estructura dura del Estado. Al mismo tiempo, y con el objetivo de adaptar a la población a las nuevas necesidades del Capital, se están promoviendo hábitos y formas culturales que mercantilizan todos los aspectos de la vida.

 

El espejismo de la neutralidad

El 15 de marzo de 2020, en plena crisis sanitaria, el gobierno declaró el Estado de Alarma e impuso un confinamiento que duró 100 días. En esos meses se desplegaron fuerzas policiales y militares que ocuparon el territorio, sobre todo en las ciudades. Se promocionó una visión punitiva del mantenimiento de la salud colectiva con el fin de ocultar las miserias de la industria alimentaria y de la institución sanitaria. Como consecuencia aumentaron exponencialmente los casos de detenciones arbitrarias y abusos policiales, especialmente entre los sectores de población que son estigmatizados habitualmente por los medios. La estructura autoritaria del Estado se expresó con la nitidez de una radiografía, asegurándose los beneficios empresariales y manteniendo el orden de forma estricta a costa de aumentar las situaciones de desigualdad.

A pesar del ambiente represivo, muchas personas consiguieron organizarse para establecer redes de apoyo mutuo. La iniciativa partió, a menudo, de organizaciones de barrio que consiguieron implicar a parte del vecindario en el funcionamiento de esas redes. Se impulsaron bancos de alimentos, actividades de ayuda presencial, espacios para el asesoramiento legal y otras formas de apoyo. Muchas de estas tareas implicaban bordear o saltarse las normas. Aun así, las redes mantuvieron su actividad y algunas contribuyeron al surgimiento de estructuras locales de apoyo mutuo más estables. Posteriormente, podemos ver ejemplos derivados de aquellas prácticas, como la respuesta social a la DANA de Valencia, que heredó rasgos de aquellas iniciativas.

A veces se comprenden mejor las decisiones de los gobernantes si prestamos atención a las ideas que les inspiran. En los años 50 entre la élite política europea estaba de moda leer a autores como Hannah Arendt o Max Weber, que eran exponentes de lo que se consideraba un pensamiento aceptable. Sin embargo, un autor muy de moda en el entorno de la política institucional de hoy es Carl Schmitt (2). Schmitt fue un jurista alemán los años 20 que teorizó sobre la defensa del orden capitalista en períodos de crisis. Lo hizo tras la 1ª Guerra Mundial al servicio de la República de Weimar y luego para los nazis, prestando atención especial al artículo de la Constitución alemana dedicado al Estado de Excepción. Schmitt veía en la gestión de las crisis una oportunidad para que el Estado pudiese desechar las formalidades democráticas e implantar las medidas necesarias para defender el orden capitalista. En aquellos momentos en que el tiempo normal parecía romperse, el Estado debía presentarse como el héroe salvador que declararía una excepción sobre las leyes y tomaría decisiones unilaterales pasando por encima de las formalidades establecidas. Una vez recuperado el orden habitual, los gobernantes deberían dar forma legal a aquellas decisiones tomadas. Por su parte, las autoridades también deberían reencantar a la población con la política de un Estado fuerte, capaz de defender el orden contra algún enemigo útil, exterior o interior, y neutralizarlo.

Curiosamente, Carl Schmitt defendía que los conceptos políticos son ideas religiosas secularizadas. Schmitt veía los momentos de crisis grave en los que el soberano, el Estado, muestra su cara más autoritaria como una especie de milagro que le sirve para legitimarse tanto a sí mismo como a sus políticas. En esos momentos de crisis los gobernantes establecen medidas especiales que luego se normalizan en los códigos legales (como el artículo 135 de la Constitución sobre estabilidad presupuestaria o la ley mordaza para las protestas). Las manifestaciones de la crisis son instantes en los que la estructura autoritaria del Estado se muestra como en una radiografía. Las vestimentas legales, los complementos parlamentarios y los rituales democráticos quedan en segundo plano. En la medida en que las expresiones de la crisis han sido más profundas, esta estructura ha ido cobrando más importancia y las formalidades del consenso social liberal se han ido ajustando a ella o han ido decayendo. Por eso hace falta desmontar la fantasía del Estado neutral, que se presenta como un dios imparcial al que es posible redirigir.

 

Los talismanes legales

A mediados de los años 70, en plena decadencia agresiva del régimen franquista, las luchas obreras cogieron un gran impulso y se expresaron sobre todo en forma de huelgas. Como consecuencia de este ciclo de luchas, los salarios subieron mucho y las condiciones laborales mejoraron. Otros efectos de estas movilizaciones fueron el establecimiento de mecanismos para gestionar los conflictos desde los despachos y la aprobación de la primera ley de huelgas, que fijaba un marco en que éstas se podían realizar así como unos límites para que no afectasen a la estabilidad del sistema y de la economía.

En 2011, en el contexto de la crisis financiera, un gobierno socialdemócrata decretó por primera vez en 25 años la congelación de las pensiones. Dos años más tarde, ya con un gobierno de derechas, se instauró una nueva ley que convertía en permanente la medida de emergencia adoptada un par de años antes. La subida de los precios y de los beneficios empresariales en los años siguientes contribuyeron a movilizar a los pensionistas, algunos de los cuales seguramente habían participado en las huelgas de los años 70. En el año 2018 las movilizaciones pensionistas tuvieron un gran impacto, consiguiendo que se anulase aquella ley y se volviesen a revalorizar las pensiones.

Tras el estallido de la crisis de los 70, que implicó también una crisis política y social, las élites capitalistas no tardaron en mostrar su respuesta, que comenzó en el Chile de Pinochet, los EE.UU. de Reagan y la Gran Bretaña de Thatcher. Ante la crisis, los Estados debían reducir su faceta social, aumentar las políticas de control, favorecer la mercantilización del individuo y atacar a las organizaciones sociales. Es más, esa ofensiva capitalista ha ido extendiéndose e intensificándose con el tiempo: hemos visto reproducirse este tipo de medidas coincidiendo con situaciones de crisis o emergencias de cualquier tipo. Como ejemplo, podemos ver como las leyes garantistas y las normas no escritas que parecían solidamente asentadas desaparecen o se dejan vacías de contenido. A la vez, se aprueban nuevas leyes adaptadas cada vez más a las necesidades del Capitalismo, unas impulsadas por la socialdemocracia y otras por la derecha.

Estas transformaciones se entienden mejor si tratamos de profundizar en el papel de la Administración pública. El Estado moderno es, según Marx, la institución que representa a los intereses empresariales fuera de los centros de trabajo. Sus funciones principales son ser el aparato burocrático de dominación del Capitalismo, mantener el orden social y los privilegios de clase, impulsar las leyes e infraestructuras para la explotación de la población asalariada y del entorno natural, y garantizar la transferencia de recursos colectivos hacia las élites. Esta dinámica se ha dado en regímenes fascistas, en los de las democracias parlamentarias y en los del capitalismo de Estado (mal llamados socialismo real).

Las instituciones estatales están subordinadas a los intereses del Capital. Su funcionamiento normal depende de la situación de la economía y de la voluntad de las empresas capitalistas para sostener económicamente a estas entidades principalmente en forma de créditos. De hecho estas organizaciones tienden a funcionar cada vez más siguiendo lógicas empresariales. La política institucional entendida como representación es una forma de encubrir la relación de dominación que ejercen quienes tienen la propiedad y la capacidad de decisión acerca de los medios para sostener la vida, sobre quienes solo podemos vender nuestra fuerza de trabajo. Los procedimientos legislativos y la burocratización del sistema de representación son formas de disimular el ejercicio del poder real. Los gestores políticos son solo eso, gestores de las voluntades de las élites (3).

El sentido y la aplicación de las leyes en cada momento no depende tanto del color político que gobierne como de la relación de fuerzas real, medida en la calle en forma de presión social o capacidad de desestabilización. En períodos de movilización fuerte, aun con gobiernos de derechas, se suelen conseguir más logros que en otros de paz social, aun con gobiernos socialdemócratas. Por eso, a nivel estratégico resulta interesante priorizar la construcción y el fortalecimiento de comunidades de lucha que estén implicadas en conflictos vinculados con el sostenimiento de la vida. En cambio, aferrarse como si fueran talismanes protectores a leyes concretas puede ser útil fugazmente pero a la larga es una apuesta debilitante que nos deja atrapados en los pasillos de la Administración.

 

La totalidad

En 1983 Margaret Thatcher fue reelegida para gobernar Gran Bretaña. En su primer mandato había tratado de imponer una cultura adaptada a las necesidades del Mercado. Entre otras iniciativas promovió un individualismo hostil a toda idea de colectividad que no se alinease con el Capitalismo, impulsó políticas para la defensa de la propiedad y promovió la discriminación de determinados sectores de la población como chivos expiatorios hacia los que redirigir el malestar social. Thatcher defendía que la sociedad no existe, solo los individuos y las familias. En sus políticas redujo al máximo la intervención social del Estado, privatizó empresas públicas, desreguló las relaciones laborales y apostó por un control social mas férreo de la población. Además, a nivel internacional promovió la guerra en las islas Malvinas. En su segundo mandato decidió cerrar gran parte de la industria minera y de paso declararle la guerra a las organizaciones de trabajadores. Thatcher lo expresó así: Tuvimos que luchar contra el enemigo externo en las Malvinas. Pero siempre tenemos que estar atentos al enemigo interno, que es mucho más difícil de combatir y mas peligroso para la libertad.

La huelga de los mineros empezó en noviembre de 1984 y duró un año. Entremezclándose con las actividades de protesta de los trabajadores de las minas, surgieron agrupaciones de apoyo mutuo en las zonas afectadas. Estas asociaciones estaban impulsadas sobre todo por mujeres y organizaban manifestaciones, recogidas de fondos, comedores populares y eventos culturales solidarios. A lo largo de esos meses en las zonas mineras se estableció una convivencia estrecha, cercada por una ocupación policial agresiva. Se experimentó con formas diferentes de relación entre el vecindario que iban en dirección contraria a la ideología individualista y mercantilizadora que estaba tratando de imponer el gobierno. En un contexto de lucha y represión estas mujeres consiguieron generar unas prácticas de lucha que no solo iban en contra, sino que desbordaban las lógicas capitalista y patriarcal.

La ofensiva del gobierno inglés contra las comunidades mineras y explotadas en general durante aquellos años fue económica, mediática, cultural, represiva y también atacaba toda idea de colectividad que alterase la normalidad del Mercado. A partir de los años 80 la tendencia dominante en las políticas públicas en los países de la región noratlántica ha seguido, con variaciones, las tesis thatcherianas. Se ha impulsado una cultura del emprendedor que nos convierte en productos para el mercado laboral (fomentando la competitividad, la auto-explotación y la culpa por la propia situación laboral), se ha promovido un ideal de clase media que promete la salvación por medio de la inversión y se han promocionado unos sucedáneos de colectividad basados en las redes y el consumo. Al mismo tiempo se han desplegado mecanismos de control digital y físico mucho más desarrollados. Hay, además, una criminalización constante de determinados sectores de la población, especialmente los migrantes.

La respuesta de las mujeres de las cuencas mineras apuntaba a una crítica que iba más allá de la oposición al cierre de las minas, con sus actividades ponían en cuestión el modelo de vida que se les había impuesto. Sus prácticas cuestionaban la exaltación del individualismo egoísta, el interés económico como eje de la vida o la familia patriarcal como única forma de colectividad. Un modelo social que pretende dominar todos los aspectos de nuestra vida, gobernar los cuerpos y las almas como se decía en la Edad Media, es un modelo totalitario. Para hacerle frente es necesario cuestionarlo de manera total y afrontar los conflictos en toda su profundidad, renunciar a ésto y adoptar estrategias puramente defensivas es entregarle el campo de disputa a las élites capitalistas. (4)

 

El modo o el nivel de vida

Detroit y Paterson son dos ciudades de zonas muy diferentes de los EE.UU., pero tienen al menos dos cosas en común. En ambas hubo una industria fuerte que las convirtió en símbolos del capitalismo estadounidense del siglo pasado. A partir de los años 60 la producción empezó a trasladarse a otros territorios y estas dos ciudades se sumieron en una crisis profunda. Hubo despidos, paro, miseria y emigración. Pero con el tiempo, en ambas ciudades han ido apareciendo proyectos comunitarios de base que tratan de sostener la vida con prácticas colectivas que escapan a las lógicas capitalistas. En estas redes se ensayan actividades colectivas con huertos urbanos, grupos de apoyo mutuo y espacios culturales o de otro tipo, que tienen como horizonte vivir de forma más digna aún en condiciones difíciles.

A nivel internacional hemos entrado en una época de competición intensa por recursos, territorios e influencia. Se está imponiendo una lógica de guerra por las debilidades relativas de cada potencia y de cada territorio. La región noratlántica lleva varias décadas inmersa en un proceso de decadencia que no tiene pinta de acabar. En el plano local, el desmantelamiento del tejido industrial, la primacía del sector servicios y el aumento población excluida del mercado laboral son ya una constante. La mayoría de las reivindicaciones tradicionales de la izquierda tienen como referente una idea de bienestar basada en la capacidad de consumo y el nivel de vida. Se suelen limitar a actuar a la defensiva sobre el salario y la capacidad de consumo y están impregnadas de nostalgia por una imagen idealizada de Estado de Bienestar. Su eficacia se suele medir según el eco mediático, el número de afiliados o la participación en mesas de negociación. La contestación atrapada en el malmenorismo es tan nihilista como el Capitalismo, porque asume de entrada la derrota y renuncia a ir más allá de su juego.

Nuestra práctica debería tener el cuestionamiento del modo de vida capitalista como un eje de intervención estratégico, y el impulso a las iniciativas comunitarias de lucha podría permitir avanzar en ése sentido en al menos dos aspectos. A nivel interno, abriría la posibilidad de conseguir mayor autonomía en el sostenimiento de la vida respecto a las dinámicas del mercado y de las instituciones y, al mismo tiempo, podría ayudar a ensayar formas de relación que vayan más allá de la lógica capitalista. Hacia afuera, podría ayudar a mejorar nuestra capacidad para tejer alianzas y obstaculizar los proyectos de las élites políticas y económicas en sus distintos ámbitos. (5)

 

La circulación

Los bloqueos de carreteras por los piqueteros durante la crisis argentina en 2001, los cortes de ruta en la guerra del Gas en Bolivia en 2003 y la ocupación de las rotondas por los chalecos amarillos en 2018 forman parte de una misma tradición de lucha. La interrupción de las vías de comunicación por las que circulan mercancías y personas es tan antigua como el Capitalismo. Ya en el siglo XVIII, con el auge del comercio marítimo, se bloqueaban los puertos europeos para reivindicar subidas salariales y fijar los precios de las mercancías. La principal forma de lucha de la población explotada y excluida de aquella época consistía en interrumpir la circulación de productos en puertos y mercados. La industrialización convirtió a la fábrica en el espacio donde mas se sentía la explotación y en el que había más posibilidades de organizarse. A medida que la industrialización se extendió, la huelga pasó a ser la forma de protesta más habitual y se ha mantenido así hasta finales del siglo XX. (6)

Una de las manifestaciones de la crisis actual es que a las élites inversoras ya no les basta con producir cada vez más, tratando de reducir al mínimo la fuerza de trabajo, para garantizarse beneficios crecientes. Ahora la producción de mercancías está sometida a las condiciones de su transporte y comercialización. La logística y el mercado han recuperado un nuevo protagonismo en el actual ciclo económico, y eso implica cambios profundos a nivel social. Los sectores económicos ligados al transporte y al comercio se han colocado en el centro de la economía, sobre todo en nuestro entorno cercano. Además, la nueva estructura económica deja fuera del mercado laboral a un sector grande de población que, sin salario, se enfrenta a precios inflados por los intermediarios y la especulación.

Los bloqueos de vías de comunicación son una de las formas de lucha que ha ido tomando protagonismo en los últimos tiempos, pero no la única. La ocupación de tierras o edificios también interrumpe la circulación de mercancías. Las protestas en los centros de las ciudades (centros sobre todo comerciales), las expropiaciones y los saqueos forman parte también de esta tradición de lucha, que busca intervenir aunque sea fugazmente en el mercado.

 

La política autoritaria

La crisis de la política institucional avanza de forma paralela a la del Capital. En épocas de crisis económica la gestión estatal se ajusta al milímetro a las necesidades de las élites capitalistas. El carácter autoritario del Capital se expresa abiertamente en las estructuras estatales y en la política, sea en su forma mandona o condescendiente. Si la competencia entre países por los recursos naturales se ha vuelto más agresiva y la competencia entre empresas por controlar el mercado es cada vez más salvaje, también la competencia entre las fuerzas políticas por captar seguidores se ha hecho feroz. El sometimiento de los gestores políticos a los intereses empresariales los convierte en un producto con poco gancho, de ahí que se puedan ver operaciones similares a las de la competencia empresarial pero en el campo de la política, por un puñado de seguidores.

La reñida competición entre organizaciones políticas suele ocultar las similitudes que comparten con el proyecto capitalista y de las élites. También deja en un segundo plano el hecho de que para conseguir sus objetivos, muchas no dudan en instrumentalizar a determinados sectores de la población, a los que abandonan cuando ya no les son útiles. A nivel interno, la mejor manera de oponerse a esta ola autoritaria es fortalecer la horizontalidad de nuestras organizaciones, fomentar la participación inclusiva en las decisiones estratégicas y mantener las estructuras de coordinación controladas desde la base.

 

Conflictividad horizontal o transformación social

Durante el mandato de Barak Obama, las deportaciones formales de migrantes registraron su máximo histórico (más de dos millones de personas) y la agencia encargada (ICE) tuvo gran protagonismo. Trump llegó al poder de la mano de movimientos abiertamente racistas y su discurso ha fomentado el enfrentamiento racial y la criminalización de los colectivos migrantes. Las redadas masivas de los últimos meses por los agentes de ICE se han encontrado de frente con un movimiento de oposición que ha llevado al gobierno a desplegar a los militares en muchas ciudades. El movimiento anti-ICE es heredero y continuador de las luchas anti-punitivas de las feministas negras, las luchas contra los abusos policiales como la de Black Lives Matter (BLM) o las iniciativas para la desfinanciación de la policía.

Algunas organizaciones políticas y gobernantes, generalmente de derechas pero no solo, fomentan la discriminación contra determinados sectores de la población como los migrantes o las mujeres. Lo hacen para transformar los malestares que genera el modelo de relaciones vigente en un enfrentamiento entre colectivos sociales y construir algún tipo de comunidad política en torno a ese enfrentamiento.

Las luchas contra el Capitalismo racista estadounidense, contra su violencia estructural y física han adoptado distintas formas a lo largo del tiempo. Algunas de ellas han conseguido extenderse rápido como BLM o se han desplegado por el territorio, como la lucha contra las redadas de ICE. Otras, más localizadas, han conseguido ir más allá de lo defensivo para oponerse a la construcción de campos de entrenamiento policial o cuestionando la financiación de la policía. Éstas últimas son especialmente interesantes porque tratan de redefinir el tipo de conflicto. Han ido más allá del marco guerracivilesco en que pretenden encerrarnos estas dinámicas y ponen en cuestión el modelo de dominación y las bases sobre las que éste se asienta.

 

Entrar en una nueva etapa

Atravesar una época de crisis como la actual requiere adaptar nuestras prácticas a un contexto muy cambiante. La nostalgia por el llamado Estado de Bienestar como proyecto político es un delirio de la socialdemocracia que nos impide comprender el potencial transformador de los conflictos actuales. Al margen de las mejoras que se puedan arrancar a las instituciones en algunos momentos, conviene no olvidar la función real que cumple la administración estatal en el modelo capitalista. Especialmente en una situación de crisis, en la que las leyes dependen más que nunca de la relación de fuerzas que se revela en cada conflicto social.

Los malestares sociales giran cada vez más en torno a los medios para el sostenimiento de la vida, por eso convendría poner en el centro del debate qué modelo de vida estamos fomentando. El ideal de la clase media para los nativos cumple la misma función que la promesa de integración para los migrantes: la de domesticar todos aquellos aspectos culturales o de la personalidad que estorban al funcionamiento normal del mercado. En cada uno de esos desajustes hay un potencial para construir comunidades de lucha.

El Capitalismo necesita expandirse de forma permanente, para ello ocupa territorios donde antes no llegaba y también trata de colonizar las almas, nuestros imaginarios. La cultura capitalista, la mentalidad competitiva y los rituales de consumo se integran en nuestras formas de relación y hábitos, desplazando a otras formas de ver y hacer. Este monocultivo cultural a largo plazo genera insatisfacción, nuevos malestares y desesperación. Construir espacios y situaciones donde se pueda recuperar el contacto con la vida es una necesidad para la salud colectiva. Lo colectivo y las relaciones que se generan en el contexto de una lucha, son oportunidades para volver a poner en práctica otras formas de ver el mundo. Esas otras perspectivas y hábitos son útiles para vivir más dignamente hoy, pero también apuntan posibilidades de transformación social, porque traen a primer plano las tendencias hacia la emancipación que siempre han estado ahí, aunque su potencial se encuentre en estado latente.

David Fuster

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NOTAS:

(1) Ruptura del consenso socialdemócrata y crisis del modelo de Estado – Pablo Font Oporto

(2) La dictadura – Carl Schmitt

(3) La sociedad implosiva – Corsino Vela

(4) La opción por la guerra civil – VV.AA.

(5) Forma comunal y forma liberal de la política – Raquel Gutiérrez

(6) Disturbio, huelga, disturbio – Joshua Clover[related_posts_by_tax posts_per_page="4"]

 

Extraído de EKINTZA ZUZENA #52 : https://www.nodo50.org/ekintza/




 

 

[PI] Revolución y contrarrevolución en la región española – años treinta

 
 
Presentación

La primera parte de este trabajo se publicó inicialmente en español en la revista «Comunismo #66» del Grupo Comunista Internacionalista (GCI) en febrero de 2017. Aunque el equipo que elaboró este material preparó su continuación en los siguientes números de dicha revista, una serie de circunstancias y rupturas posteriores interrumpieron el calendario previsto. Más de cinco años después, buena parte de los militantes que integraban el equipo decidieron retomar esta importante tarea, al considerar que supone una contribución cualitativa al balance que nuestra clase ha elaborado sobre este extraordinario episodio histórico. Esta segunda parte fue publicada por Proletarios Internacionalistas en la revista Revolución #2 en septiembre de 2023.

 Algunos compañeros se preguntan qué utilidad puede tener este material en la actualidad: un balance de un proceso que tuvo lugar hace casi un siglo y sobre el que se ha escrito hasta la saciedad. ¿No se ha dicho ya todo lo importante desde el punto de vista del proletariado revolucionario? ¿No hay cuestiones y problemas actuales mucho más importantes que requieren nuestros esfuerzos y que tendrán mayor
repercusión, o al menos serán mejor acogidos en nuestra comunidad de lucha, en comparación con este «mammut» sobre la lucha en España en los años treinta? No negamos que existan cuestiones actuales de gran relevancia que se están abordando hoy en día en el seno de las minorías revolucionarias y otros sectores de nuestra clase. No somos ajenos a ellas y participamos en ellas a distintos niveles.

¿No sigue teniendo el antifascismo una fuerza hegemónica en todas partes, adquiriendo un nuevo vigor y reforzando la democracia, el politicismo, la polarización entre la izquierda y la derecha, e incluso
reclutando a los proletarios para tal o cual guerra? ¿No es el gestionismo una de las vías por excelencia frente a la crisis de la valorización del capital? El Estado de Rojava, la guerra entre Ucrania y Rusia, el recurso constante al «mal menor», el fantasma del fascismo, el posibilismo, la defensa de la toma de los centros de producción por parte de los trabajadores como objetivo, el antiautoritarismo como monopolio del poder en manos del Estado… El análisis que aquí se presenta no hace más que profundizar en la crítica a estas ideologías y a otras que siguen siendo hoy en día un pilar del orden social. Su relevancia e importancia son irrefutables.

Ciertamente, la crítica revolucionaria ya ha analizado estas fuerzas del enemigo a lo largo de estas nueve décadas. Pero se trata de continuar esta tarea yendo más allá, de contribuir a dotar a la crítica histórica del proletariado de un contenido más profundo y concreto. En este sentido, no podemos permitir que estos materiales sigan circulando y siendo debatidos exclusivamente «a nivel interno» entre unos pocos compañeros y grupos.

Más allá de la explicación de nuestra metodología de análisis, la presente contribución expone lo que para nosotros constituye el ABC de la revolución y la contrarrevolución en la España de los años treinta, acompañado de un breve resumen crítico del desarrollo de la lucha de clases en ese periodo, en el que se destaca la fuerza del proletariado, su asociacionismo y sus intentos insurreccionales. Al mismo tiempo, hemos intentado mostrar cómo este proceso rico y complejo del auge de la
revolución discurrió en paralelo a la constitución y el afianzamiento de su contrario: la contrarrevolución. De hecho, hemos mostrado cómo, mientras el proletariado cuestionaba y atacaba el orden social en su conjunto, intentando imponer sus necesidades mediante su fuerza colectiva y tratando de dar un salto cualitativo a través de intentos insurreccionales, la contrarrevolución adoptaba formas alternativas para neutralizar y fagocitar esa fuerza que amenazaba su existencia: la república, los partidos de izquierda, las «alianzas obreras»… hasta que encontró en el Frente Popular y el antifascismo la fórmula sobre la que la contrarrevolución se estructuró y se impuso.

Con esta aportación, consideramos que hemos dado un paso adelante en el análisis de los fundamentos de la contrarrevolución en la cuestión española. Huelga decir que animamos a los compañeros a que nos envíen cualquier crítica a este balance, así como cualquier información poco conocida relacionada con este formidable episodio de nuestra lucha de clases.

Grupo Guerra de Clases

Julio 2026
 


 
 
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Publicada la biografía de Valeriano Orobón Fernández

La obra de José Luis Gutiérrez Molina, que cuenta la vida del intelectual vallisoletano, acaba de ser editada



La biografía del escritor y traductor Valeriano Orobón Fernández acaba de ver la luz. La editorial El Fuego de Prometeo acaba de publicar el libro del historiador José Luis Gutiérrez Molina, con prólogo del profesor y divulgador Carlos Coca Durán. 

El título de esta obra biográfica es Valeriano Orobón Fernández: anarcosindicalismo y revolución en Europa, que logra rescatar la figura de este intelectual casi olvidado, adalid de las luchas obreras y de un pasado cultural glorioso que llevó hacia la utopía de la solidaridad y el apoyo mutuo libertario. Y es que, como se indica en su prólogo, debería siempre estar presente entre todas las personas que desean un mundo mejor. Culto, altruista, políglota, autodidacta, teórico libertario y militante ácrata convencido.
 

Un municipio cercano a Valladolid, La Cistérniga, fue el lugar donde dio sus primeros pasos, pero continuó pronto su camino y conoció la Europa revolucionaria de la época. Madrid, París, Ámsterdam, Viena, Londres o Berlín fueron otras imprescindibles paradas en su deambular vital. Seguramente, su inesperada y precoz muerte le privaron de contribuir con sus esfuerzos en una etapa primordial de la lucha revolucionaria. Las hojas de este estudio, recién editado por la El Fuego de Prometeo, nos llevan a un universo inimaginable para la ciudadanía de nuestros días del siglo XXI: la Edad de Plata de la cultura y las movilizaciones obreras españolas. Orobón perteneció a esa generación irrepetible donde los principios anarquistas gozaron de tanto prestigio.  Gutiérrez Molina nos regala a todos las inquietudes y vivencias de uno de los máximos exponentes del anarcosindicalismo. Y la editorial El Fuego de Prometeo hace posible la reedición de un libro imprescindible, con una cuidada edición que incluye numerosas fotografías y gráficos. 

Valeriano Orobón Fernández: anarcosindicalismo y revolución en Europa (José Luis Gutiérrez Molina). Edición de El Fuego de Prometeo, Valladolid – Núremberg, 314 páginas, 2026. ISBN: 9783912317008

 

 

La Libre Se Queda 

 

A finales de año, La Libre cumplirá un cuarto de siglo
¡25 años de librería y centro social autogestionado!
 
 25 años siendo nido: un lugar donde encender, acuerpar y organizar resistencias en Santander, una ciudad donde estos espacios son escandalosamente escasos.

Pero este aniversario llega “por los pelos”. Los cambios en el barrio han llamado a nuestra puerta: el local que nos acoge salió a la venta de repente.

En una ciudad donde los locales de toda la vida desaparecen para convertirse en negocios impersonales o alojamientos turísticos, mudarnos no es una opción. Pero desaparecer, tampoco. Por eso hemos tomado una decisión importante: vamos a comprar el local para que La Libre sea, para siempre, un espacio donde seguir tejiendo comunidad. Un lugar donde, si no lo has hecho ya, puedas entrar una tarde cualquiera: a leer, a escuchar una charla, a encontrarte con otras personas o simplemente a estar.

La meta: 100.000€

Sí, da vértigo.

El importe total ronda los 140.000€ (135.000 del local y 5.000 de otros gastos). Gracias a la generosidad de 3 personas que adelantaron el dinero de sus ahorros, hemos podido firmar el contrato y frenar la venta a terceros. Hemos recogido algunas donaciones directas, ¡un montón de dinero en muy pocos días! Y ya "sólo" necesitamos devolver 100.000€.

Es una cifra alta, pero confiamos en la capacidad de lo colectivo para sostener lo que importa. Este crowdfunding es un empujón imprescindible para la vida de La Libre. Te necesitamos.

Es una cifra grande, sí. Y aun así, sabemos que lo que no se resuelve en un solo gesto, se sigue tejiendo entre muchas. Si no llegamos, buscaremos otras formas de hacerlo posible. Pero ahora mismo, esta es la vía en la que se necesita toda la fuerza reunida. Te necesitamos para empujar mucho mucho, ahora, juntes.

Esto no va de ladrillos ni de propiedades. Va de cuidar un espacio común, de asegurar su existencia, de proteger este rincón de la ciudad que nos recuerda que otras realidades son posibles, que nos recoge, que nos hace sentir menos solas, que prende la mecha de lo colectivo.

Cada euro cuenta: reduce la deuda, protege La Libre. Todo lo recaudado se destinará íntegramente a la compra, hasta hacerlo realidad:
 que La Libre se quede.

 

25 AÑOS DE COMUNIDAD Y COHERENCIA

Más que una librería: somos casa de varios colectivos cántabros, espacio de creación de pancartas, de encuentros, de ideas que toman forma. Un centro social autogestionado con cientos de actividades donde nunca ha mediado el dinero. Donde conviven una radio libre, un taller de serigrafía, una tienda gratis, una biblioteca colectiva... e incluso ahora ¡una oficina de asesoría legal! La libre es todo lo que la comunidad necesita que sea. Y también algo más difícil de medir: conversaciones que abren preguntas, vínculos que se sostienen en el tiempo, afinidades que se descubren.

Sin salarios ni subvenciones: nos sostenemos desde la implicación y el compromiso. Nos organizamos en asamblea y nos debemos a quienes hacen posible este espacio. Todo el mundo que trabaja en la libre lo hace gratis, por amor al arte, por amor a la gente y por militancia.

Frente a la lógica consumista: no competimos en velocidad ni en descuentos. Ofrecemos algo más lento y más humano: pensamiento crítico, conversación, libros que merecen tiempo.

 

NECESITAMOS TU APOYO

Necesitamos devolver el dinero adelantado lo antes posible. Recordemos: 3 personas han puesto sus ahorros. Por eso lanzamos este crowdfunding, activo hasta el 20 de junio. Iremos compartiendo la evolución con transparencia.

Gracias por leer, por interesarte, por estar cerca. Te damos mil y una gracias.

Gracias por tu donación: cada gesto cuenta y hace posible que esto siga en pie.Gracias y mil gracias.

Puedes apoyar donando, pero también difundiendo, compartiendo o hablando de La Libre con tus amigues, la vecina, el cuñao... ¡con quien sea! Un gracias por cada una de tus palabras bonitas.

Las cosas importantes se sostienen así: poco a poco, entre muchas. Gracias.

Y ojalá, dentro de poco, podamos decir juntas:
 ¡La Libre se queda!

...

 

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 ¡La libre se queda!

 

MÁS INFO: https://www.migranodearena.org/reto/la-libre-se-queda



 

 N º 7 - PRIMAVERA 2026

Sumario

 - CONTRA LA GUERRA, ¡LUCHA DE CLASES A AMBOS LADOS DE LA LÍNEA DEL FRENTE!
 - INDIA: ¡BIENVENIDA DE NUEVO, HUELGA DE MASAS!
 - ENTREVISTA A BOMBEROS FORESTALES DE MADRID
 - LISTAS NEGRAS: OTRA CARA DE LA REPRESIÓN
 - EL PROGRESISTA TRILE DE LOS SALARIOS
 - HUELGA INDEFINIDA EN EL 061: LOS GESTORES DE EMERGENCIAS DE CATALUÑA SE PLANTAN
 - VALORACIÓN DEL CONFLICTO LABORAL EN SAETA DIE CASTING (VALLADOLID)
 - EL MOVIMIENTO OBRERO EN IRÁN


LEER COMPLETO:  https://lahuelga.info/numero/7

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VALORACIÓN DEL CONFLICTO LABORAL EN SAETA DIE CASTING (VALLADOLID)

 

En Saeta Die Casting, empresa dedicada a la fundición de piezas de aluminio a presión, tras varias jornadas de paros parciales los trabajadores convocaron huelga indefinida a finales de mayo de 2025 para conseguir el reconocimiento del trabajo penoso, con su correspondiente plus económico, protocolos y medidas en materia de seguridad y salud laboral, y medidas que evitasen el acoso laboral sistemático. Todas estas cuestiones responsables de numerosas bajas físicas y psicológicas entre los obreros.

El comité de empresa lo forman cuatro delegados de CGT, cuatro de UGT (tres de oficinas) y uno de CCOO. La huelga tuvo un seguimiento casi total por parte de los trabajadores de la planta de producción, no así de los trabajadores y representantes de la parte de oficinas, quienes criticaban activamente la huelga.

El conflicto tuvo muchos apoyos por parte de diferentes colectivos y organizaciones obreras de la ciudad y en general. Se realizaron diversas concentraciones y manifestaciones mientras en la empresa intentaban provocar el fin de la huelga con esquirolaje y la presión de los jefecillos de planta.

Desde el principio de la huelga, CGT impulsó la creación de una caja de resistencia, caja que cubriría a todos los huelguistas independientemente de su afiliación.

A finales de julio la empresa lanza su oferta de negociación y los huelguistas lo aceptan desconvocando la huelga. En el acuerdo se reconocía la penosidad en el trabajo, que no habría represalias por el conflicto e incluso una compensación salarial para las personas que hicieron la huelga. Todo apunta a que la lucha cumplió parte de sus objetivos y los sindicatos así lo valoraron, como lo que parecía, un «triunfo» de la lucha obrera.

La sorpresa vino cuando, a primeros de diciembre de 2025, la empresa despide a diez trabajadores con el argumento de una bajada en la carga de trabajo. Los trabajadores despedidos son los diez nombres que siguen a los delegados de CGT en las listas de afiliación. Alguno de ellos habiendo trabajado en la empresa desde hace bastantes años. Esto es una venganza. Esto es represión laboral hacia los huelguistas y hacia la sección de CGT en Saeta, saltándose a la torera el acuerdo que se firmó para finalizar la huelga, en el que se aseguraba que no habría represalias por parte de la empresa.

A partir de aquí, comienza otra oleada de movilización, exigiendo la readmisión de los diez compañeros. El apoyo de la plantilla siguió siendo mayoritario. Hasta que, en enero, la CGT comunica que se ha llegado a un acuerdo, consiguiendo el despido improcedente con su correspondiente indemnización.

Siendo realistas, pocos estaban dispuestos a volver a trabajar en esas condiciones, pero la lucha debía continuar hasta conseguir los objetivos marcados. Al final, se han pactado los despidos con el acuerdo de los afectados.

La CGT presenta el acuerdo públicamente como una victoria porque los trabajadores afectados están satisfechos con la resolución. Lo cual está bien y es cierto. Pero no traslada una autocrítica a la clase de manera abierta y constructiva (lo que no quiere decir que no se haya hecho a nivel interno) o una valoración completa del conflicto como ejemplo para otras (futuras) luchas de la clase trabajadora. Como son, a nuestro juicio, los siguientes:

  1. La empresa puede romper sus pactos de manera impune. No confíes en ellos.
  2. A través del chantaje monetario, la empresa intenta comprar o sobornar a los luchadores para acabar con el conflicto. A ellos les sobra el dinero, a nosotros no.
  3. La empresa ha despedido a 10 trabajadores por hacer huelga, y no han sido remplazados. Como clase, hemos perdido 10 puestos de trabajo y hemos permitido la existencia de una lista negra contra todos ellos.
  4. Mala prensa para las secciones combativas de CGT y otros sindicatos, pero sobre todo, para aquellos trabajadores que quieren levantar la cabeza. Aumento de la represión sindical y laboral a las organizaciones y a los trabajadores más combativos.
  5. A través de la lucha de nuestra clase se ha conseguido el reconocimiento de la penosidad y el plus correspondiente. La lucha es el único camino.
  6. Queda demostrada la eficacia de la caja de resistencia como soporte de la huelga. Más aún por ser solidaria con todos los huelguistas. Apostemos por que este tipo de cajas coyunturales trasciendan las luchas en que son generadas y, una vez finalizadas las mismas, se conviertan en permanentes y solidarias entre sí y con otros conflictos laborales, sociales y/o políticos.

Valladolid, a 13 de abril de 2026.


 

NI FRONTERAS NI BANDERAS zine

https://www.nifronterasnibanderas.org/



 *OUT NOW!!*  *NI FRONTERAS

NI BANDERAS ´zine #25*
 36 páginas

 Entrevistas a:

• *THE SYSTEM (U.K.)*
• *MOLOTOV COCKTAIL (U.S.A./Rumanía)*
• *DISAFFECT (U.K.)*
• *DEPOPULATION DEPARTMENT (Madrid)*

 Artículo central:
“ *EL MIEDO SOCIAL: TAN LOC=S COMO INFERNALES* ”

 _Reseñas, artículos socio-políticos, secciones habituales y mucha CONTRAINFORMACIÓN._

 *¡APOYA EL D.I.Y.!* 

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EL PROLETARIO Nº 38 -  Abril de 2026 -  pdf  

 

●  Ucrania. ¡La guerra de expolio es la forma imperialista de repartirse el mundo!

●  Cómo intentar borrar de la historia a un pueblo: por ejemplo, el pueblo palestino

●  Del populismo al estalinismo, la «izquierda» en el Gobierno cumple su papel

●  El movimiento proletario latinoamericano, eslabón inseparable del movimiento proletario internacional

●  Minnesota : sobre la «huelga general» que no fue…

●  Lucha de clases y «ofensivas patronales»

●  ¡ Abajo el ataque imperialista contra Irán ! ¡ Guerra de clase contra el imperialismo y el capitalismo !

●  Desde el mundo del trabajo… 17 de marzo, huelga general en el País Vasco y Navarra : Lucha de clase frente a todo tipo de nacionalismo, localismo o corporativismo

 

 

DESCARGAR EL NÚMERO COMPLETO: https://www.pcint.org/40_pdf/05_Elprol-pdf/El-proletario_038-w.pdf

  

N º 6 - INVIERNO 2026

 
Sumario:

  * ¿Defender los servicios públicos o nuestros intereses de clase?
  * 16 trabajadores del metal detenidos en Puertollano
  * Desalojo de 400 personas en Badalona
  * Una clase luchando en todo el mundo
  * Breve análisis de la estructura productiva agrícola del Carracillo (Segovia) en torno a los frutos rojos
  * Bomberos forestales en Castilla y León
  * GEACAM S.A., ejemplo de nada
  * Mercadona y su sistema de bajas
  * Contra la penosidad y la toxicidad en el trabajo: el caso de Vestas
  * Canción obrera 
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¿DEFENDER LOS SERVICIOS PÚBLICOS O NUESTROS INTERESES DE CLASE?

No es ninguna novedad, ni supondrá ninguna sorpresa para nadie, decir que el Estado del bienestar se está resquebrajando y desapareciendo ante nuestros ojos. El conjunto de servicios mediante los cuales la burguesía –a través de su Estado– intentaba mantener la mano de obra a punto para su explotación, a la par que amortiguaban y suavizaban la miseria más severa para prevenir los conflictos de clase, están viéndose degradados paulatinamente. Esto es cierto particularmente en cuanto a la sanidad, pero también en la educación y otros (transporte, recogida de basuras, agua potable, alcantarillado, etc.).

Si en el caso de la vivienda el Estado español lleva desentendiéndose décadas (a pesar de la palabrería política y constitucional), cargando sobre los salarios el peso de unos alquileres e hipotecas cada vez más imposibles, el estandarte de lo público en España está hecho jirones: atención primaria en estado calamitoso, listas de espera interminables, urgencias colapsadas... Esto lo pagan con su salud millones de trabajadores que no pueden permitirse el lujo de pagar la sanidad privada.

Ante esta situación, surgen movimientos en defensa de «lo público», de los «servicios públicos», frecuentemente capitaneados por los partidos de izquierda. Aunque podamos entender estos movimientos como una defensa del salario indirecto de los trabajadores, a poco que rasquemos se hace evidente que se trata más bien de una defensa política –y en muchos momentos electoral– de una particular forma de gestión estatal.

Desde La Huelga pensamos que lo fundamental aquí no es tanto defender los servicios públicos como defender, en sí, los servicios. Esto es: forzar a quienes se benefician de la explotación del trabajo asalariado a sufragar estos servicios al conjunto de la clase explotada (con independencia de si está trabajando o en paro, desde la cuna al cementerio). La lucha por el salario indirecto encuentra aquí su camino de clase, directo y sin rodeos, sin atender a cuestiones como la universalidad (los llamados «derechos universales», para todos los ciudadanos, sea cual sea la clase a la que pertenezcan: sanidad pública para millonarios o bono cultural para jóvenes burgueses, por poner dos ejemplos), que nos son del todo ajenas.

Así, nos parece menos interesante defender la sanidad pública que defender la sanidad para todos los trabajadores (incluyendo aspectos, como la salud dental u ocular, excluidos de la sanidad «pública»), con independencia de quién pague a quién. Al fin de cuentas sabemos que somos nosotros, la clase explotada, quienes todo producimos y quienes pagamos todo, con la plusvalía que sale de nuestro trabajo o con nuestros impuestos (pues la parte que aporta la burguesía nos ha sido previamente arrebatada a los trabajadores a través de la explotación laboral).

En otras palabras: antes que enredarnos en la defensa de modelos de gestión concretos que sujetan nuestras luchas a los intereses políticos y electorales de otros, consideramos básico, central y elemental defender nuestros propios intereses de clase desde nuestras propias posiciones, nuestros propios métodos –empezando por la huelga, pero no solo– y contando únicamente con nuestras propias fuerzas.

El derecho es la fuerza

Esta es una máxima fundamental que los trabajadores debemos meternos bien en la cabeza. Los derechos de los que disfruta la clase obrera, nuestras condiciones de vida, no dependen de ninguna ley escrita, ningún decreto-ley del gobierno, ningún convenio colectivo o derecho reconocido por la Constitución o el papa de Roma. Esto lo sabemos perfectamente los obreros, además, pues cotidianamente somos testigos en los centros de trabajo de cómo los empresarios se pasan su ley por el forro, saltándose a menudo el propio convenio que han firmado, racaneándonos unos euros del salario, cambiándonos los horarios cuando les conviene, contratando esquiroles cuando hacemos huelga, etc.

En el terreno de la diplomacia y las relaciones internacionales, el derecho de una nación a disponer de los recursos de otra depende de los portaaviones, cañones y tanques que sea capaz de desplegar en el campo de batalla (Trump lo está dejando bien claro últimamente). En el terreno de la lucha de clases sucede lo mismo, nuestros derechos dependen de nuestra fuerza como clase. Pero aquí el único arma con la que contamos es nuestra organización, unidad en la acción e intransigencia en la defensa de nuestros intereses de clase. Tenemos a favor el número (somos más) y nuestra función en la sociedad (somos los que producimos, los que ponen en marcha el mundo), pero sin organización obrera y sin una perspectiva de clase nuestros derechos, en el mundo capitalista actual, tienden irremediablemente a cero.

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LA HUELGA Nº 6: https://lahuelga.info/numero/6

<https://lahuelga.info/home>  <mailto:boletinlahuelga@proton.me>


SOLIDARIDAD DE CLASE nº 19

Primavera 2025. Revista de la coordinadora de cajas de resistencia y comités de solidaridad.




[fragmento de EL EDITORIAL]

  Cuando no hace mucho desde el Comité de Solidaridad advertíamos de que el Imperialismo estaba gestando su nueva "revolución" capitalista y un nuevo orden social a escala mundial nos trataban de visionarios y de estar fuera de la realidad.
Cuando decíamos que este imperialismo belicista desarrollado en países alejados de nuestro continente
europeo nos alcanzaría y nos tocaría sufrir sus consecuencias, nadie lo creía. Su escepticismo no les dejaba ver más allá de sus narices y a muchos de quienes lo comprendían, su cobardía misma les impedía adoptar las alternativas necesarias de lucha de clase obrera para evitar que fuera esta la pagana de todas las tropelías que de ello se derivan, y alegaban que los europeos nunca nos dejaríamos arrastrar a estas situaciones ni económicas ni bélicas, pues esto era cosa de países poco desarrollados e incultos. Hoy ya es notorio que la clase obrera es la que sufre y sufrirá las consecuencias de tales hechos, pero aún así se constata una indiferencia que hemos de vencer:
Es por tanto de vital importancia que la clase trabajadora utilicemos las herramientas para forjar esa unidad obrera y el apoyo mutuo que nos permita estar preparados para afrontar y vencer a la tormenta que se nos acerca una vez más.
 

LLAMAMIENTO
Una herramienta imprescindible para conseguir la unidad y el apoyo mutuo entre la clase obrera son las Cajas de Resistencia y Comités de Solidaridad de los Trabajadores que con su larga experiencia y su actividad permanente tienen demostrada su efectividad. Por ello consideramos necesaria la creación de más cajas solidarias y antirrepresivas, el fortalecimiento de las ya existentes y la colaboración con la coordinadora de estas, constituida como red de ámbito nacional.
- Para afrontar la lucha obrera de base: Cajas de Resistencia, Solidaridad de clase y para nuestra clase.
- Contra la explotación y la represión: Solidaridad, resistencia y unión.
- Contra la actividad de los sindicatos vendidos: la actividad y la lucha de los obreros unidos.
- Contra el capitalismo explotador: la unidad y la lucha del trabajador
".



Solidaridad de Clase 19 by Valladolor




Entrevista de Colectiva Tierra y Territorio a compañera anarquista, familiar de preso político subversivo en $hile. 



Quien Se Olvida de Los Presos by Valladolor

 

 

RESPONSABILIZARSE DE LA JUSTICIA

Gestión de violencias patriarcales en el CSO La Cinètika


En nuestros espacios ocurren violencias de toda índole según el contexto, leves y graves. La necesidad por abordarlas desde un posicionamiento anti-punitivista alejado de la judicatura burguesa implica la responsabilización del propio espacio donde ocurre y de quienes participan en el. Atajando el problema, el CSO La Cinètika ha creado en su seno una organización regulada por normas que establece un orden racional para prevenir y abordar casos de violencia a través de la Justicia Transformativa. La guía que desarrollan ha llevado a numerosos éxitos y nuevos retos, considerando la experiencia global como muy positiva. Nos invitan a extender la metodología a nuevas realidades con guías adaptadas a otros espacios.


Materiales:


 

La charla en Valladolid

El primer mes de 2026 nos ha sorprendido gratamente con una charla en la Librería-Cafetería Akelarre de Valladolid. El objetivo de dos compañeras fue explicar la larga experiencia por parte de la comunidad del CSOA La Cinètika en la aplicación de una guía para prevenir y actuar frente a violencias patriarcales. Larga experiencia porque son ocho de los diez años de existencia de la Cinètika, radicada en el barrio de San Andreu (Barcelona), en los que esta guía está activa y aplica las decisiones planteadas en la Comisión de Género, órgano encargado del seguimiento de los casos. Fueron dos años de intensos debates hasta poder ofrecer una primera edición, y la actualizan en el tiempo con matices derivados de nuevos aprendizajes. Muy pronto saldrá una versión actualizada.

Para ubicarnos, las compañeras están siguiendo la metodología desarrollada como Justicia Transformativa, diferenciada en gran medida de la judicatura burguesa española. Por extensión, aquí solo destacaremos dos puntos fundamentales comentados durante la charla:

  • La sustitución de los roles “victima” y “agresor” por tres sujetos: “persona que recibe la violencia”, “persona que ejerce la violencia”, y “comunidad” (personas que participan en el espacio). Abolida la pena de muerte, el objetivo es eliminar el comportamiento violento en la persona que la ejerce para que, a ser posible, vuelva a ser apta para la convivencia (responsabilización y transformación). Por otra parte, abordar el daño sufrido por quien recibe la violencia (reparación). Finalmente, la comunidad tiene responsabilidad apoyando a la comisión de género en las medidas que recomiende.

  • Grupos de acompañamiento. El grupo a la persona que ha recibido la violencia se responsabiliza de ofrecer apoyo personal, emocional, y/o social a parte de compartir materiales teórico-prácticos de reflexión y formación feminista en torno a las violencias patriarcales. Además, dependiendo de la situación, se pondrá a disposición información sobre recursos de tipo psicológico/sanitario/legal (institucionales). Por otra parte, el grupo de la persona que ha ejercido la violencia se responsabiliza de un proceso de cuestionamiento y responsabilización de las violencias ejercidas. Si la persona se identifica como hombre cis, se ofrece la posibilidad de integrarse en un grupo de masculinidades y la opción de comenzar un trabajo personal terapéutico mediante el cual se pueda trabajar con profesionales.

La prevención siempre ha sido preferida de quien estudia teoría de fallos. Ya sea en la ingeniería, la historia o la justicia, es conveniente estudiar las causas del porqué se generaron casos de violencia en el pasado e implementar medidas para que ocurran lo menos posible en el futuro. Por eso, la comisión de género ha propuesto numerosas formaciones sobre transfeminismo y cultura del respeto. De forma inteligente, las han adaptado al nivel y contexto concretos de los colectivos que forman la comunidad del espacio. Un contexto de bandas de música puede generar unas violencias, y un grupo de boxeo o escritura de poemas, otras. ¡Bravo, gran trabajo comunicativo!

Llama la atención los casos sucedidos en el seno de dicha comunidad. El rango ha sido amplio, siendo capaces de mantener el seguimiento y reparar el daño sufrido casos de violencias graves. Ante cualquier caso, se inicia un proceso que puede durar años, y que se esquematiza en una acogida, una valoración, una actuación, y un cierre. Sobre el riesgo de la burocracia, aseguran “no ha sido una decisión expresa sino por la evolución natural del espacio, la cantidad de gente que lo habita y la necesidad de dar una respuesta formal". Al fin y al cabo ciertos tramites y papeleos son necesarios. Han implementado dos medidas para evitar lo nocivo de la burocracia, el poder. Primero, realizan una rotación cada ciertos años para evitar que existan personas imprescindibles. Segundo debates en torno a que estructura refuerza la horizontalidad y evita esos roles personalistas.


 

Nuestra reflexión

Aquí hemos aportado breves notas sobre la guía y la experiencia de La Cinètika. Animamos a leer detenidamente el contenido de la guía, verdadera protagonista de un colectivo que mira hacia delante siendo consciente en el contexto que vive. Una guía que sirve para un tipo de espacio concreto, a saber: centro social, con muchas actividades dadas sus grandes dimensiones (son unos antiguos cines), con prohibición de drogas como el alcohol, en la sociedad barcelonesa contemporánea, etc. Así, el valor de la guía para otros espacios radica en su validez contrastada con casos reales y el necesario ejercicio autónomo por adaptarla al espacio que interese. Anímense, comunidades, al estudio e implementación de la justicia transformativa.

La formalidad no está exenta de críticas, sin embargo establecer relaciones y procedimientos en torno a una problemática común implica seriedad. Permite establecer un marco de principios, normas, Derecho a fin y al cabo, que pueden revisarse en democracia directa para adaptarse mejor a las situaciones variopintas que ocurren en la vida en sociedad. Dinámicas y efectos muy divergentes, con objetivos y propósitos bien distintos. Reflexionemos para re-apropiarnos de la justicia en nuestros espacios, dando un golpe al Estado a través de la implementación de procedimientos con seriedad.

El desarrollo del Derecho lleva más tiempo en las mentes de los racionalistas que en la judicatura burguesa. Pretender descartar todo su potencial por el mero hecho de ser usado como arma del Estado es un argumento carente de profundidad teórica y compromiso con el estudio. Desarrollando, como hemos visto en el caso de la Cinètika, un Derecho y una burocracia para una Justicia tal como defendemos desde los posicionamientos libertarios supone un incremento enorme en el compromiso para con la comunidad en su espacio, y un claro refuerzo a movimientos contra la cárcel de corte anti-punitivista.


Aprendiendo de la charla, miramos futuro, animando a la gente a:

  • Estudiar la viabilidad de una guía adaptada a espacios de nuestro alcance.

  • Revisión de la historia para encontrar, si las hay, experiencias pasadas en el anarquismo.




Por el combate en el ámbito laboral

SOLIDARIOS DE LA SANIDAD PÚBLICA

De la memoria reciente de la lucha de clases

Valladolor no admite comentarios
La apariencia como forma de lucha es un cancer
El debate esta en la calle, la lucha cara a cara
Usandolo mal internet nos mata y encarcela.
Piensa, actua y rebelate
en las aceras esta el campo
de batalla.

si no nos vemos
valladolorenlacalle@gmail.com

















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difunde y practica

La crítica no arranca de las cadenas las flores imaginarias para que el hombre soporte las sombrías y escuetas cadenas, sino para que se las sacuda y puedan brotar las flores vivas. La crítica de la religión desengaña al hombre para que piense, para que actúe y organice su realidad como un hombre desengañado y que ha entrado en razón, para que gire en torno a si mismo y a su sol real. La religión es solamente el sol ilusorio que gira en torno al hombre mientras éste no gira en torno así mismo. (...)
Es cierto que el arma de la crítica no puede sustituir a la crítica de las armas, que el poder material tiene que derrocarse por medio del poder material, pero también la teoría se convierte en poder material tan pronto como se apodera de las masas. Y la teoría es capaz de apoderarse de las masas cuando argumenta y demuestra ad hominem , y argumenta y demuestra ad hominem cuando se hace radical. Ser radical es atacar el problema por la raíz. Y la raíz, para el hombre, es el hombre mismo. [K. Marx]