2º Congreso de la Tercera Internacional, 1920

Publicado por valladolor sábado, 16 de julio de 2011 , ,





CONDICIONES PARA LA ADMISIÓN A LA INTERNACIONAL COMUNISTA
TESIS SOBRE EL PARLAMENTARISMO
PRESENTADAS POR LA FRACCIÓN COMUNISTA ABSTENCIONISTA DEL PARTIDO SOCIALISTA
ITALIANO




LA TÉCNICA: DE LA OBEDIENCIA AL CAPITAL AL PLAN SOCIALISTA DE ESPECIE
(Serie de informes expuestos en las reuniones del partido en Nápoles, Turín,
Florencia y Génova, desde mayo de 2000 a enero de 2002)


FUERZAS Y FORMAS DE LA PRODUCCIÓN
Los fenómenos de la evolución técnica, que se desarrolla ante nuestros ojos,
podrán ser dominados y comprendidos solamente tras el triunfo de la revolución
proletaria.
La actitud burguesa en relación a la técnica asume hoy connotaciones ambiguas o
extremas: existen corrientes que la combaten, otras que la consideran capaz de
resolver cualquier problema. Y finalmente estamos los comunistas, defendiendo
que no existe una técnica en sí misma, sino que existe un nivel de capacidad de
producir y modos o relaciones de producción, en los cuales las técnicas de
distinto género están organizadas por las clases, en un determinado orden de
subordinación social. Esto es lo que nos caracteriza, y que comporta para los
adversarios una mayor dificultad, ya que no estamos dispuestos a razonar en
términos genéricos o abstractos, de favor o de odio preconcebido en relación a
las máquinas.
A diferencia de todos estamos convencidos de que las fuerzas productivas, en un
cierto grado de su desarrollo, no pueden ser contenidas dentro de las viejas y
angostas relaciones de producción. Cuando la sociedad está preñada,
inevitablemente, en un cierto momento, empiezan a sentirse los dolores del
parto, y una nueva sociedad, fundada sobre nuevas relaciones, empieza a nacer.
Podrá aducirse que el partoha sido y será, históricamente, trabajoso, pero
dominar la técnica moderna será posible sólo por parte de una nueva clase, no de
un nuevo pensamientoburgués o pequeño burgués que no se deje apabullarpor las
máquinas, miedo típico de quien no sabe ver la vía de escape ante la presión del
Capital muerto que fagocita y vive del trabajo vivo.
Representar a la Técnica como al gran Golem invencible, no es otra cosa que la
construcción de un ídoloal cual hay que ofrecerle sacrificios para aplacarle. No
son precisamente esta dinámica y esta dialéctica las capaces de dar una
perspectiva al proletariado y, por ello, a toda la especie humana. La técnica no
es una estructura totalizadora, triunfante e insuperable, como pretenden
hacernos creer. El que finja no ver el nexo existente entre las fuerzas
productivas y las relaciones de producción está condenado a inventarse el Ídolo,
del mismo modo que en los modos de producción pasados, incapaces de ver el fin
del esclavismo antiguo, todo se explicaba con la llegada de un
Salvadormesiánico, esperado y seguido por unos, y ajusticiado por otros.
Una vez aceptada e inmersos en la lectura marxista de la técnica, cualquier
interpretación o descripción contraria resulta inconsistente e incapaz de dar
una explicación a la dinámica interna de la producción material de la vida. La
preocupación de no poder afrontar y controlarlas innovaciones tecnológicas, como
se las define hoy, es el producto de la debilidad objetiva e histórica de la
clase burguesa, antes que de su pensamiento.
El mito moderno, desde Fausto hasta las creaciones más o menos sugestivas de
nuestra menos genial cultura, tienen por objeto la amenaza inherente a cualquier
adelanto técnico: el alambique que podría explotar, el descubrimiento que podría
modificarse acabando con la vida en las formas conocidas, llegando hasta la
catástrofeque puede acompañar a la posibilidad destructiva de la energía. ¿No
son todas éstas, variantes del mito de Prometeo, tan familiar para nosotros?
La clase dominante no puede dominar, incluso a nivel conceptual, la técnica ya
que las fuerzas productivas son el hecho dinámico y sólo relativamente
controlablesfrente a las relaciones de producción, que constituyen la forma que
la realidad material "artificial" asume en la relación social. La magnitud de
las fuerzas productivas constituye el elemento explosivo, que mientras rompe el
cascarón de las formas sociales de producción constituidas, solamente se asienta
mediante procesos revolucionarios, cristalizando en relaciones de producción,
dentro de los cuales el elemento voluntarioestá en grado de ejercer su
influencia y su control. La técnica, como producto de la mano social, puede
escapar a su control: esto es lo que sucede continuamente en la sociedad
capitalista.
¿Qué nos hace creer que el socialismo estará en grado de dar forma y seguridad,
de tal modo que los remedios de la técnica no sean peores que el mal por el cual
se han inventado y puesto en marcha? Lo podemos deducir en negativo, por la
descripción crítica del vigente y desbordante capitalismo.
No existe una técnica por encima de las clases, fruto del ingenio
humanogenérico. Y sin embargo la mentira más difundida parece que hoy más que
nunca hace estragos: la técnica liberará al hombre de sus miserias y
dificultades. Esto tiene su origen en la representaciónque tiende a dar
históricamente la burguesía de la realidad: ocultar sus contradicciones básicas
mediante el mitode la ciencia y de la técnica, evitando desvelar las relaciones
sociales y la propiedad de los medios de producción, haciendo creer que la
sociedad actúa y produce sin divisiones internas.
Allí donde esto ha sucedido, como en la sociedad orgánica primitiva, esto no
encuentra objeción por nuestra parte; pero el hecho de que la sociedad moderna
esté dividida en clases, no es un descubrimiento de Marx, y él mismo lo reconoce
honestamente, y es algo que ni los mismos defensores del Capital, hoy, ignoran.
Simplemente, rechazando las consecuencias lógicas de esta división, niegan que
ésta pueda invalidar todo el aparato, tanto productivo como distributivo. La
técnica y la ciencia tendrían, según ellos, el poder de pasar por alto estas
fracturas, o más bien curarlas como si fuesen un fármaco natural.
El corazón del materialismo histórico, por el contrario, es este: la clase
socialmente dominante somete, plasma y organizalas fuerzas productivas técnicas
con miras a mantener su privilegio; no hay descubrimiento o hallazgo de la
técnica que pueda escapar a esta necesidad. Incluso, a nivel particular, los
centros de investigación, presentados como lugares protegidosde los egoísmos y
de los intereses, y en los que sólo se buscaría la verdadde las cosas, para
después aplicarla en la realización de instrumentos útiles a la humanidad, no
sólo están condicionados, sino determinadospor las fuentes de financiación que
provienen del aparato productivo mayor, del Capital como sistema de vida social
compleja. Esto es tan evidente que no necesita más explicaciones. El análisis
que ha hecho Marx del Capital constituye la representación orgánica y científica
de los procesos a través de los cuales el trabajo asalariado, el capital
variable, es dominado por el capital constanteen todas sus formas, desde el
trabajo en las fábricas, a los laboratorios de investigación más refinados.
El Capital, ávido de beneficio empresarial inmediato, somete fácilmente a la
técnica y a la ciencia ya que, al detentar los medios de producción y la
riqueza, puede corrompera los científicos obligando a sus técnicos asalariados a
hacer su voluntad. Este es un fenómeno odioso y tan evidente a todos, incluso a
muchos de los técnicos y científicos, digámoslo así, honestos de esta sociedad,
que ha llegado a ser vox populiy objeto de repetidas en insistentes denuncias
retóricas, tan hipócritas como impotentes. La empresa que actuase de otra manera
sucumbiría. Pero, por otro lado, la violencia obtusa e interesada del Capital
sobre la actividad y el conocimiento humanos se lleva a cabo por una vía más
profunda, sutil, desconocida e involuntariapor parte de los mismos burgueses, a
través de las taras de su inteligencia de claseque se manifiestan en
supersticiones, prejuicios, insensibilidad y una masa de verdaderos y propios
errores sistemáticos. Un determinado astigmatismo de clasegolpea a los
estudiosos y a sus proyectistas. Esto desde el interior del sistema aislado,
desde el interior de la sociedad capitalista, es difícil de señalar, de igual
manera que sería difícil explicar en un colegio de ciegos que el color azul no
es el verde. Sólo la burguesía revolucionaria, en su época, pudo ver, y
denunciar, los garrafales erroresde la escolástica medieval en astronomía,
medicina, etc., mientras los eruditos estaban convencidos, y aportaban pruebas,
sus mal interpretadas pruebas, de que la Tierra estaba quieta dentro del
Universo.
Veamos otra confirmación de la absurdez del principio democrático: las clases
enemigas no podrán comprenderse ni convencerse nunca.
De aquí deducimos que el comunismo es la salida de la prehistoria humana, y
solamente se hará verdadera Ciencia y crítica de las supersticiones actuales,
peores que las de los antiguos sacerdotes, en una sociedad post-salarial y
post-mercantil y que sólo de esa manera la técnica estará realmente destinada a
la reducción del esfuerzo y de la jornada de trabajo.

La presunta autonomía de la Ciencia
A pesar del indeterminismo tan de moda, la dura ley del trabajo no ha conseguido
aún liberarse, en el régimen capitalista, a la caída tendencial de la tasa de
ganancia. Cada innovación técnica, privada de sus aspectos fenoménicos y de sus
brillantes confecciones, trae consigo el estigma y la condenación de la reacción
esta ley. No hay descubrimiento que pueda escapar a esta ley de gravedad, al
pesado tributo debido a las férreas leyes del mercado. Esto es lo que ha
defendido Marx en toda su obra, fijando insistentemente su atención en la
ciencia, en los descubrimientos de la dialéctica de la naturaleza, desde Darwin
a Morgan. Por nuestra parte no existe ningún indiferentismofrente a las
revolucionesque azotan sin tregua la producción y la reproducción del Capital;
pero recordando una vez más que sólo la revolución proletaria, que es social, es
decir políticay no simplemente técnica, estará en grado de liberar el trabajo de
la condena a la que lo somete el régimen de fábrica.
La sucesión de las revoluciones técnicas, desde la máquina de vapor, que permite
el desarrollo del moderno capitalismo, hasta las últimas de la informática y la
telemática, indican que los mismos sectores de actividad en los que anda
entrometido el Capital, nunca han sido libresni han sido fruto de la casualidad:
cualquier aparente casualismo de los descubrimientos ha sido anticipado y
acompañado de una fuerza más poderosa que cualquier serendipity, la nueva
ilusión que parece animar las esperanzas de los científicos sin principios, o
sea la idea de que le acompañe la fortuna, con el fin de obtener todo cuanto
pueda desear.
Cuando nos hablan del descubrimientodel nuevo mundo por parte de Colón y sus
compañeros, como fruto de la casualidad, cosa discutible ya que lo que ellos
esperaban era alcanzar las Indias, se olvidan que, pese a la insuficiencia de
sus nociones físicas y sus verdaderos errores de cálculogeográfico, las
potencias de la época buscaban oro, como imposición del desarrollo del mercadoen
la Europa de entonces. Daba igual la tierra que se descubriese, lo importante
era encontrar oro. Y el oro apareció. Por lo tanto, según el método de nuestra
escuela, de lo que se trata es de profundizar las razones superficiales
ideológicas, religiosas, políticas, o de cualquier otra índole.
Las mismas carabelas, presentadas poéticamente como frágiles navíos, son bien
conocidas, técnicamente, siendo el resultado del desarrollo de las fuerzas
productivas de la época. Eso es obvio, se nos dirá, sí, pero mucho más serio que
la serendipityque atonta a los epistemólogos, los estudiosos de la historia de
la ciencia, carentes de ideas y de seriedad investigadora. Si es cierto que la
penicilina fue descubierta de casualidad por Fleming, no es menos cierto que
este científico se encontraba, no por casualidad, entre los mohos que habían
atraído su curiosidad y atención. De esta forma, mientras hoy se pregona la
telemática como la quintaesencia de las maravillas, no se admite que la
investigación matemática y lógica ha sido activada desde hace un siglo, no en
nombre del conocimiento puro, sino de apremios materiales que le exigen ahorrar
tiempo y hallar la manera de aplicar las matemáticas a las máquinas, obteniendo
instrumentos que frenen la caída de la tasa de ganancia, que hagan las máquinas
más manejables, asequibles al cálculo, todo al servicio de su majestad el
Capital.
¿Acaso queremos decir con esto que no sea necesario el ingenio? Lo que queremos
decir es que el ingenio no vive del aire, y sólo se puede desarrollar en medio
de la vida productiva, admitiendo que se necesita un cierto tipo de aislamiento
y de distanciamiento en la praxis en sentido estricto, para que pueda producir
sus frutos. Puede imaginarse un circuito dialéctico entre – la primera
potenciación de las capacidades del trabajo humano – liberarse de la presión
permanente e ineludible de procurarse los medios indispensables para la vida,
desde la comida al cobijo – el nacimiento del pensamiento teórico, de la
reflexión sobre el trabajo humano y la naturaleza, como actividad distinta. En
este sentido ha sido determinante para nuestra especie el paso de la condición
de cazador-recolector nómada a la de ganadero-agricultor sedentario.
La formación del cerebro, y el funcionamiento de la red social de cerebros, que
han permitido el desarrollo cognitivo más veloz, son cosas que todavía hay que
investigar y explicar. Solamente cuando esto se lleve a cabo, tendrá
verdaderamente sentido plantearse la cuestión de si los universales son reales,
o sólo nominales, si tenemos razón los logísticos o los psicologistas. Que el
descubrimiento de remedios para vivir haya acelerado la formación de un
cerebro-mente en grado de producir en su seno poderosas superestructuras (tan
potentes que puedan imaginarse poder vivir independientemente de los demás
órganos del cuerpo, como del trabajo manual) es una cuestión plenamente actual,
si pensamos en las estúpidas promesas de la burguesía que continúa ofreciendo
más técnica como base del Progreso y de la Libertad.


MANO–TRABAJO–CIENCIA
Separación histórica de la Ciencia y su oposición al Trabajo
Puesto que tenemos la abierta ambición de unir a los hombres primitivos y al
hombre comunista producto de la sociedad moderna, es preciso que expongamos los
motivos y las razones del proyecto comunista y de su necesidad.
El modo de estar en el mundo es el producto de modos de vida social y de
producción diversos: pero mientras muchas concepciones o no consiguen o rechazan
encontrar la humanidad común en las épocas más lejanas, nosotros, que teorizamos
la traducibilidad de los lenguajes y de las experiencias, incluso cuando parecen
inconmensurables, tenemos la exigencia de ver claramente qué es lo que une y qué
es lo que divide, de tal modo que se encuentren las objetivas, materiales, leyes
tendenciales que agrupan y empujan hacia la sociedad comunista.
Que el palo o la voz hábilmente manejadas sean rudimentarias pero eficaces
prolongaciones de la mano es algo indudable. Pero reconocer en las máquinas
producidas por el trabajo social, hoy alienado y vilipendiado por el modo de
producción capitalista, la mano poderosa de la sociedad comunista del mañana,
les parece a la mayoría imposible, sobre todo después de los trágicos
acontecimientos del siglo recién acabado.
Nosotros, naturalmente, no tiramos la toalla y seguimos convencidos de que el
desarrollo de las fuerzas productivas empuja en la dirección de la liberación
completa del trabajo y de la clase proletaria, convicción elemental que es el
producto de la ciencia, pero con anterioridad del sentimiento y la intuición.
El sentimiento del hombre y de la naturaleza que caracteriza a la humanidad
arcaica es distinto del que anima al así llamado hombre tecnológico moderno, que
no es otra cosa que el hombre alienado de la sociedad burguesa. Pero solamente
el partido de clase es portador de la doctrina científica del futuro comunista
entreviendo sus amplios horizontes, pese a los obstáculos puestos en su camino
por la división del trabajo y su especialización.
En la Biblia, en el Génesis, se dice que "Dios creó el cielo y la tierra", y que
ésta era "soledad y caos". ¿Cómo no vamos a ver en el Dios que crea y saca de la
nada la forma de todas las cosas, la metáfora humana y la sublimación de su
trabajo?
Tekne es sinónimo de arte-artus-mano. Engels habla del «descubrimiento de la
mano por parte del simio». La mano es el órgano que permite al hombre instalarse
en la naturaleza, produciendo sus propias condiciones de vida. Desde ese
fatídico momento la mano no se limita a producirremedios genéricos inmediatos
para la vida, porque ha producido, de manera exponencial, esosutensilios, que en
la edad moderna se identifican con las máquinas, capaces de sustituir a la mano,
hasta llegar a la posibilidad de la industria moderna de producir en serie.
Mientras las corrientes idealistas, desde siempre, han buscado el motor de la
historia y del desarrollo humano en la así llamada fuerza del pensamiento, en
las ideas, nosotros siempre hemos reivindicado la primacía del trabajo,
distinguiendo las fuerzas productivas – en los diferentes modos de producción,
desde el esclavista antiguo al servil de la Edad Media al capitalista moderno –
de las relaciones de producción que, al tiempo que son sus productos, tienden a
dominarlos y a plasmarlos, hasta llegar a las tentativas de contenerlos en la
fase descendente de su desarrollo.
Esto no significa, contrariamente a cuanto pretenden los adversarios políticos e
ideológicos, que no nos ocupemos de las superestructuras, incluidas las
puramente formales y teóricas. Porque no se puede hablar ni de filosofía pura,
ni de matemática pura, ni de ética o estéticas puras, que en general surgen
mientras la relación e implicación vital entre fuerzas materiales y su
elaboración síquico-formal se reduce, en virtud de la tendencia de las clases
decadentes a desentenderse completamente del trabajo y de la experiencia viva y
orgánica, para conservar mejor su dominio.
Según nuestra previsión, en las sociedades orgánicas (y el comunismo futuro, al
igual que el primitivo, lo será a nivel de especie) praxis y pensamiento no
están en antítesis, aún sabiendo que en un cierto nivel de su desarrollo la
teoría, como visión general de las cuestiones, asume una relativa autonomía
propia. Esto es tan cierto que estamos convencidos de que sin teoría
revolucionaria no puede haber inversión de la praxis. Somos los únicos que
reivindicamos esta "visión" del mundo, ya que los teóricos socialdemócratas se
han burlado de este comportamiento arcaico. Y ahora, a costa de parecer
ingenuos, visto que históricamente nos hemos ganado el epíteto de iguanodontes
por parte del "frígido" Palmiro Togliatti, no creemos en las visiones. Pero esto
no significa que no reivindiquemos el materialismo dialéctico como el método
científico que necesitamos.
El desarrollo de las especializaciones, la división de funciones cada vez más
complejas han terminado por separar a la sociedad en clases, provocando en los
individuos la acentuación de facultades funcionales a estas diferencias. Pero la
concepción comunista siempre ha previsto la recuperación de la polivalencia de
las capacidades, la apertura a la realización de trabajos y actitudes diversos,
esa genialidad que el burgués moderno mira con recelo o viéndolo como una
pérdida de tiempo, de rendimiento y aumento de costes, y que por el contrario en
los mejores, como sucedió en el Renacimiento europeo, han sido la expresión del
hombre multilateral, abierto a todas las artes, obreros-teóricos, a la vez que
inventores, ingenieros y usuarios de instrumentos y lenguajes, desde las
máquinas de Leonardo a las lentes convexas de Galileo, que son la representación
del espíritu humano más cercana a nosotros.
Es por esto por lo que tenemos una admiración y un respeto hacia el hombre
primitivo no menor que hacia el hombre producido, y aplastado, por las modernas
fuerzas productivas. En otras palabras: la secular tensión entre "fides et
ratio" es superada en la teoría materialista dialéctica del Partido, abarcando a
ambas. En oposición a los detractores del trabajo manual, inferior,
reivindicamos la posibilidad de cooperación y acuerdo, no sólo entre mente y
corazón, sino entre mano, corazón y mente, que situamos en el origen del
desarrollo de todas las facultades consideradas más altas como las artes, la
ciencia, la filosofía, la especulación teológica y matemática. No se trata de la
mente, corazón y mano de un individuo, sino de una clase cuyos destinos están
anticipados en su partido.
Ateniéndonos a la historia de la evolución de las sociedades y de las facultades
humanas, si es cierto que la corteza cerebral es la formación más cercana al
hombre actual, con sus 1500 centímetros cúbicos de capacidad en relación a los
450 del pitecántropo, nos parece natural y para nada raro que el primitivo no
piense ideas, sino que éstas se le presenten ante los ojos: «la idea se le
presenta como percepción sensorial proyectada al exterior, casi similar a una
alucinación o al menos a un sueño extremadamente vivo. Por esta razón en un
hombre primitivo el pensamiento puede sobreponerse a la realidad sensorial, en
un punto tal que si un europeo se tuviese que comportar de la misma manera sería
tomado por loco» (Jung, El inconsciente). Para los aborígenes de la Amazonia,
que no van al sicólogo, el sueño es más real que la vigilia.
La preparación del universo desanimado de la ciencia y de la técnica es una
adquisición relativamente reciente, si bien sus fundamentos hay que buscarlos en
la formación lógico/racional de origen griego. El paso de la actitud ante la
visión a una valoración del mundo de tipo objetivante madura en la sociedad
dividida en clases típica de la polis: por una parte los dueños de esclavos, por
la otra éstos y los metecos. Quien adjudica al pensamiento en cuanto tal,
específicamente griego, este resultado, idealiza la democracia ateniense,
olvidando las condiciones que la han permitido.
Ya que somos de la opinión de que en las culturas más diversas, llegados a un
cierto grado de desarrollo de las fuerzas productivas, lo determinante es la
infraestructura económica y social, no tenemos una preferencia exclusiva por la
cultura de un área más que otra. ¿Con quién tendríamos que estar, siguiendo el
hilo del pensamiento y de la cultura? ¿Y por qué no deberíamos, especialmente
hoy, tener en cuenta la filosofía y el pensamiento chino, japonés o indio?
El materialismo histórico marxista, expresión consciente, doctrina científica de
la clase proletaria, encuentra en el sentimiento comunista el fundamento,
alineándose con las clases subalternas allí donde se encuentren. ¿Esto contrasta
con las necesidades materiales del conocimiento y con sus métodos? Ciertamente
no, pese a que estemos en grado de distinguir y concretar las condiciones
históricas y teóricas que, en las diversas áreas, han acompañado el desarrollo
de la técnica.
El Partido, en relación a los procesos de la ciencia, comparte la misma materia
sobre la que se actúa para transformarla, pero sin embargo no puede hacer suya
la forma que asume en el modo de producción capitalista. El materialismo
dialéctico no niega a la ciencia esta objetividad y esta actitud,
reconociéndoles una autonomía propia, distinta de la ideología burguesa en
general, pero sí niega desde siempre y de manera tajante que pueda darse una
ciencia de la naturaleza y de la sociedad de tipo neutral, por encima de las
clases.
No nos es indiferente la preocupación propia de la ciencia moderna, de suprimir
de la noción de materia espíritus y demás, propios de la versión mágica y
supersticiosa típica de otros modos de vida del pasado. Pero en nuestra
concepción, "visión comunista" y "ciencia" (con sus inevitables aparatos
teóricos, de tipo conceptual, según una determinada teoría de las ideas que nos
ha llegado hasta la edad moderna) no pueden estar en desacuerdo. Esto sirve para
aclarar una diferencia fundamental, según la cual mientras el Partido es la
"visión" y la "ciencia", en la clase que lucha y combate anónimamente en el
tiempo y en el espacio, no está la "teoría". Los proletarios luchan según la
necesidad, animados por la necesidad y por niveles de conciencia que no pueden
confundirse con la noción que tiene de ella, histórica y formalmente, el órgano
de la clase. El partido no es indiferente a las emocionesy a las intuiciones
instintivasde la clase, pero no puede despreciar el conocimiento teórico
racional de los procesos económicos que condenan a la sociedad burguesa y llevan
hacia el comunismo.
Una vez más "fides et ratio" unidas y no enfrentadas, como si la fe fuese
primitivay la razón moderna, sic et simpliciter, reconociendo que la naturaleza
está regida por leyesy que el principio, indiscutido, del valor objetivo de los
conocimientos científicos y de las actividades técnicas no puede considerarse,
en nuestra batalla, como algo separado de la "visión del comunismo", o del
sentido que las fuerzas sociales opuestas atribuyen a la realidad.
La actitud propia de la ciencia consiste en considerar como realno lo que se
manifiesta, sino sólo lo que ella puede enunciar como objetivo, tras una serie
de controles de corroboración. La ciencia viene siempre trasla experiencia.
Suministra la prueba(o el desmentido) de las intuiciones, formula leyes y
teoríasen las cuales confluyentanto la "visión" del mundo como la consideración
racional de las cosas y de los acontecimientos. La "visión del mundo" de los
burgueses produce necesariamente la ciencia burguesa y la técnica burguesa.
Una vez más podemos decir que, según nuestra concepción, no hay que infravalorar
las luchas inmediatas, las resistencias organizadas ante la presión de la clase
dominante que la clase proletaria está en grado de afrontar con sus fuerzas,
pero al mismo tiempo afirmamos que la capacidad de realizar balances y
verificacionesle corresponde solamente al partido en cuanto órgano que realiza
la síntesis de una y otra actitud, tanto sea la postura "relativa" como la
"objetizante" en relación a la realidad material.
Por eso las técnicas, entendidas como métodos productivos o como vías de
solución ante problemas de limitaciones o carencias, junto a los obstáculos que
la realidad presenta, no son para nosotros una abstracción en sí, sino el
producto y la interacción de causas, convergencia de fuerzas en el paralelograma
social y natural.
Nosotros no idolatramos ninguna técnica (tampoco de orden interno en la clase o
el partido, tipo modelos organizativos, maniobras de captación o de combate,
creación de entusiasmos mediante consignas) pero sí estamos preparados para
reconocer su eficacia o debilidad. Por principiono tenemos que renunciar a
ninguna técnica (el ludismofue una reacción instintiva de la clase contra las
máquinas que quitaban trabajo a los proletarios), pero no esperamos nada
resolutivo de ninguna nueva tecnología de cara a la lucha por el comunismo.
En un mundo y en un modo de producción en el que se tiende a recuperar la
"postura reveladora" en relación con la realidad, hasta el punto que el hombre
alienado espera de la técnica unos milagros que reduzcan sus sufrimientos y sus
privaciones de humanidad, mientras en realidad el efecto es lo contrario, la
dura experiencia de las difíciles luchas de las clases subordinadas sirve como
testimonio de que sin un órgano de combate que no se deje influir por resultados
facilones que duran un día, no es posible que se liberen de sus viejas cadenas.
Desde este punto de vista, la acusación dirigida contra nuestro movimiento
histórico, de haber privado a los desheredados mediante el frío materialismo,
del consuelo de la aparición, que según la así llamada "postura reveladora" del
conocimiento, permitiría al mortal de carne y hueso, llenarse de sentido y de
realidad ante cualquier circunstancia, esa acusación, como decíamos, viene
acompañada de su opuesta, o sea la de propagar mitos e ilusiones que se
situarían por encima de las "verdades" de las fes religiosas o de las promesas
mágicas, típicas de las épocas precientíficas. Y es que o bien la revolución es
simplemente un modelo mecanicista, que deja que las cosas maduren
automáticamente mediante un proceso puramente natural, o bien es una ilusión que
sustituye a otras ilusiones.
Por esto, las dos posturassituadas ante la realidad, tanto la "reveladora" como
la "objetivizante", asumen ambas, a la luz de la crítica marxista, el
significado y la función de proponer una actitud que no se preocupa de
transformar, de revolucionar la realidad social y natural, sino de reaceptarlade
manera milagrosa, o bien su opuesto, o sea, aceptarla tecnología como algo
objetivo e inmodificable y que nunca pone en discusión el eje fundamental de las
relaciones sociales. En ambos casos se desprende una visión estática,
descriptiva, en lugar que prescriptiva en relación con la realidad.

Al comienzo era la Acción
En la noción materialista dialéctica, que le parece aberrante al pensamiento
corriente, ecléctico o escéptico, incluso dentro del ámbito "riguroso" de la
ciencia, al comienzo era la Acción.
¿Es acaso éste un descubrimiento desconcertante? En recientes exégesis se ha
reconocido que incluso el Evangelio de Juan, cuando afirma "Al principio era el
Verbo", no habla del Logosgriego. En el área de Oriente Próximo, donde surge el
hebraísmo- cristianismo, el término Davarsignifica Hablar, Actuar, Ser, mientras
que Logossignifica Hablar, Contar, Pensar. El Logos, que literalmente alude a la
naturaleza filosóficadel discurso, recogey agrupa las palabras, ordena los
conceptos, pero a menudo permanece prisionero de ellos.
Las cuestiones de la ortodoxia, la doctrina correcta, no son oponibles a las de
la ortopraxisque siempre han angustiado a los movimientos políticos y
filosóficos, junto a las asociaciones e iglesias. No es casualidad. Antes o
después todo aparece lleno de "Padres Zapata" que predican bien pero razonan
mal. Podrá objetarse que no es fácil hallar el modo de obviar este
inconveniente. Hay quien pide ayuda a las constituciones, reglamentos,
congresos, en los que se hace balance para controlar si las intenciones, los
programas, han sido cumplidos, si la palabra dada se ha mantenido, si finalmente
la práctica se ha correspondido con los pactos. Todo esto indica que cada
teoríano se limita a conocerla realidad, o peor, como está de moda hoy, a
interpretarla, sino que actúasobre la realidad social e individual, la
transforma. Esto ha sucedido desde siempre.
«Los filósofos solamente han interpretado el mundo de diversas maneras; de lo
que se trata es de transformarlo» (II Tesis sobre Feuerbach). Marx, subrayando
esta exigencia, en el sentido de la necesidad de la transformación
revolucionaria, solamente ha dicho que una teoría abstracta, que se limite a la
interpretación, es simplemente una ilusión, una impostura que tiende a ocultar
la praxisde las clases dominantes, ayer, hoy, preocupadas de hacer pasar por
verdadera una concepción estática del conocimiento y de la realidad. El intento
de atribuir al pensamientouna verdad objetiva, continúa Marx: «no es una
cuestión teórica, sino una cuestión práctica. En la praxis el hombre debe probar
la verdad, es decir la realidad y el poder, el carácter inmanente de su
pensamiento. La disputa sobre la realidad o no del pensamiento – aislado de la
praxis – es una cuestión meramente escolástica».
Pero la Praxis del Homo Faber, y progenie, es precisamente la Técnica. La mano
del hombre, el descubrimiento de sus posibilidades de plasmar la realidad, de
acomodarla a sus necesidades, comporta que en el curso histórico el ser humano
(no individualmente, sino en cuanto organizado en formas sociales) ha conseguido
doblegar la naturaleza ante sus exigencias, si bien no de manera definitiva. El
trabajoaplicado a la naturaleza comporta el descubrimiento de relativas
regularidades de la misma, de sus leyes. Solamente de esta manera es posible
hablar de técnica, que todavía hoy es asociada al concepto de instrumentación
capaz de traer y extraer del mundo objetivo remedios aptos para la vida.
Es cierto que cualquier nivel alcanzado por la instrumentación de utensilios se
presenta en cada época como el non plus ultra, unos efectos vanguardistas, el
último hallazgo que da la impresión de haber resuelto el problema en relación
con el cual ha sido elaborado.

Solidaridad de Clase

SOLIDARIOS DE LA SANIDAD PÚBLICA

De la memoria reciente de la lucha de clases

Valladolor no admite comentarios
La apariencia como forma de lucha es un cancer
El debate esta en la calle, la lucha cara a cara
Usandolo mal internet nos mata y encarcela.
Piensa, actua y rebelate
en las aceras esta el campo
de batalla.

si no nos vemos
valladolorenlacalle@gmail.com

















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difunde y practica

La crítica no arranca de las cadenas las flores imaginarias para que el hombre soporte las sombrías y escuetas cadenas, sino para que se las sacuda y puedan brotar las flores vivas. La crítica de la religión desengaña al hombre para que piense, para que actúe y organice su realidad como un hombre desengañado y que ha entrado en razón, para que gire en torno a si mismo y a su sol real. La religión es solamente el sol ilusorio que gira en torno al hombre mientras éste no gira en torno así mismo. (...)
Es cierto que el arma de la crítica no puede sustituir a la crítica de las armas, que el poder material tiene que derrocarse por medio del poder material, pero también la teoría se convierte en poder material tan pronto como se apodera de las masas. Y la teoría es capaz de apoderarse de las masas cuando argumenta y demuestra ad hominem , y argumenta y demuestra ad hominem cuando se hace radical. Ser radical es atacar el problema por la raíz. Y la raíz, para el hombre, es el hombre mismo. [K. Marx]