De rabia, inconsciencia y revuelta.

Publicado por valladolor lunes, 3 de septiembre de 2012 , ,

[Extraído de LA REBELIÓN DE LAS PALABRAS]


El siguiente texto lo escribí con la intención de que fuese, por un lado, una reflexión personal sobre el concepto y la realidad de las llamadas revueltas inconscientes, intentando profundizar en sus orígenes, razones y "finalidades" dentro de lo que mi conocimiento sobre las mismas y mis posturas políticas o habilidad me permiten (que creo que no es gran cosa, aunque eso ya lo juzgaréis vosotrxs si lo leéis); Por otro, tratar de exponer, también a través de dicha reflexión, mi opinión personal sobre los sucesos que tuvieron lugar en la zona de Amiens, en Francia, a mediados de este mes de Agosto 2012, cuando la violencia policial contra unas familias que se encontraban en el funeral de un par de jóvenes del barrio que se habían matado recientemente en un accidente de moto (unido a las condiciones de precariedad extrema que se viven en el barrio) desencadenaron una vez más disturbios y graves enfrentamientos con la policía que se saldaron con grandes daños materiales y 16 maderos heridos.

En un comienzo no sabía si hacerlo público, porque bueno, creo que no es gran cosa, pero bueno, finalmente me he decidido y aquí os lo dejo.

Esta es la historia de un mundo que se derrumba, de una civilización enferma que, tras fracasar, se precipita al abismo. Por ahora todo va bien, pero el problema no es la caída, es el aterrizaje...

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De rabia, inconsciencia y revuelta.

"En el abismo de los bárbaros, las hogueras arden cada vez con más fuerza" Jaime Semprún, El abismo se repuebla.

En Noviembre del 2005 una tormenta sacudía la periferia francesa. Poniendo en jaque la normalidad burguesa y calcinando los cimientos del suburbio que les oprimía, lxs jóvenes (y no tan jóvenes) del gueto daban origen a una revuelta que pese a estallidos anteriores de similares características (por ejemplo, las revueltas, también en las banlieues francesas, acontecidas en el '93), todavía se convertía en precedente del fenómeno que luego, ni la izquierda institucional, ni la extra-parlamentaria (que no es lo mismo que decir revolucionaria, ojo), e incluso ciertos círculos intelectuales auto-erigidos, quizá equivocadamente (eso lo juzgará cada unx) como anarquistas, serían capaces de comprender, aunque todos estos ámbitos tratasen antes o después y de un modo u otro, de capitalizar o bien de tratar de monopolizar o instrumentalizar dichas protestas aunque, sea para bien o para mal (es una buena pregunta), infructuosamente. Y es que la rabia de lxs bárbarxs tiene una particularidad, que simplemente, no es comprensible a ojos de quienes realmente necesitamos (y sí, me incluyo) una revolución preparada, un programa ideal o receta mágica que antes de saltar al vacío, nos garantice que no nos vamos a estrellar violentamente contra el suelo, como si tal impacto hoy en día fuese algo que tuviésemos la capacidad de evitar en nuestro avance hacia un choque con el dominio y sus defensas.

Habla de esto Crisso y Odoteo, a la altura de la página 79-80 de la edición de Biblioteca Social Hermanos Quero del librillo "Bárbaros, la insurgencia desordenada" (una crítica a la literatura de Tony Negri y a todo el ciudadanismo espectral de ella engendrado, que a mí personalmente me parece demasiado romántica y destructiva en ciertos puntos, pero demasiado acertada en otros) de la siguiente manera:

Haciendo referencia a esa neo-izquierda que no sólo no comprendió las barricadas de la banlieue, sino que las criticó con la misma esterilidad que tiene el útero de una menopáusica, cita: "Como buenxs civilizadxs, esxs comparten la disidencia, pero no el odio; comprenden la indignación, pero no la rabia; lanzan eslóganes de protesta, pero no gritos de guerra; están preparadxs para verter saliva, pero no sangre".

Y cito otro fragmento, que se encuentra en la página 81: "Para los bárbaros, como para los niños, cuya naturaleza no ha sido todavía domesticada, o no al menos del todo, la libertad no empieza con la elaboración de un programa ideal, sino con el sonido inconfundible de los jarrones rotos. Es aquí donde se alzan las protestas de quien piensa, como Lenin, que el extremismo no es más que una *enfermedad infantil*. Pero contra la enfermedad senil de la política, los bárbaros afirman que es la libertad la necesidad más urgente y más aterradora de la naturaleza humana, y la libertad desenfrenada dispone de todos los productos del mundo, de todos los objetos, para tratarlos simplemente como juguetes”

Algunxs hablan de que quemando coches y escuelas, esxs jóvenes incontroladxs hacen flaco favor a las luchas sociales que sí llevarían a cabo un trabajo "serio". Sin embargo, todo tiene una explicación, y si me lo permitís me gustaría extraer del texto "Los malos tiempos arderán" (aquí) la siguiente apreciación al respecto de la quema y el destrozo de centros educativos y automóviles por parte de lxs hijxs de la banlieue :

"Si los coches de segunda mano, los supermercados mal (o bien, según se mire) provistos de comida basura y quincallería barata, y los equipamientos miserables del Estado de bienestar residual son los espejismos paródicos de la abundancia y la prosperidad, los colegios y los institutos son la parodia desencarnada de la igualdad de oportunidades y de la posibilidad de ascenso social que la economía predica para no cumplir. Y el fuego que ha devorado a unos y a otros es la previsible respuesta desencantada y furiosa del que despierta de su encantamiento. “Los chavales de 15 años ven que los que tienen 25 y fueron buenos estudiantes siguen en el paro, viviendo en casa de sus padres y sin futuro”, razonaba uno de esos “irracionales” del barrio de Blanc-Mesnil de Saint-Denis, y en sus palabras encontraremos todas las razones de esa furia sin que haga falta que ningún experto añada ni una sola banalidad de más. Así, negado el futuro a los hijos de los franceses, de los inmigrantes ya legalmente franceses, ante los pasmados rostros de sus mayores, esa población potencialmente escolar que ahora ama la gasolina desprecia el sistema educativo por la misma razón que desprecia al propio Estado francés. Ellos, los bárbaros del proyecto de la “vieja Europa”, han sido estigmatizados como la racaille, es decir, la chusma, la gentuza canalla, y han aceptado ese estigma con el tradicional orgullo de los proscritos: como los “mendigos del mar” en la Holanda rebelde del siglo XVI, como los enragés de 1793 o del Mayo del 68, como los punks londinenses de 1977. Ellos, los revoltosos, han recogido el testigo y han declarado que, una vez perdido el miedo a salir a la calle, han decidido pelear hasta el final."

¿Que por qué calcinaron las presuntas "comodidades sociales", los coches, los colegios, las oficinas de empleo...?, porque mantenían vivo el agonizante espejismo del falso bienestar, a través del cual las revueltas no pueden ser comprendidas, sino simplemente valoradas por el/la ciudadanx medix común que, mediante los prismas del espectáculo, observa y juzga, pero no comprende, pues es incomprensible para quien abraza como suyos los estúpidos ideales de vida que crea la sociedad burguesa que alguien reniegue voluntariamente de tales ofertas y decida reducir a cenizas la sala de negociaciones para luego tomar por la fuerza lo que siempre fue suyo y todo ello sin pedir permiso ni esperar beneplácito alguno.

Otrxs hablan de que esas revueltas son totalmente estériles porque carecen de un contenido político real. Critican que son meros estallidos de rabia incapaces de llegar a la gente porque no ofrecen un futuro al cual avanzar sin turbulencias, pero lo que esxs analistas y sociólogxs de despacho no entienden, es que esxs jóvenes no buscan hacer apología de nada más que de su propia existencia, a través de un exabrupto destructivo lanzado contra el mundo que lxs niega, que lxs convierte en el excedente de una sociedad enferma diseñada para la circulación de mercancías y el encierro, en distintos grados de aislamiento, de aquellxs que nacen y mueren con el único fin de consumir y producir dichas mercancías. La cárcel destinada a tal encierro, es la metrópolis y es ahí, en la metrópolis, donde el espacio cobra valor por sí mismo y es planificado siguiendo lógicas de mercado, distribuyendo en ellas a la población como quien repone productos en una estantería, siguiendo categorías, etiquetas, utilidad de consumo...

En el centro y las zonas de actividad financiera, las altas alcurnias económicas se reparten el pastel en despachos de lujo, museos de arte moderno, pasarelas de modelos, carreras de fórmula 1, juegos olímpicos y demás fuentes de "glamour" que hacen las delicias de quienes necesitan vender una imagen y traficar con ella para ocultar otras. Según se va alejando de ese centro, la clase de población va progresivamente cambiando, y encontramos a una burguesía menos pudiente, barrios de clase media-alta, luego a esa clase media que permanece en un status de relativa estabilidad y todavía posee un nivel de vida "aceptable", seguiríamos con la clase precaria, y más allá de esa clase precaria, estarían lxs que ni siquiera son clasificables en el concepto de precarix, sino que van más allá. En esos últimos espacios, esos márgenes donde realmente se hace evidente la guerra que libra la economía contra la vida, donde habitan lxs que ya no pueden optar a ninguna ilusión o promesa de futuro, es donde el Estado focaliza su represión y su vigilancia, como el encargado del zoológico que mantiene más controladas a las fieras más salvajes que a las criaturas más dóciles y domesticadas, pues sabe que la fuga de unas cuantas de esas fieras de su jaula o su redil, ocasionaría en poco tiempo el desajuste necesario para el desencadenamiento del caos y el derrumbe violento y en cierto modo nihilista de las injustas estructuras sociales y el enfermizo y cruel status-quo que las determina.

Sin embargo, tras los escaparates que proyectan en parias, ciudadanxs y ostentadorxs de la abundancia las directrices de la falsa vida, existe siempre un barullo, un rumor latente, una psicofonía que congelaría de terror al más bravo de lxs policías, y que nos presenta el fantasma de la rabia convertido en desafío real y consciente contra todas las instituciones, valores, conceptos e individuxs protagonistas de la catastrófica gestión de su existencia. A través de gestos y señales de humo, lxs bárbarxs, que no hablan la lengua del Imperio, comunican entre sí que ha llegado la hora del asalto, pero esta acometida violenta no se dirige a ningún castillo medieval para vindicar al pueblo ante la nobleza inmunda, y pasa de largo cuando el Palacio de Invierno se presenta ante ella; ni siquiera se detiene cuando la Sorbona llama su atención en aquel Mayo francés. Su objetivo no es ese, no es la revolución, no es salvar el mundo, ni indicar a nadie el camino. Ellxs marcan su propio camino, y van retirando, mientras caminan, las migajas de pan. Su destino no es otro que la civilización burguesa, el estilo de vida moderno, y aquellos espacios y mecanismos que lo reproducen y alimentan con la carne humana que el capitalismo y sus neurosis trituran cada día entre trabajo, consumo, artificialidad, explotación y embrutecimiento. Y no se dirigen allí para tratar de dialogar con quienes administran tal monstruosidad, sino decididxs a destrozarlo todo, a reducir a cenizas los símbolos de la inmundicia cuyo derrumbe abre el camino al mañana, objetivo último de estxs niñxs endemoniadxs que buscan así derribar todo mito y toda ilusión, y morir prendiendo fuego a los apóstoles del capital y a la guardia pretoriana que les protege, ya que cuando Dios pierde a sus siervos en la tierra, el cielo se derrumba. Y es que ya decía un panfleto de la banlieue revoltosa emitido en 1993, y firmado como "Algunxs jóvenes combatientes de la revuelta del '93", que quienes realmente han sentido el deseo inextinguible de vivir una aventura en un mundo que ha comercializado y pronosticado toda posibilidad de evasión, no tendrán miedo, y dirán, parafraseando a aquellxs adolescentes encapuchadxs del '93 en la barriada parisina, que es porque "preferimos morir rodeadxs de sangre antes que de mierda".

Es en este eco donde la nada, una vez más, parece haber fundado su causa.

En la noche del 13 de agosto, a un año de los disturbios de Londres del verano pasado, la zona de Amiens, en Francia, era escenario de un posible resurgimiento de la violencia urbana de la periferia, recordando a hechos como los de 2005 o los más recientes episodios de 2007 y 2010. La motivación de los disturbios fue, según informaron testimonios de ciudadanxs del barrio, el hecho de que, durante el funeral de dos chavales habitantes del barrio de Amiens Norte, que habían muerto en un accidente de moto reciente, se produjese la irrupción, con actitud provocadora y agresiva, de agentes de la policía secreta en el lugar. Los ánimos caldeados y entristecidos de las familias presentes, junto con las ganas de bronca de lxs maderxs no tardaron en provocar forcejeos y tras ellos, violentas cargas policiales que encendieron una vez más a lxs jóvenes, que ya no se apagaron en las dos noches siguientes. Las barricadas surgieron por todo el área de Amiens Norte, como las flores de fuego que nacen del asfalto arrancado por lxs jóvenes y convertido en el proyectil de una tempestad de rabia y justicia, junto con cohetes pirotécnicos, cócteles molotov e incluso disparos con armas de perdigones. Lxs jóvenes incendiaron una guardería y numerosos coches (que usaron para hacer barricadas o como parapeto), atacaron edificios del Estado y causaron daños de diferente consideración en mobiliario urbano e infraestructura (aceras rotas para obtener piedras, contenedores usados para barricadas etcétera). Además, ascendían a 16 los maderos heridos que tuvieron que ser atendidos, uno de ellos grave, y el resto con diferentes tipos de heridas (algunos heridos por pedradas, otros por ser alcanzados por la metralla de los perdigones o los proyectiles pirotécnicos...)

Una vez más, se demuestra que, ante la capacidad reflexiva del/de la guerrerx más o menos civilizadx, lxs bárbarxs balbuceantes e indómitxs contraponen la rabia destructiva contra símbolos, valores y procesos de la sociedad que, acomodada en su vergüenza, parece tener miedo a perder su sofá (dado que nunca se levanta de él). Voces procedentes de todos los estratos y de todas las ideas y colores admiten que, dado que la policía provocó a la gente sin necesidad y además no respetó ni siquiera un acto tan íntimo y delicado como una ceremonia funeral de dos víctimas de un accidente de moto, podría ser comprensible la respuesta violenta de dicha gente y su respuesta en forma de ataques contra lxs policías, pero condenan sin embargo acciones como el hecho de haber destruido un jardín de infancia o haber dañado (o quemado por completo) vehículos de vecinos y particulares que no tenían la culpa de la brutalidad policial. Bien, es una crítica válida, y la comparto. No obstante, cabe aquí matizar varias cosas. La primera de ellas, remitirme a la explicación que antes extraje del texto "Los malos tiempos arderán" sobre la destrucción de coches y centros escolares por lxs jóvenes enrabiadxs. La segunda, recordar que Amiens es una de las zonas más pobres de toda Francia y una de las más pobres de Europa. La tasa de paro allí es del 45%, y sólo 1 de cada 4 jóvenes tiene trabajo y/o expectativas de obtenerlo al menos a corto-medio plazo. La población de 16.000 habitantes, tras la total indiferencia del anterior ejecutivo en resolver estos problemas, no confían ahora en que el socialdemócrata Hollande cumpla sus promesas de integrar a la zona de Amiens en un programa de ayudas sociales y dicha desconfianza tampoco es gratuita, pues parte de la militarización policial que Hollande está realizando en el barrio paulatinamente y de forma sutil, pero perceptible para quienes han hecho de las calles del gueto su selva de cemento y ladrillo. El contexto que con esto se crea no es otro que el de augurios de gentrificación y consiguiente política represiva, algo que, evidentemente, los medios de comunicación del régimen sabrán disfrazar de "saneamiento" y "renovación" de las calles del barrio, siempre al servicio de sus "pobres habitantes desfavorecidxs", cuando a lxs habitantes del gueto nada les horrorizaría más que ver sus calles repletas de pisos de lujo (que ellxs no pueden pagar), restaurantes de comida de diseño (que ellxs no pueden comer porque no la pueden pagar) y de grandes centros comerciales (donde tampoco pueden comprar).

Si queréis más razones para desconfiar de las ilusiones socialdemócratas que el aparato Estatal controlado por Hollande promueve, os recuerdo la campaña que el mismo Partido "Socialista" Francés que ahora envía al suburbio a la policía, lanzó en 2010 contra la derecha, entonces en el poder, cuando esta desató una oleada de represión xenófoba y racista tanto hacia la comunidad gitana como hacia la comunidad inmigrante (produciéndose miles de arrestos y deportaciones a sus respectivos países, además de un recrudecimiento salvaje de los malos tratos en las calles y dependencias policiales). Evidentemente, la mencionada campaña no buscaba otra cosa que aumentar el número de votos garantizados en las próximas elecciones, pero como podéis ver, la realidad que hay tras esas palabras bonitas es bien distinta. Y es que la política, como dedicación profesional, es la especialización en el/la individux de la habilidad de mentir y engañar, nada más y Hollande es un gran ejemplo. En otras palabras, que yo también dudo mucho que a Hollande le haya dado por ser un político honrado y que detrás de esto no se encuentren las mismas estrategias especulativas rastreras de lxs mismxs miserables chupópterxs de siempre

Ante tales circunstancias, resulta lógico que entre esxs jóvenes no exista una teoría revolucionaria que dé lugar a interpretaciones academicistas de la revuelta, y tampoco cuentan con el tiempo ni los medios para reflexionar sobre qué clase de proyectualidad pretenden establecer como sendero de sus acciones y pasos diarios hacia quién sabe qué "revolución". Lxs jóvenes de Amiens no pueden esperar, necesitan la rebelión ahora, porque mañana pueden estar muertxs, o demasiado agotadxs por el hambre, las drogas o las carreras para escapar de los cacheos y las palizas gratuitas de los maderos, como para lanzar el contra-ataque. Saben que el paraíso les ha sido denegado desde su nacimiento y por eso han decidido hacer añicos las tranquilas noches de la metrópolis lanzando desde el hogar de lxs invisibles un grito de guerra que sobresaltó en su cama hasta al último de los estómagos con ojos que, en aquel mismo momento, dormían plácidamente en sus mullidos colchones, dentro de sus lujosas y caras mansiones de los barrios burgueses, sin preocuparse de nada más que de mantener explotadxs a sus empleadxs en un curro de mierda, o de qué nuevo coche deportivo se comprarían al día siguiente. Lxs jóvenes de Amiens no tienen acceso a libros, ni cuentan con esa retórica incendiaria que evocan en sus engañosas palabras profesionales de la insurrección que en su vida han lanzado una piedra y que huirían despavoridxs en cuanto la policía comenzase a disparar sus gases y sus pelotas de goma. Sin embargo, el tiempo que no han perdido leyendo teorías que luego casi nadie parece capacitadx para llevar a la práctica (aunque nos joda, tenemos que reconocerlo, creo yo), lo han empleado en acumular la rabia de la miseria cotidiana y en usarla para no mirar para otro lado cuando el conflicto llamase a sus puertas para tomar (y destrozar) las calles de la barriada y posteriormente, los grandes almacenes donde han secuestrado su eternidad.

Por ahora la revuelta se ha calmado. El populacho bien-pensante, como era de esperar, ha reaccionado de forma polarizada (ratificando, una vez más, la lógica binaria que define el pensamiento de masa). Por un lado, ciudadanxs "compasivxs" que comprenden la rabia del gueto pero sin participar en ella, se atreven a juzgarla, comentarla e incluso a aplaudirla (lo cual está muy bien por su parte, no lo negaré, pero resulta un poco insignificante cuando lo haces desde el sofá de casa sin implicarte con esa peña directamente); Por el otro lado, el lado reaccionario y conservador de la ciudadanía, que no perdona que lxs malvadxs monstruos inmigrantes hayan destruido la sagrada paz de su "pulcra" patria francesa, y exigen a las autoridades policiales y al gobierno de Hollande más mano dura. El presi, por su parte, ha dicho que considera los incidentes como "intolerables" (lo que es intolerable son las condiciones en las que vive esa gente mientras tú te rascas el ombligo y sigues mandando a tus mercenarios policiales a sembrar el terror, pedazo de cínico, bastardo comemierda) y ha prometido que destinará una gran cantidad de los próximos fondos a fortalecer los cuerpos policiales y el control sobre las zonas donde se produjeron los disturbios. Esto podría avivar de nuevo la llama y hacer saltar la chispa que despierte, una vez más, a la bestia.

Lo que pase de ahora en adelante no es competencia de nadie más que de esxs jóvenes, que como tantxs antes que ellxs, son ahora conscientes de su potencial, y permanecen en silencio, esperando para volver a utilizarlo cuando las circunstancias lo requieran, sobreviviendo entre las aceras del barrio sin más esperanza que llegar al día siguiente, con su sonrisa, sus manos vacías y sus cicatrices como únicas victorias de una batalla que, para los libros de historia del capital, nunca sucedió, pero que de todas formas, nadie sabe cuando comenzó y que desde luego, no acabó en el '93, ni en el 2005, ni en el 2007, ni en el 2010, ni ahora, en 2012. La batalla continúa, y lxs bárbarxs saben que viven rodeadxs de ruina, y que la ruina es un material de combustión lenta, por eso, poco a poco, la llama va creciendo, esperando el momento de brillar de nuevo.

Y es que esta noche la ciudad tampoco dormirá, pues los sueños de esxs jòvenes le han declarado la guerra.

Entre dos mundos, el asalto continúa...


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