N º 6 - INVIERNO 2026
Sumario:
* ¿Defender los servicios públicos o nuestros intereses de clase?
* 16 trabajadores del metal detenidos en Puertollano
* Desalojo de 400 personas en Badalona
* Una clase luchando en todo el mundo
* Breve análisis de la estructura productiva agrícola del Carracillo (Segovia) en torno a los frutos rojos
* Bomberos forestales en Castilla y León
* GEACAM S.A., ejemplo de nada
* Mercadona y su sistema de bajas
* Contra la penosidad y la toxicidad en el trabajo: el caso de Vestas
* Canción obrera
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¿DEFENDER LOS SERVICIOS PÚBLICOS O NUESTROS INTERESES DE CLASE?
No es ninguna novedad, ni supondrá ninguna sorpresa para nadie, decir que el Estado del bienestar se está resquebrajando y desapareciendo ante nuestros ojos. El conjunto de servicios mediante los cuales la burguesía –a través de su Estado– intentaba mantener la mano de obra a punto para su explotación, a la par que amortiguaban y suavizaban la miseria más severa para prevenir los conflictos de clase, están viéndose degradados paulatinamente. Esto es cierto particularmente en cuanto a la sanidad, pero también en la educación y otros (transporte, recogida de basuras, agua potable, alcantarillado, etc.).
Si en el caso de la vivienda el Estado español lleva desentendiéndose décadas (a pesar de la palabrería política y constitucional), cargando sobre los salarios el peso de unos alquileres e hipotecas cada vez más imposibles, el estandarte de lo público en España está hecho jirones: atención primaria en estado calamitoso, listas de espera interminables, urgencias colapsadas... Esto lo pagan con su salud millones de trabajadores que no pueden permitirse el lujo de pagar la sanidad privada.
Ante esta situación, surgen movimientos en defensa de «lo público», de los «servicios públicos», frecuentemente capitaneados por los partidos de izquierda. Aunque podamos entender estos movimientos como una defensa del salario indirecto de los trabajadores, a poco que rasquemos se hace evidente que se trata más bien de una defensa política –y en muchos momentos electoral– de una particular forma de gestión estatal.
Desde La Huelga pensamos que lo fundamental aquí no es tanto defender los servicios públicos como defender, en sí, los servicios. Esto es: forzar a quienes se benefician de la explotación del trabajo asalariado a sufragar estos servicios al conjunto de la clase explotada (con independencia de si está trabajando o en paro, desde la cuna al cementerio). La lucha por el salario indirecto encuentra aquí su camino de clase, directo y sin rodeos, sin atender a cuestiones como la universalidad (los llamados «derechos universales», para todos los ciudadanos, sea cual sea la clase a la que pertenezcan: sanidad pública para millonarios o bono cultural para jóvenes burgueses, por poner dos ejemplos), que nos son del todo ajenas.
Así, nos parece menos interesante defender la sanidad pública que defender la sanidad para todos los trabajadores (incluyendo aspectos, como la salud dental u ocular, excluidos de la sanidad «pública»), con independencia de quién pague a quién. Al fin de cuentas sabemos que somos nosotros, la clase explotada, quienes todo producimos y quienes pagamos todo, con la plusvalía que sale de nuestro trabajo o con nuestros impuestos (pues la parte que aporta la burguesía nos ha sido previamente arrebatada a los trabajadores a través de la explotación laboral).
En otras palabras: antes que enredarnos en la defensa de modelos de gestión concretos que sujetan nuestras luchas a los intereses políticos y electorales de otros, consideramos básico, central y elemental defender nuestros propios intereses de clase desde nuestras propias posiciones, nuestros propios métodos –empezando por la huelga, pero no solo– y contando únicamente con nuestras propias fuerzas.
El derecho es la fuerza
Esta es una máxima fundamental que los trabajadores debemos meternos bien en la cabeza. Los derechos de los que disfruta la clase obrera, nuestras condiciones de vida, no dependen de ninguna ley escrita, ningún decreto-ley del gobierno, ningún convenio colectivo o derecho reconocido por la Constitución o el papa de Roma. Esto lo sabemos perfectamente los obreros, además, pues cotidianamente somos testigos en los centros de trabajo de cómo los empresarios se pasan su ley por el forro, saltándose a menudo el propio convenio que han firmado, racaneándonos unos euros del salario, cambiándonos los horarios cuando les conviene, contratando esquiroles cuando hacemos huelga, etc.
En el terreno de la diplomacia y las relaciones internacionales, el derecho de una nación a disponer de los recursos de otra depende de los portaaviones, cañones y tanques que sea capaz de desplegar en el campo de batalla (Trump lo está dejando bien claro últimamente). En el terreno de la lucha de clases sucede lo mismo, nuestros derechos dependen de nuestra fuerza como clase. Pero aquí el único arma con la que contamos es nuestra organización, unidad en la acción e intransigencia en la defensa de nuestros intereses de clase. Tenemos a favor el número (somos más) y nuestra función en la sociedad (somos los que producimos, los que ponen en marcha el mundo), pero sin organización obrera y sin una perspectiva de clase nuestros derechos, en el mundo capitalista actual, tienden irremediablemente a cero.
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LA HUELGA Nº 6: https://lahuelga.info/numero/6
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