Tras hacerse pública la sentencia del primero de los juicios por las protestas de Gamonal, desde DV hemos editado una publicación especial en papel en la que ofrecemos nuestro análisis y valoraciones de dicha sentencia.
Mostrando entradas con la etiqueta Gamonal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gamonal. Mostrar todas las entradas
Publicación especial sobre la sentencia del juicio de Gamonal
BARRIOS VIVOS, BARRIOS COMBATIVOS
Presentación del libro Gamonal la historia desde abajo
Los autores del libro Gamonal la historia desde abajo, Marcos Erro y José Medina, presentan su obra este viernes día 10 a las 20:00 horas en el Café Beluga de la capital vallisoletana. A su vez, estarán acompañados del profesor de Filosofía y procurador en Cortes José Sarrión, en un acto que coincide con la celebración del macroproceso judicial, en el que se juzgan a doce jóvenes del barrio por la movilización de enero de 2014 que consiguió frenar la obra del Bulevar en la calle Vitoria.
El texto explica cómo una pequeña localidad rural a las puertas de una capital de provincia se ha convertido en un barrio obrero que ha sido escenario de destacados conflictos sociales. El libro recorre, entre otros aspectos, los orígenes de Gamonal, cómo se llevó a cabo la anexión con Burgos, qué importancia tiene la configuración del urbanismo en la identidad del barrio, qué influencia tuvieron los conflictos laborales en la formación de la clase obrera gamonalera, cómo se obtuvieron los servicios públicos, qué particularidades tiene la cultura de barrio en Gamonal y qué ocurre en los demás barrios burgaleses.
Estos asuntos se recogen en un relato que se construye
fundamentalmente a través de las experiencias de las personas que han
habitado Gamonal a lo largo de todos estos años. Sus testimonios,
obtenidos en las más de treinta entrevistas realizadas, dan constancia
del periodo histórico que les ha tocado vivir.
FUENTE: http://www.alasbarricadas.org/noticias/node/35013
La publicación Zozobra Magazine ha realizado recientemente una entrevista al Centro Social Recuperado de Gamonal,
espacio social, ubicado en el propio corazón del barrio, que apuesta
marcadamente por el desarrollo de un proyecto basado en la autogestión y
la auto-organización y que actualmente se encuentra bajo amenaza de desalojo tras la denuncia de Fundación Caja de Burgos.
El Centro Social Recuperado de Gamonal
es un espacio social, ubicado en el propio corazón del barrio, que
apuesta marcadamente por la autogestión y que trata de desarrollar un
proyecto político y cultural alejado de las instituciones.
Recientemente, ha puesto en marcha una campaña contra la pretensión de
la Fundación Caja de Burgos de desalojar el espacio, el único en el
barrio y en todo Burgos que es construido por lxs propios vecinxs, fuera
de los canales comerciales que impiden que mucha gente pueda acceder a
la ciudad, conformando un tejido social independiente y crítico.
Tras la revuelta popular de
enero 2014,cuando la lucha contra la especulación del Bulevar, el Aula
de Cultura cerrada por Caja Burgos fue okupada por los y las vecinas del
barrio. ¿ El CSR qué pretende aportar al tejido social y cultural de
Gamonal? ¿Qué actividades habéis desarrollado en el centro durante más
de año y medio de actividad?
El CSR pretende ser un espacio
autogestionado por el vecindario para desarrollar sus inquietudes
culturales, políticas y sociales al margen de las instituciones, donde
todas la voces tengan cabida y las decisiones se tomen en asamblea.
Hemos comprobado que las actividades
salen adelante haciéndolas entre muchas personas, lo cual favorece la
creación de tejido social. Mucha gente aporta su talento, esfuerzo e
ilusión, con lo que nos alejamos de la profesionalización que impera en
esta ciudad. También ha servido para que otros grupos y asambleas,
especialmente la que lucha contra el Fracking, se reunieran para
trabajar y dar a conocer esta problemática, y así conectar distintas
luchas. Nos gustaría que más colectivos se acercaran, siempre que
funcionen de manera asamblearia.
Otro pilar fundamental de nuestras
actividades es el apoyo a las personas y colectivos que sufren represión
policial por cuestionar el sistema que nos toca padecer.
Las actividades desarrolladas a lo largo
de este año y medio han sido muchas y muy variadas. Hemos llevado a
cabo charlas y debates sobre represión policial, cuidados, autogestión
de la salud, pedagogías alternativas, vivienda, el TTIP, la ocupación de
Palestina, el conflicto de Ucrania, salud mental, luchas barriales,
informática, etc.; espectáculos como conciertos de música (sobre todo
apoyando a grupos locales), teatro, circo, proyecciones, talleres
infantiles, presentaciones de libros y recitales de poesía, murales,
etc. También se han hecho muchos esfuerzos encaminados a la recuperación
de la memoria de lucha del barrio y de dar un toque reivindicativo a
algunas tradiciones populares, como el carnaval o las marzas.
A lo largo de su historia el barrio de Gamonal ha mantenido diversas luchas y conflictos sociales. ¿El CSR hubiera sido posible sin esa raigambre de experiencias pasadas? ¿Con qué otros proyectos del barrio os relacionáis? ¿Cómo se gestiona el centro?
A lo largo de su historia el barrio de Gamonal ha mantenido diversas luchas y conflictos sociales. ¿El CSR hubiera sido posible sin esa raigambre de experiencias pasadas? ¿Con qué otros proyectos del barrio os relacionáis? ¿Cómo se gestiona el centro?
En Gamonal hay una herencia de lucha de
barrio muy rica, la cual sin duda nos ha animado a recuperar este
espacio y nos ha influido, en general, como vecinos y vecinas. Muchas de
las personas que nos encontramos en el CSR nos hemos ido conociendo en
diferentes luchas del barrio. Más específicamente, existe también un
legado de ocupaciones de locales y espacios naturales abandonados a la
especulación.
A la hora de relacionarnos, hay
colaboración con algunas asociaciones y colectivos de barrio, tanto
culturales como juveniles y vecinales, que de alguna manera han
participado del espacio a través de las distintas actividades. De todas
formas, habitualmente nos relacionamos más con grupos informales o
personas que se acercan individualmente.
Por otro lado, hay que recordar que la
Asamblea de Gamonal y el CSR surgen de la lucha contra el bulevar, por
lo que colaboramos en muchas actividades; nuestros principales puntos en
común son el apoyo a las personas encausadas por esta lucha y el
rechazo a las diversas agresiones del Ayuntamiento y la especulación.
El CSR se basa en la autogestión de
recursos y en la asamblea como método de toma de decisiones, sin
jerarquías, de manera horizontal. No hay interés económico ni se
favorece el afán de lucro para nadie, por lo que todas las actividades
que se realizan son gratuitas. Los recursos económicos de los que
disponemos sirven para financiar los gastos del espacio y para apoyar
modestamente diversos proyectos socio-politicos. Por ejemplo, con
nuestras propias manos y los escasos recursos con los que contamos hemos
llevado a cabo el arreglo del tejado, cosa que fue incapaz de realizar
Caja Burgos cuando lo gestionaba. Al igual que otras tareas, ha supuesto
mucho esfuerzo y colaboración, por lo que creemos en el trabajo en
equipo y la implicación responsable de cada persona como base
fundamental de cualquier proyecto autogestionado.
Parece que los proyectos
autogestionados y que crean tejido social combativo e independiente no
gustan nada a los aparatos del Estado que orquestan montajes policiales
contra el movimiento libertario, como en el caso de las operaciones
Pandora y Piñata entre otras. ¿Por qué ocurre esto? ¿Qué mecanismos hay
para enfrentar la represión política?
Porque a ningún estado le gusta que
surjan proyectos que no pueda controlar, que se desarrollen al margen de
él sin necesitarlo para nada. No quiere que la gente sea consciente del
potencial de cambio que tenemos cuando actuamos colectivamente para
cuestionar el sistema capitalista y patriarcal en el que vivimos.
Los mecanismos de los que disponemos
contra sus ataques son la solidaridad y el apoyo mutuo. Hemos respaldado
a las encausadas por la lucha de Gamonal, Alfon y otros huelguistas, o
personas detenidas por ser anarquistas, entre otras.
Lo fundamental es que no haya silencio y
que las personas que afrontan la represión no se sientan solas. Otra
tarea es fomentar la conciencia crítica de lo que está sucediendo para
dotarnos de herramientas argumentativas y organizativas que nos hagan
elaboran una respuesta fuerte contra sus ataques; por ello, en el CSR
hemos desarrollado diversas charlas sobre la Ley Mordaza y demás leyes
represivas, dando voz también a casos concretos de represión que se han
dado en nuestra ciudad y fuera de ella.
Desde la revista también había
pensado en adoptar la autogestión pero acaba ocurriendo que unas pocas
personas aportan mucho trabajo mientras otras con la misma capacidad de
decisión lo hacen menos y entonces pueden surgir diferencias internas y
molestias. ¿ Qué consejos daríais para dar un proyecto basado en la
autogestión?
Hemos comentado en párrafos anteriores
que nos basamos en un modelo organizativo autogestionado, entendido como
una intervención directa de las personas implicadas en el proceso
colectivo. No solicitamos subvenciones ni dejamos intervenir a las
instituciones para mantener el proyecto independiente de cualquier poder
constituido. La autogestión también tiene que ver con que tomamos el
destino en nuestras manos, aprendemos entre todas a hacer las cosas, a
no delegar en otros, y así crecemos conjuntamente. Siendo honestas,
aunque partamos de esta base, la experiencia no está exenta de
dificultades, de retos que intentamos resolver en el día a día, con
mucho diálogo y voluntad de apostar por esta organización. No somos
quien para dar consejos pero creemos que cuantos más colectivos
apostemos por esta línea más resistencia opondremos al sistema.
Hablando de lucha social. Después de la victoria vecinal de enero de 2014, casi 10 años después de aquel éxito de Eladio Perlado, no pudo lograr parar la especulación en la Plaza de toros. ¿Pensáis que el movimiento vecinal tiene la capacidad suficiente como para contrarrestar la desigualdad que genera la expansión urbanística?
Hablando de lucha social. Después de la victoria vecinal de enero de 2014, casi 10 años después de aquel éxito de Eladio Perlado, no pudo lograr parar la especulación en la Plaza de toros. ¿Pensáis que el movimiento vecinal tiene la capacidad suficiente como para contrarrestar la desigualdad que genera la expansión urbanística?
La historia de nuestro barrio y de otros
muchos demuestra que los vecinos y vecinas, unidas, pueden cambiar
muchísimas cosas, tanto en el urbanismo como en otros aspectos de
nuestra vida. Otra cosa es que seamos capaces de articularnos, de
movilizarnos, y de ir a por todas. Cuando mucha gente lucha hasta el
final, para ganar y no para sacar réditos políticos, se pueden conseguir
victorias. Pero desde luego no es fácil.
El Ayuntamiento ha tratado de vender su inversión en cultura a través de grandes inversores. ¿Qué postura mantiene las instituciones respecto a la cultura en Burgos? ¿Cuál es vuestra opinión respecto a dotaciones como El Hangar, el CAB o el MEH?
El Ayuntamiento ha tratado de vender su inversión en cultura a través de grandes inversores. ¿Qué postura mantiene las instituciones respecto a la cultura en Burgos? ¿Cuál es vuestra opinión respecto a dotaciones como El Hangar, el CAB o el MEH?
Caja Burgos y el Ayuntamiento utilizan
estos espacios para hacer negocio y administrar su poder. Se vende la
cultura como una mercancía más. Normalmente hay que pagar para disfrutar
de ella, con lo que mucha gente queda excluida. Y bajo ese prisma se
entiende que estos locales tienen que ser “rentables” económicamente,
especialmente aquellos que son privatizados y gestionados por
empresarios afines quienes gobiernan, con lo que fomentan la cultura más
comercial, a menudo elitista, y de masas en el peor sentido de la
palabra. También hay que destacar que muchos de estos espacios son un
negocio en sí mismo. Por ejemplo, el MEH y el Fórum han supuesto un
despilfarro enorme de dinero público, cuyas obras han beneficiado a los
constructores, mientras que nos decían que no se podía construir un
hospital público.
Por otro lado, las instituciones
administran la cultura de forma clientelar, promocionando sólo a
artistas locales que les son cercanos. Así tratan de controlar las
opiniones públicas para que los artistas eviten ser “censurados”.
Quienes se esfuerzan en crear arte en Burgos lo tienen difícil para
acceder a esos espacios, y las propuestas culturales que no quieren
participar en los espacios institucionales disponen de muy pocos
lugares.
Este es el panorama que tenemos con la “inversión” y “obra social” en cultura que nos venden Caja Burgos y el Ayuntamiento.
¿Los colectivos más desfavorecidos como lxs inmigrantes o lxs gitanxs, las sexualidades no normativas, el movimiento LGTB, ect. Tienen cabida en el CSR? ¿Por qué en Burgos hay “lagunas políticas y de libertad sexual” y cuesta tanto abrir la ciudad y que se organicen colectivos tan golpeados por la represión?
¿Los colectivos más desfavorecidos como lxs inmigrantes o lxs gitanxs, las sexualidades no normativas, el movimiento LGTB, ect. Tienen cabida en el CSR? ¿Por qué en Burgos hay “lagunas políticas y de libertad sexual” y cuesta tanto abrir la ciudad y que se organicen colectivos tan golpeados por la represión?
El CSR está abierto a todas las
personas, independientemente de su orientación sexual, etnia, género,
diversidad funcional, etc. Pretendemos conseguir un espacio libre de
actitudes sexistas, racistas y homófobas, aunque en ocasiones es
inevitable que existan contradicciones. En cuanto a los colectivos que
comentas, desde el CSR no hemos abordado temáticas relacionadas con su
discriminación u opresión, lo que consideramos una carencia, pero desde
aquí ofrecemos este espacio para generar encuentros donde todas podamos
aprender, cuestionarnos los privilegios que tenemos y, en definitiva,
cambiar actitudes para cambiar la sociedad en que vivimos. Hablando de
Burgos en general, el hecho de ser “capital de la cruzada” dejó un poso
clasista, militarista, religioso y reaccionario que hace que las
minorías étnicas y sexuales lo tengan todo más difícil.
En los últimos tiempos, el
movimiento social ha decaído en todo el Estado.¿ Pensáis que desde las
instituciones puede hacerse una “revolución democrática” que entregue el
poder y la soberanía a la mayoría social?
En el CSR hay muchas sensibilidades, por
lo que nos cuesta responder unánimemente, pero sí que hay una línea en
común que nos permite decir que entendemos la lucha social organizada
desde la calle, fortaleciendo las bases y apostando por la participación
de las personas sin jerarquías. Como ejemplo tenemos el propio CSR que
se consiguió a través de la lucha de barrio y que se defenderá frente a
la amenaza de desalojo de la misma manera.
En general desconfiamos mucho de las
instituciones y nos quedamos con el trabajo colectivo y honesto, al
margen de los partidos políticos. Estamos de acuerdo en que la lucha
está en la calle, y las revoluciones las hacen las personas. No queremos
tener que pasar por el aro de las leyes que nos han impuesto. Apostamos
por la autonomía.
Por último, ¿qué tenéis planteado para el futuro?
Por último, ¿qué tenéis planteado para el futuro?
Recientemente hemos conocido que Caja
Burgos nos quiere desalojar a finales de este mismo año. No contentos
con forrarse y arruinar esta entidad, sus directivos insisten en dejar
abandonados y cerrar a cal y canto los locales que ya no quieren
gestionar. Hemos denunciado públicamente el saqueo que perpetraron en la
Caja, y cómo la utilizaron en beneficio propio, de los constructores y
del Partido Popular, con el silencio o complicidad de otros partidos y
sindicatos, y seguiremos sacando a la luz más estafas y escándalos que
han intentado silenciar.
En cuanto a las actividades que
desarrollaremos, lo más inmediato es la campaña de resistencia colectiva
y defensa del espacio para el barrio, pero desde luego continuaremos
con las actividades que ya tenemos previstas de conciertos, charlas,
jornadas, proyecciones… sin vacilar en nuestro empeño de seguir
construyendo experiencias comunitarias con las gentes del barrio.
Fuente: Diario de Vurgos
Los autores del blog Sombras en la ciudad se han embarcado en un nuevo proyecto que bajo el título Gamonal, cultura y lucha de clases,
trata de reconstruir la memoria colectiva del barrio. Un proyecto que
ve la luz a través de un nuevo blog que es el primer paso de un proyecto
más amplio en el que se incluiría la publicación de un libro sobre la
historia del barrio de Gamonal a través de la narración de la historia
de la lucha de clases en Burgos en el que el blog funcionará cómo
cuaderno de notas del proceso de escritura.
En palabras de los propios autores: “El libro es una apuesta política por la reconstrucción de la memoria del barrio, si es que lo segundo puede hacerse sin lo primero. Es una apuesta política porque queremos que este libro funcione como una historia de los de abajo. Queremos contribuir a construir y mantener la identidad de un barrio obrero, en la creencia que sólo a través de la construcción de identidades colectivas antagonistas se producen cambios políticos de calado. Los y las de abajo corremos el riesgo de que nos cuenten a nosotros mismos lo que somos y por eso es fundamental que construyamos nuestra propia historia. Este libro pretende aportar un granito de arena para que la voz y la memoria de las personas que habitaron y habitan las calles de este barrio perdure”.
Barrio vivo, barrio combativo. Libro sobre la revuelta de Gamonal realizado por la Editorial Klinamen
La Editorial Klinamen acaba de publicar Gamonal, barrio vivo, barrio combativo, un libro en formato breve que aborda la revuelta que sacudió el barrio de Gamonal en enero de 2014.
Entre los materiales que recoge esta publicación destaca la transcripción de una entrevista radiofónica realizada a vecinos de Gamonal a la que se acompaña un texto sobre la historia de los conflictos sociales y luchas que ha vivido el barrio burgalés durante las últimas tres décadas.
Este primer libro sobre la revuelta de Gamonal está disponible ya en diversos espacios del propio barrio como el CSR Gamonal o La Biblioteca Anarquista La Maldita.
En enero de 2014, durante algo más de una semana, todas las miradas se posaron sobre el burgalés barrio de Gamonal. Sus vecinos protagonizaban un proceso de lucha contra la construcción de un bulevar sobre la antigua calle Vitoria; proyecto que supondría un gasto de 8,5 millones de euros al Ayuntamiento de la ciudad.
Más allá de las fotografías espectaculares o de los titulares alarmistas, con esta edición buscamos sortear la información y el análisis mediado acerca de lo ocurrido, dando voz a los protagonistas de aquel conflicto, y conectando la lucha contra el bulevar con la trayectoria histórica de aquel barrio.
Datos técnicos:
50 páginas
PVP: 4.00 €
La lucha de Gamonal: destellos de una vida otra
Una vez más, Gamonal nos ha vuelto a dar durante estos días un regalo generoso de revuelta y rabia contra la mafia económica y su opresión descarada. El texto que presentamos a continuación, La lucha de Gamonal: destellos de una vida otra (Jesús García Rodríguez), que aparece publicado en el nuevo número 21-22 recién salido del horno de la revista Salamandra, aborda precisamente los acontecimientos de la revuelta de Gamonal de enero de este año, discutiendo sus aciertos y limites, sus relaciones con otros movimientos como el 15M o la revuelta de Can Vies, y las lecciones, implicaciones y posibilidades que ofrece y abre en la lucha contra la dominación.
Hace un par de años algunos nos atrevimos a vaticinar un ciclo “de contestación general a la dictadura de una economía inhumana”, dentro del cual ese revulsivo tan esperanzador como ambiguo y contradictorio, que por comodidad seguiremos llamando 15M, era “una parte más de un movimiento mucho más amplio y mucho más profundo”[1]. Si afirmamos aquello fue porque teníamos la certeza de que lo ocurrido en las plazas, aunque no consiguiese tumbar el sistema y ni siquiera lograse algún objetivo concreto, sí que logró transformar radicalmente tanto la vida cotidiana como las certezas ideológicas y las ilusiones democráticas de mucha gente. Algo cambió, pero las verdaderas transformaciones requieren de largos períodos de tiempo.
La urgencia del momento actual, en la que los recortes y la crisis económica son solo la cara más visible de una nueva vuelta de tuerca de un sistema capitalista, hace que a menudo nos pueda la impaciencia y la desesperación porque no avistamos la revuelta que traerá el mundo nuevo. Y quizás ésta nunca llegue, al menos bajo la forma en que siempre pensamos que lo haría. Y es a veces de forma inesperada, donde menos se espera, y en medio de lo que parece una oscuridad completa, que se nos presentan ráfagas de luz imprevistas. Una de ellas fue Gamonal.
Pero Gamonal no surge de la nada. Detrás se encuentran más de dos años de recortes salvajes, de reforma laboral extremista y bárbara, de descenso brutal del nivel de vida, de paro y de explotación, de corrupción y de plutocracia, de represión policial y de silenciamiento mediático, de luchas y enfrentamientos no violentos (incluyendo asaltos al Congreso), de masivas manifestaciones pacíficas, de difusión de ideas de resistencia por numerosísimos colectivos de las más diferentes ideologías, de mareas más o menos sindicalizadas y de huelgas generales muy movidas. Y por supuesto de dos años de experimentación asamblearia en barrios y pueblos tras el 15M. Y también de luchas sindicales duras. La más cercana en el tiempo fue la huelga de basureros de Madrid, sucedida sólo unos meses antes que Gamonal, que elevó el tono de la contienda presionando a las autoridades con la invasión de basura por las calles y que llegó a utilizar tácticas alejadas ya de la no-violencia. Su vago precedente fue una huelga de taxistas, en julio de 2012, también en Madrid, que acabó a golpes y que también consiguió imponer sus reivindicaciones. A la de Madrid siguieron las huelgas de basura en Alcorcón, especialmente firme y con disturbios graves, la de lavandería en los hospitales de Madrid (que empezó como huelga salvaje) y también la prolongación en el tiempo de la de Panrico, que llegó a los ocho meses de huelga. Todo ello mostraba un leve resurgir de las luchas obreras, que empezaban a comprender que la benignidad y la blandura que hasta ahora habían caracterizado a las luchas eran contraproducentes, y que era necesario ir un paso más allá si querían conseguir sus objetivos y conservar sus puestos de trabajo.
En definitiva, y en la línea de esos precedentes, Gamonal, a mediados de enero de 2014, se levantó como un revulsivo frente a la tibieza excesiva de las luchas inmediatamente anteriores. Y por ello lo sorprendente, lo nuevo, lo esperanzador de lo sucedido en Gamonal fue que, durante cuatro días luminosos con sus cuatro igualmente luminosas noches se fusionaron en la acción y en el discurso dos mundos que hasta ahora habían permanecido (en el territorio español) como esferas separadas y demasiado alejadas: el mundo de la “pequeñoburguesía” – la insuficiencia e inexactitud del nombre será explicada más tarde –, de los vecinos y vecinas que sólo desean, al parecer (y es importante ese “al parecer”), ciertas reformas en el sistema, y los “revolucionarios” – de nuevo un término inapropiado en este caso –, que apuestan por el cambio radical de las bases del Régimen. Hasta el momento estábamos acostumbrados a dos formas de lucha que caminaban en paralelo, sin yuxtaponerse, y cuyas diferencias los medios del poder intentaban resaltar y hacer aún más pronunciada, en su estrategia de aislamiento: grandes manifestaciones ciudadanas que se autodenominaban o eran denominadas pacíficas y no violentas, con lemas aparentemente reformistas, por un lado, y supuestos altercados o disturbios de “radicales” o incluso “vándalos”, por el otro, demonizados y criminalizados desde el primer momento por el establishment, sabedor del peligro que la chispa que aportaban podría traer a la yesca del descontento generalizado económico, político y social.
En Gamonal, el panorama ofrecido fue esencialmente distinto. Lo que se vio en esos cuatro días y noches fue una simbiosis o convergencia perfecta entre esos dos grupos que parecían irreconciliables y estancos. Ambos se unieron de manera iluminadora para traer una dureza de acción y de discurso admirable, una acción que se atrevió a ir un paso más allá de la no violencia ideológica que aquejaba a gran parte del llamado “15M” (una de esas fórmulas alfanuméricas que tanto gustan a la clase tecnocrática) y un discurso duro que se oponía con firmeza a las mentirosos relatos habituales del poder. Basta con leer algunos de los comunicados de la asamblea de Gamonal para entender un significativo cambio de matiz y de tono.
Desde los días previos al estallido, se vio con claridad ese cambio de rumbo: un trabajo asambleario disperso pero de largo recorrido fructificó en una manifestación o concentración que tenía como claro objetivo detener y paralizar unas obras. Esa resistencia pasiva no era nada nuevo, aunque aquí lo interesante es que se ejerció con singular cohesión y firmeza. La concentración y el enfrentamiento con las fuerzas del orden dieron paso al estallido de cólera nocturna que hizo arder parte del barrio. Y es a continuación cuando empezó a forjarse la diferencia: los disturbios fueron asumidos, inopinadamente, por la masa barrial como un instrumento más, y no desechados como hasta ahora como excesos reprobables. A partir de la segunda noche se desencadenó una dinámica demoledora. La masa vecinal y barrial se reúne en asambleas diarias – dos al día, una a las doce y otra a las siete – y es en esa asamblea donde empieza a cocerse todo: la elaboración de un discurso colectivo duro, la creación de una comunicación interna imprescindible dentro de esa comunidad en lucha y la toma de posición unitaria a la contra de un poder en delicuescencia. De ahí surgieron las dos vías que, como una pinza venenosa, trajo de calle a las autoridades: manifestaciones masivas de día, disturbios graves de noche, que incluían acciones de sabotaje contra las indeseadas obras, ataques a bancos y quema de instalaciones temporales de la empresa inmobiliaria. En esa doble acción o en esa acción en dos flancos estuvo gran parte de la eficacia de las confrontaciones de Gamonal. Habría que unir a ello la coherencia y legitimidad sin fisuras de su discurso.
La asamblea fue el catalizador y motor de ese movimiento: allí se unificó, se pulió y se fortaleció el discurso que se opuso al del poder político, al de la especulación y corrupción del capital, y, no por último menos importante, al de la violencia de los cuerpos de seguridad del estado. Podemos ver aquí un efecto positivo y eficaz, a medio-largo plazo, un efecto de onda larga de la perseverante, asidua y siempre informal práctica asamblearia del llamado 15M, tantas veces denostada por ineficaz y “blanda”. El asamblearismo ha ido decayendo desde el 15M hasta ahora. Pero Gamonal es también asamblearismo, y fruto de esa educación política que es siempre la asamblea. En efecto, este es un caso de esa labor silenciosa, oscura, anónima y subterránea de una colectividad que tarde o temprana recoge sus frutos. La asamblea crea con preeminencia algo que otras formas de acción obvian: comunidad, el primer paso para cualquier trabajo político serio. Y lo trascendental es que la asamblea crea una comunidad horizontal, igualitaria, libertaria, vinculada no sólo política, sino personal y afectivamente (opuesta por ello a todas las comunidades jerárquicas). En ese verse las caras, en ese hablar en comunidad, en ese trabajo de creación de lo público real – como opuesto a lo privado-público de la democracia capitalista – se fragua una bomba de relojería social de un potencial inusitado. Y aquí lo público lo es en su significado etimológico y auténtico: lo de la gente, el espacio de libertad de todos, como opuesto a lo público del estado y a lo privado del capital, que en el interior del Régimen que padecemos son uno y lo mismo. Y su eficacia real ha estado y estará en su incardinación en el barrio, como lugar propicio e idóneo para un movimiento asambleario fértil.
En efecto, el movimiento llamado 15M se ha debatido en esas dos vertientes – la global y general, que intentaba abarcar mucho y apretar poco, y se aventaba en gigantescas manifestaciones urbanas, y la local de las asambleas de pueblos y barrios, mucho menos espectacular, pero más concreta y afilada en sus pretensiones y funcionamiento – y Gamonal ha mostrado muy a las claras cuál es la de importancia primera, tanto en el sentido cronológico como de categoría: la del barrio, como espacio opuesto a la ciudad moderna en tanto sede, base de operaciones y esencia del capitalismo contemporáneo, la del barrio como comunidad opuesta a los poderes imperantes y la del barrio como espacio de relaciones solidarias y distintas a las que el Régimen impone o intenta imponer desde arriba. Esto no quiere decir que las grandes demostraciones de masas sean algo a menospreciar, sino que el trabajo asambleario y comunitario en el barrio es el presupuesto y la base para ese otro trabajo posterior de las grandes masas levantadas. Con claridad Gamonal ha puesto ante nuestros ojos el potencial transformador de la lucha barrial, y su capacidad desestabilizadora real, que debe servir como ejemplo en el resto de barrios, pueblos y comunidades pequeñas como componentes primarios de la lucha política, económica y social.
Pero Gamonal ha iluminado otro aspecto importantísimo de nuestra realidad que pocas veces se considera, un aspecto que puede resultar clave si se sacan de ello las conclusiones a las que parece apuntar. La dicotomía arriba descrita entre una masa reformista pequeñoburguesa y una vanguardia de activistas revoltosos y “vandálicos” no es real, porque (al menos en Gamonal, y es posible que eso sea extrapolable a otros sitios) no existen esas dos realidades de manera factual. Lo sorprendente de lo sucedido en Gamonal es que ha desvelado que son las estrategias y las acciones comunitarias las que crean el sujeto revolucionario, no que este sujeto exista a priori –que no existe. No existe tal cosa como una masa de clase media pequeñoburguesa de pequeños comerciantes, profesionales liberales, asalariados de tipo medio, etc. etc. y otra de “proletarios” con nítida conciencia de clase – o existen, pero sólo si se empecina uno en clasificarlos como tales. Lo que de verdad hay es una masa descontenta y bastante homogénea en su descontento y en partes de su discurso destructivo, y son los propios tipos de unión en la reivindicación las que los constituyen como un sujeto u otro. En el seno de manifestaciones globales y pacíficas, se constituirá un sujeto ciudadano y reformista, de aspiraciones débiles. En el seno de un movimiento asambleario duro, de manifestaciones masivas y opuestas al poder y sin miedo a la llamada violencia, se constituye otro sujeto, un sujeto con aspiraciones más maximalistas y radicales, que se relaciona de otra manera con el poder (como algo opuesto frontalmente a él). La lucha institucional crea un tipo de relaciones y sujetos, la lucha ciudadana otros y la lucha popular – por llamar de alguna manera a una lucha que incluye a todos los descontentos, explotados y oprimidos, que son legión – otros radicalmente distintos. Esto es algo muy a tener en cuenta en el futuro, para borrar determinados prejuicios existentes. En Gamonal las rafias contra bancos, la quema de contenedores y los actos “vandálicos” fueron realizados por vecinos vulgares y corrientes. No vamos a entrar aquí en si la chispa de estos actos fue encendida por grupos de determinada naturaleza desestabilizadora previa; en cualquier caso, se trataba también de grupos de vecinos de Gamonal, seguramente más jóvenes, y por tanto miembros también de esa comunidad. Se sabe en Gamonal que las pedradas a bancos fueron secundadas por ancianos poco sospechosos de tener un pasado revolucionario a sus espaldas. El ambiente creado por una movilización como la de Gamonal crea sujetos políticamente duros, y crea relaciones interpersonales fuertes – frente a las relaciones políticamente débiles de la posmodernidad –, y esa evidencia debe hacernos recapacitar sobre muchas de las estrategias hasta ahora practicadas. La división entre ciudadanistas y radicales es irreal, y creada y fomentada por un poder y sus mass media que lo que más temen es precisamente eso: que los vecinos de una barriada se movilicen en organizaciones políticas comunitarias y que utilicen métodos radicales y contundentes para sacudirse de encima la bota que les aplasta.
Subyacen aquí dos temas también de suma importancia, que en Gamonal afloraron con inusitada actualidad: el tema de la represión político-policial y el tema de la violencia.A la gazmoñería de cierta parte del llamado 15M con respecto al uso de la violencia[2] se opuso en Gamonal una sabia reflexión sobre el uso de la violencia reactiva como defensa ante la brutalidad y presencia represora y omnímoda de la policía en nuestras calles y pueblos, que les permitió asumir con normalidad y coherencia las acciones violentas sobre las cosas como parte de su lucha, como un instrumento más de especial eficacia en su presión diaria frente a las autoridades. La idoneidad de esa autodefensa ha quedado incuestionablemente clara, y es deseable que sirva de ejemplo a otras reivindicaciones similares. Esa coherencia elogiable e impecable les llevó a incluir entre sus principales reivindicaciones la liberación de los detenidos a raíz de los disturbios y a llevar las manifestaciones masivas ante las puertas de las comisarías. También en eso la comunidad de Gamonal mostró una lucidez admirable: la acción represora policial es parte fundamental, y no accesoria, del Régimen. La policía, en especial las UIPs, es un cuerpo de represión política feroz, y el mito del policía bueno debe desaparecer del panorama de lucha política actual. En Gamonal asistimos a una verdadera lucha antirepresiva popular, aunque fuere en estado embrionario, y ese es el inicio de un camino esencial por el que debemos sin duda seguir. Por otra parte, esa estrategia de violencia contra las cosas fue orquestada de manera organizada y concreta, no fue una borrachera de violencia ni mucho menos, sino una acción estratégica y selectiva: los puntos elegidos – bancos, inmobiliarias, casetas de obra – tenían un significado claro dentro de la lucha, y un significado también a nivel simbólico dentro del inconsciente colectivo, y podían perfectamente ser asumidas por los elementos en apariencia más “reaccionarios” como pequeños comerciantes. Eso sin duda, junto con el trabajo asambleario, influyó en la solidaridad total con los detenidos, que se extendió hasta otra acción encomiable: acudir a las sucursales bancarias para que retiraran las denuncias contra esos detenidos. Una lucha política seria incluye necesariamente esa solidaridad, cuidado y recuerdo permanente de los secuestrados por el poder.
Y por último nos detendremos en otro aspecto de lo allí vivido de mucha trascendencia, aunque también sea obviado o poco considerado por la mayoría de las luchas. Se trata de la momentánea ruptura del espectáculo, entendido como forma de dominación esencial del régimen, ruptura realizada desde dentro. No nos cabe la menor duda de que los vecinos de Gamonal debieron de sentir durante esos memorables cuatro días y noches de revuelta, acción conjunta y directa y vida comunitaria, lo mismo que otros sentimos durante la acampada de Sol y que otros sintieran en revueltas y levantamientos colectivos similares: la sensación de estar viviendo la vida real, la vida auténtica, sin intermediación ninguna de los instrumentos inter y intrasubjetivos del poder (televisión, radio, internet, etc.), la sensación de libertad pública, colectiva y compartida, que no es sino un ramalazo de utopía transportada súbitamente a nuestras vidas y vivida de pronto con la estupefacción de un buen sueño. Eso (experiencia viva de la lucha y de lo otro posible) queda para siempre en las mentes y corazones de quienes lo han vivido, y fue puesto en palabras cabales y perfectas por uno de los vecinos de Gamonal en la primera asamblea: “¡Vecinos! ¿De verdad queremos volver a nuestras vidas amargas de hace unos días, esos días en los que nos veíamos como desconocidos? ¿O queremos crear algo fuerte?”[3]. Ese contraste radical entre la vida amarga dentro del Régimen y su diaria opresión y la vida fuerte, la vida auténtica y siempre ahí escondida y subyacente, que nos abre un mundo ilimitado e inimaginable de relaciones, situaciones y experiencias diametralmente distintas a la vida “normal”, y que se nos revela a veces en iluminaciones liberadoras, es subrayado de manera brutal cada vez que se produce uno de estos levantamientos y subversiones, y son como verdaderos destellos que alumbran el camino hacia la libertad verdadera. Por decirlo así, son incursiones extremas del principio del deseo y del placer sobre el principio de realidad, o por decirlo de otra manera, incursiones extremas y placenteras de lootro sobre la espesa normalidad imperante.
La dinámica de Gamonal se reprodujo unos cuatro meses después con el desalojo del centro okupado Can Vies, en el barrio de Sants en Barcelona. Esta réplica en el tiempo, que incluyó una defensa durante varios días del territorio, con enfrentamientos con fuerzas del orden y presión sobre las autoridades, careció en un principio de la cohesión social de la de Burgos, y pareció promovida en mayor medida por una cierta pequeña vanguardia. El asamblearismo vecinal fue dejado de lado en este caso, pero el apoyo vecinal estuvo presente tanto en los días posteriores al desalojo como en los de la re-okupación, donde quedó patente la irradiación del centro dentro del barrio de Sants y la respuesta retroalimentadora de la comunidad para defenderlo y reconstruirlo. Las dinámicas de resistencia volvieron a traer consigo una pequeña victoria sobre el sistema.
En definitiva, lo sucedido en Gamonal es una muestra de que cuando la comunidad actúa como comunidad horizontal y cohesionada, borrando toda diferencia de clases y de ideologías, es capaz de erosionar, socavar y abrir un boquete real en el muro del poder, pero sobre todo en el mundo de relaciones interpersonales, subjetivas, políticas, económicas y sociales que constituye el capitalismo (lo que en otros sitios hemos denominado “capitalismo del espíritu”). La combinación armónica y radical de asamblea-comunidad y discurso, masa-manifestación y acción-ataque parece presentar una ecuación con un futuro bastante halagüeño en la lucha actual. Y su ejemplo deja bastante claro que no se debe tener miedo a la contundencia a la hora de esa lucha, pues se ha demostrado que, cuando va acompañada de unidad, legitimidad y justicia, es un argumento de enorme peso en el conflicto contra el poder (o los poderes).
Jesús García Rodríguez
Salamandra 21-22
Grupo surrealista de Madrid
http://www.gruposurrealistademadrid.org/
________________________________________
[1]Instrucciones de uso para el Rapto nº 7
[2] Esa gazmoñería no es atribuible al “15M” en su conjunto: acciones como la toma del Parlament o el asalto a los ayuntamientos o la visita del Papa a Madrid y otras lo demuestran.
[3] Ver http://www.publico.es/actualidad/495429/gamonal-no-quiere-volver-a-su-vida-amarga-y-continuara-con-las-protestas
LA LUCHA DE GAMONAL: DESTELLOS DE UNA VIDA OTRA
Hace un par de años algunos nos atrevimos a vaticinar un ciclo “de contestación general a la dictadura de una economía inhumana”, dentro del cual ese revulsivo tan esperanzador como ambiguo y contradictorio, que por comodidad seguiremos llamando 15M, era “una parte más de un movimiento mucho más amplio y mucho más profundo”[1]. Si afirmamos aquello fue porque teníamos la certeza de que lo ocurrido en las plazas, aunque no consiguiese tumbar el sistema y ni siquiera lograse algún objetivo concreto, sí que logró transformar radicalmente tanto la vida cotidiana como las certezas ideológicas y las ilusiones democráticas de mucha gente. Algo cambió, pero las verdaderas transformaciones requieren de largos períodos de tiempo.
La urgencia del momento actual, en la que los recortes y la crisis económica son solo la cara más visible de una nueva vuelta de tuerca de un sistema capitalista, hace que a menudo nos pueda la impaciencia y la desesperación porque no avistamos la revuelta que traerá el mundo nuevo. Y quizás ésta nunca llegue, al menos bajo la forma en que siempre pensamos que lo haría. Y es a veces de forma inesperada, donde menos se espera, y en medio de lo que parece una oscuridad completa, que se nos presentan ráfagas de luz imprevistas. Una de ellas fue Gamonal.
Pero Gamonal no surge de la nada. Detrás se encuentran más de dos años de recortes salvajes, de reforma laboral extremista y bárbara, de descenso brutal del nivel de vida, de paro y de explotación, de corrupción y de plutocracia, de represión policial y de silenciamiento mediático, de luchas y enfrentamientos no violentos (incluyendo asaltos al Congreso), de masivas manifestaciones pacíficas, de difusión de ideas de resistencia por numerosísimos colectivos de las más diferentes ideologías, de mareas más o menos sindicalizadas y de huelgas generales muy movidas. Y por supuesto de dos años de experimentación asamblearia en barrios y pueblos tras el 15M. Y también de luchas sindicales duras. La más cercana en el tiempo fue la huelga de basureros de Madrid, sucedida sólo unos meses antes que Gamonal, que elevó el tono de la contienda presionando a las autoridades con la invasión de basura por las calles y que llegó a utilizar tácticas alejadas ya de la no-violencia. Su vago precedente fue una huelga de taxistas, en julio de 2012, también en Madrid, que acabó a golpes y que también consiguió imponer sus reivindicaciones. A la de Madrid siguieron las huelgas de basura en Alcorcón, especialmente firme y con disturbios graves, la de lavandería en los hospitales de Madrid (que empezó como huelga salvaje) y también la prolongación en el tiempo de la de Panrico, que llegó a los ocho meses de huelga. Todo ello mostraba un leve resurgir de las luchas obreras, que empezaban a comprender que la benignidad y la blandura que hasta ahora habían caracterizado a las luchas eran contraproducentes, y que era necesario ir un paso más allá si querían conseguir sus objetivos y conservar sus puestos de trabajo.
En definitiva, y en la línea de esos precedentes, Gamonal, a mediados de enero de 2014, se levantó como un revulsivo frente a la tibieza excesiva de las luchas inmediatamente anteriores. Y por ello lo sorprendente, lo nuevo, lo esperanzador de lo sucedido en Gamonal fue que, durante cuatro días luminosos con sus cuatro igualmente luminosas noches se fusionaron en la acción y en el discurso dos mundos que hasta ahora habían permanecido (en el territorio español) como esferas separadas y demasiado alejadas: el mundo de la “pequeñoburguesía” – la insuficiencia e inexactitud del nombre será explicada más tarde –, de los vecinos y vecinas que sólo desean, al parecer (y es importante ese “al parecer”), ciertas reformas en el sistema, y los “revolucionarios” – de nuevo un término inapropiado en este caso –, que apuestan por el cambio radical de las bases del Régimen. Hasta el momento estábamos acostumbrados a dos formas de lucha que caminaban en paralelo, sin yuxtaponerse, y cuyas diferencias los medios del poder intentaban resaltar y hacer aún más pronunciada, en su estrategia de aislamiento: grandes manifestaciones ciudadanas que se autodenominaban o eran denominadas pacíficas y no violentas, con lemas aparentemente reformistas, por un lado, y supuestos altercados o disturbios de “radicales” o incluso “vándalos”, por el otro, demonizados y criminalizados desde el primer momento por el establishment, sabedor del peligro que la chispa que aportaban podría traer a la yesca del descontento generalizado económico, político y social.
En Gamonal, el panorama ofrecido fue esencialmente distinto. Lo que se vio en esos cuatro días y noches fue una simbiosis o convergencia perfecta entre esos dos grupos que parecían irreconciliables y estancos. Ambos se unieron de manera iluminadora para traer una dureza de acción y de discurso admirable, una acción que se atrevió a ir un paso más allá de la no violencia ideológica que aquejaba a gran parte del llamado “15M” (una de esas fórmulas alfanuméricas que tanto gustan a la clase tecnocrática) y un discurso duro que se oponía con firmeza a las mentirosos relatos habituales del poder. Basta con leer algunos de los comunicados de la asamblea de Gamonal para entender un significativo cambio de matiz y de tono.
Desde los días previos al estallido, se vio con claridad ese cambio de rumbo: un trabajo asambleario disperso pero de largo recorrido fructificó en una manifestación o concentración que tenía como claro objetivo detener y paralizar unas obras. Esa resistencia pasiva no era nada nuevo, aunque aquí lo interesante es que se ejerció con singular cohesión y firmeza. La concentración y el enfrentamiento con las fuerzas del orden dieron paso al estallido de cólera nocturna que hizo arder parte del barrio. Y es a continuación cuando empezó a forjarse la diferencia: los disturbios fueron asumidos, inopinadamente, por la masa barrial como un instrumento más, y no desechados como hasta ahora como excesos reprobables. A partir de la segunda noche se desencadenó una dinámica demoledora. La masa vecinal y barrial se reúne en asambleas diarias – dos al día, una a las doce y otra a las siete – y es en esa asamblea donde empieza a cocerse todo: la elaboración de un discurso colectivo duro, la creación de una comunicación interna imprescindible dentro de esa comunidad en lucha y la toma de posición unitaria a la contra de un poder en delicuescencia. De ahí surgieron las dos vías que, como una pinza venenosa, trajo de calle a las autoridades: manifestaciones masivas de día, disturbios graves de noche, que incluían acciones de sabotaje contra las indeseadas obras, ataques a bancos y quema de instalaciones temporales de la empresa inmobiliaria. En esa doble acción o en esa acción en dos flancos estuvo gran parte de la eficacia de las confrontaciones de Gamonal. Habría que unir a ello la coherencia y legitimidad sin fisuras de su discurso.
La asamblea fue el catalizador y motor de ese movimiento: allí se unificó, se pulió y se fortaleció el discurso que se opuso al del poder político, al de la especulación y corrupción del capital, y, no por último menos importante, al de la violencia de los cuerpos de seguridad del estado. Podemos ver aquí un efecto positivo y eficaz, a medio-largo plazo, un efecto de onda larga de la perseverante, asidua y siempre informal práctica asamblearia del llamado 15M, tantas veces denostada por ineficaz y “blanda”. El asamblearismo ha ido decayendo desde el 15M hasta ahora. Pero Gamonal es también asamblearismo, y fruto de esa educación política que es siempre la asamblea. En efecto, este es un caso de esa labor silenciosa, oscura, anónima y subterránea de una colectividad que tarde o temprana recoge sus frutos. La asamblea crea con preeminencia algo que otras formas de acción obvian: comunidad, el primer paso para cualquier trabajo político serio. Y lo trascendental es que la asamblea crea una comunidad horizontal, igualitaria, libertaria, vinculada no sólo política, sino personal y afectivamente (opuesta por ello a todas las comunidades jerárquicas). En ese verse las caras, en ese hablar en comunidad, en ese trabajo de creación de lo público real – como opuesto a lo privado-público de la democracia capitalista – se fragua una bomba de relojería social de un potencial inusitado. Y aquí lo público lo es en su significado etimológico y auténtico: lo de la gente, el espacio de libertad de todos, como opuesto a lo público del estado y a lo privado del capital, que en el interior del Régimen que padecemos son uno y lo mismo. Y su eficacia real ha estado y estará en su incardinación en el barrio, como lugar propicio e idóneo para un movimiento asambleario fértil.
En efecto, el movimiento llamado 15M se ha debatido en esas dos vertientes – la global y general, que intentaba abarcar mucho y apretar poco, y se aventaba en gigantescas manifestaciones urbanas, y la local de las asambleas de pueblos y barrios, mucho menos espectacular, pero más concreta y afilada en sus pretensiones y funcionamiento – y Gamonal ha mostrado muy a las claras cuál es la de importancia primera, tanto en el sentido cronológico como de categoría: la del barrio, como espacio opuesto a la ciudad moderna en tanto sede, base de operaciones y esencia del capitalismo contemporáneo, la del barrio como comunidad opuesta a los poderes imperantes y la del barrio como espacio de relaciones solidarias y distintas a las que el Régimen impone o intenta imponer desde arriba. Esto no quiere decir que las grandes demostraciones de masas sean algo a menospreciar, sino que el trabajo asambleario y comunitario en el barrio es el presupuesto y la base para ese otro trabajo posterior de las grandes masas levantadas. Con claridad Gamonal ha puesto ante nuestros ojos el potencial transformador de la lucha barrial, y su capacidad desestabilizadora real, que debe servir como ejemplo en el resto de barrios, pueblos y comunidades pequeñas como componentes primarios de la lucha política, económica y social.
Pero Gamonal ha iluminado otro aspecto importantísimo de nuestra realidad que pocas veces se considera, un aspecto que puede resultar clave si se sacan de ello las conclusiones a las que parece apuntar. La dicotomía arriba descrita entre una masa reformista pequeñoburguesa y una vanguardia de activistas revoltosos y “vandálicos” no es real, porque (al menos en Gamonal, y es posible que eso sea extrapolable a otros sitios) no existen esas dos realidades de manera factual. Lo sorprendente de lo sucedido en Gamonal es que ha desvelado que son las estrategias y las acciones comunitarias las que crean el sujeto revolucionario, no que este sujeto exista a priori –que no existe. No existe tal cosa como una masa de clase media pequeñoburguesa de pequeños comerciantes, profesionales liberales, asalariados de tipo medio, etc. etc. y otra de “proletarios” con nítida conciencia de clase – o existen, pero sólo si se empecina uno en clasificarlos como tales. Lo que de verdad hay es una masa descontenta y bastante homogénea en su descontento y en partes de su discurso destructivo, y son los propios tipos de unión en la reivindicación las que los constituyen como un sujeto u otro. En el seno de manifestaciones globales y pacíficas, se constituirá un sujeto ciudadano y reformista, de aspiraciones débiles. En el seno de un movimiento asambleario duro, de manifestaciones masivas y opuestas al poder y sin miedo a la llamada violencia, se constituye otro sujeto, un sujeto con aspiraciones más maximalistas y radicales, que se relaciona de otra manera con el poder (como algo opuesto frontalmente a él). La lucha institucional crea un tipo de relaciones y sujetos, la lucha ciudadana otros y la lucha popular – por llamar de alguna manera a una lucha que incluye a todos los descontentos, explotados y oprimidos, que son legión – otros radicalmente distintos. Esto es algo muy a tener en cuenta en el futuro, para borrar determinados prejuicios existentes. En Gamonal las rafias contra bancos, la quema de contenedores y los actos “vandálicos” fueron realizados por vecinos vulgares y corrientes. No vamos a entrar aquí en si la chispa de estos actos fue encendida por grupos de determinada naturaleza desestabilizadora previa; en cualquier caso, se trataba también de grupos de vecinos de Gamonal, seguramente más jóvenes, y por tanto miembros también de esa comunidad. Se sabe en Gamonal que las pedradas a bancos fueron secundadas por ancianos poco sospechosos de tener un pasado revolucionario a sus espaldas. El ambiente creado por una movilización como la de Gamonal crea sujetos políticamente duros, y crea relaciones interpersonales fuertes – frente a las relaciones políticamente débiles de la posmodernidad –, y esa evidencia debe hacernos recapacitar sobre muchas de las estrategias hasta ahora practicadas. La división entre ciudadanistas y radicales es irreal, y creada y fomentada por un poder y sus mass media que lo que más temen es precisamente eso: que los vecinos de una barriada se movilicen en organizaciones políticas comunitarias y que utilicen métodos radicales y contundentes para sacudirse de encima la bota que les aplasta.
Subyacen aquí dos temas también de suma importancia, que en Gamonal afloraron con inusitada actualidad: el tema de la represión político-policial y el tema de la violencia.A la gazmoñería de cierta parte del llamado 15M con respecto al uso de la violencia[2] se opuso en Gamonal una sabia reflexión sobre el uso de la violencia reactiva como defensa ante la brutalidad y presencia represora y omnímoda de la policía en nuestras calles y pueblos, que les permitió asumir con normalidad y coherencia las acciones violentas sobre las cosas como parte de su lucha, como un instrumento más de especial eficacia en su presión diaria frente a las autoridades. La idoneidad de esa autodefensa ha quedado incuestionablemente clara, y es deseable que sirva de ejemplo a otras reivindicaciones similares. Esa coherencia elogiable e impecable les llevó a incluir entre sus principales reivindicaciones la liberación de los detenidos a raíz de los disturbios y a llevar las manifestaciones masivas ante las puertas de las comisarías. También en eso la comunidad de Gamonal mostró una lucidez admirable: la acción represora policial es parte fundamental, y no accesoria, del Régimen. La policía, en especial las UIPs, es un cuerpo de represión política feroz, y el mito del policía bueno debe desaparecer del panorama de lucha política actual. En Gamonal asistimos a una verdadera lucha antirepresiva popular, aunque fuere en estado embrionario, y ese es el inicio de un camino esencial por el que debemos sin duda seguir. Por otra parte, esa estrategia de violencia contra las cosas fue orquestada de manera organizada y concreta, no fue una borrachera de violencia ni mucho menos, sino una acción estratégica y selectiva: los puntos elegidos – bancos, inmobiliarias, casetas de obra – tenían un significado claro dentro de la lucha, y un significado también a nivel simbólico dentro del inconsciente colectivo, y podían perfectamente ser asumidas por los elementos en apariencia más “reaccionarios” como pequeños comerciantes. Eso sin duda, junto con el trabajo asambleario, influyó en la solidaridad total con los detenidos, que se extendió hasta otra acción encomiable: acudir a las sucursales bancarias para que retiraran las denuncias contra esos detenidos. Una lucha política seria incluye necesariamente esa solidaridad, cuidado y recuerdo permanente de los secuestrados por el poder.
Y por último nos detendremos en otro aspecto de lo allí vivido de mucha trascendencia, aunque también sea obviado o poco considerado por la mayoría de las luchas. Se trata de la momentánea ruptura del espectáculo, entendido como forma de dominación esencial del régimen, ruptura realizada desde dentro. No nos cabe la menor duda de que los vecinos de Gamonal debieron de sentir durante esos memorables cuatro días y noches de revuelta, acción conjunta y directa y vida comunitaria, lo mismo que otros sentimos durante la acampada de Sol y que otros sintieran en revueltas y levantamientos colectivos similares: la sensación de estar viviendo la vida real, la vida auténtica, sin intermediación ninguna de los instrumentos inter y intrasubjetivos del poder (televisión, radio, internet, etc.), la sensación de libertad pública, colectiva y compartida, que no es sino un ramalazo de utopía transportada súbitamente a nuestras vidas y vivida de pronto con la estupefacción de un buen sueño. Eso (experiencia viva de la lucha y de lo otro posible) queda para siempre en las mentes y corazones de quienes lo han vivido, y fue puesto en palabras cabales y perfectas por uno de los vecinos de Gamonal en la primera asamblea: “¡Vecinos! ¿De verdad queremos volver a nuestras vidas amargas de hace unos días, esos días en los que nos veíamos como desconocidos? ¿O queremos crear algo fuerte?”[3]. Ese contraste radical entre la vida amarga dentro del Régimen y su diaria opresión y la vida fuerte, la vida auténtica y siempre ahí escondida y subyacente, que nos abre un mundo ilimitado e inimaginable de relaciones, situaciones y experiencias diametralmente distintas a la vida “normal”, y que se nos revela a veces en iluminaciones liberadoras, es subrayado de manera brutal cada vez que se produce uno de estos levantamientos y subversiones, y son como verdaderos destellos que alumbran el camino hacia la libertad verdadera. Por decirlo así, son incursiones extremas del principio del deseo y del placer sobre el principio de realidad, o por decirlo de otra manera, incursiones extremas y placenteras de lootro sobre la espesa normalidad imperante.
La dinámica de Gamonal se reprodujo unos cuatro meses después con el desalojo del centro okupado Can Vies, en el barrio de Sants en Barcelona. Esta réplica en el tiempo, que incluyó una defensa durante varios días del territorio, con enfrentamientos con fuerzas del orden y presión sobre las autoridades, careció en un principio de la cohesión social de la de Burgos, y pareció promovida en mayor medida por una cierta pequeña vanguardia. El asamblearismo vecinal fue dejado de lado en este caso, pero el apoyo vecinal estuvo presente tanto en los días posteriores al desalojo como en los de la re-okupación, donde quedó patente la irradiación del centro dentro del barrio de Sants y la respuesta retroalimentadora de la comunidad para defenderlo y reconstruirlo. Las dinámicas de resistencia volvieron a traer consigo una pequeña victoria sobre el sistema.
En definitiva, lo sucedido en Gamonal es una muestra de que cuando la comunidad actúa como comunidad horizontal y cohesionada, borrando toda diferencia de clases y de ideologías, es capaz de erosionar, socavar y abrir un boquete real en el muro del poder, pero sobre todo en el mundo de relaciones interpersonales, subjetivas, políticas, económicas y sociales que constituye el capitalismo (lo que en otros sitios hemos denominado “capitalismo del espíritu”). La combinación armónica y radical de asamblea-comunidad y discurso, masa-manifestación y acción-ataque parece presentar una ecuación con un futuro bastante halagüeño en la lucha actual. Y su ejemplo deja bastante claro que no se debe tener miedo a la contundencia a la hora de esa lucha, pues se ha demostrado que, cuando va acompañada de unidad, legitimidad y justicia, es un argumento de enorme peso en el conflicto contra el poder (o los poderes).
Jesús García Rodríguez
Salamandra 21-22
Grupo surrealista de Madrid
http://www.gruposurrealistademadrid.org/
________________________________________
[1]Instrucciones de uso para el Rapto nº 7
[2] Esa gazmoñería no es atribuible al “15M” en su conjunto: acciones como la toma del Parlament o el asalto a los ayuntamientos o la visita del Papa a Madrid y otras lo demuestran.
[3] Ver http://www.publico.es/actualidad/495429/gamonal-no-quiere-volver-a-su-vida-amarga-y-continuara-con-las-protestas
El efecto Gamonal. COMUNICADO de la Asamblea de La Maldita contra la criminalización. Apuntes críticos sobre el mismo
Nota de la REDACCIÓN:
no necesariamente estamos de acuerdo con todo el contenido de los siguientes textos,
pero vemos interesante la reflexión
sobre lo ocurrido y LO QUE ESTÁ OCURRIENDO
y de estas líneas puede surgir
perfectamente un debate más amplio
en otros sitios y experiencias de lucha]
Comunicado de la Biblioteca Anarquista La Maldita sobre la manipulación en torno a las revueltas en Gamonal.
La basura periodista, como una
policía más (no nos engañáis con vuestro rollo de “periodista inocente
que sólo hace su trabajo con la sana intención de informar”, ¡no sois
más que maderos!), señala, apunta y dispara con sus plumas contra un
barrio que se ha rebelado de manera espontánea pero al mismo tiempo
sólida y convencida, y contra las políticas especulativas de un
consistorio corrupto y entregado a los intereses de constructoras y
empresarios. Un barrio que ha iniciado un camino hacia la autonomía y la
vida más allá de las instituciones y del poder, poco a poco
construyendo su propia vida en asambleas que fortalecen el movimiento,
respetando y debatiendo opiniones, y hasta okupando recientemente un
local abandonado para crear un Centro Social Autogestionado para el
barrio donde albergar iniciativas y actividades antagonistas y continuar
avanzando en la revuelta que han comenzado y que, para lo bueno y lo
malo, ha contagiado, instigando movilizaciones en otras ciudades, donde
la policía aplicó su misma política represiva recibiendo en muchos cass
la misma respuesta, porque la contra-violencia, las piedras y la rabia
es el único lenguaje que estos psicópatas uniformados, enfarlopados y
armados parecen entender.
No es mi intención idealizarlo, y
mantengo mis distancias y diferencias con algunos aspectos de la lucha
que se está dando en este barrio burgalés y mis afinidades no están con
todxs sus participantes (entre lxs que se cuentan tanto anarquistas o
comunistas como sindicalistas o incluso votantes o ex-votantes del PP y
el PSOE), pero reconozco en ellxs valor, honestidad y un cierto sentido
de comunidad antiautoritaria, organizada en asambleas horizontales donde
cada persona se representa a sí misma y el consenso es el motor que
guía las decisiones colectivas. De todas formas, puesto que no estoy
allí y la información con la que cuento es tomada del portal Diario de Vurgos
o compartida por individualidades anónimas presentes en el conflicto
que han escrito algunas veces al e-mail del blog aportando datos y
noticias dispersas, no me corresponde a mí el hacer valoraciones ni el
calibrar el alcance de estas posibilidades que han emergido de las
ruínas tras la enésima tomadura de pelo de los poderosos, y por ello
creo que nadie mejor que las personas de la propia ciudad y envueltas en
el conflicto para informar.
Dejo por lo tanto el comunicado de la
Biblioteca Anarquista La Maldita sobre la execrable labor de
manipulación que los medios han llevado a cabo desde el principio contra
esta lucha y contra lxs vecinos y vecinas que participan en ella.
———————-
Responder a
acusaciones y calumnias no es ni agradable ni creativo, sin embargo nos
sentimos obligadxs a hacerlo porque otrxs han hablado sobre nosotrxs.
Decir que no nos emociona demasiado y en gran parte es una pérdida de
tiempo. Por eso dejaremos bien explícito que no vamos a responder a cada
intoxicación, ni vamos a entrar en diálogo ni con la policía ni con lxs
periodistas; sólo pretendemos dejar unas cosas claras.
Los medios de comunicación han tenido
constantes intentos de manipulación: primero lxs de fuera, luego lxs
profesionales de los disturbios, antisistema y radicales, que si lxs
anarquistas….
Estamos en la calle, no somos espectáculo.
Es insultante a la inteligencia para
nosotrxs y para lxs demás vecinxs, lo de atribuir “liderazgos” o
“manipulaciones”, sobre todo cuando sucede en la horizontalidad,
espontaneidad e igualdad.
No seremos quienes hagamos el
análisis de qué sucede y sucedió en Gamonal porque no nos corresponde
para defendernos y no tenemos por qué analizarlo desde esta posición.
Somos vecinxs y solidarixs.
No tenemos ningún motivo para
escondernos, nuestrxs vecinxs saben quiénes somos, cómo pensamos y cómo
actuamos. Participamos, compartimos y respetamos las decisiones.
No podemos decir lo mismo ni de
policías ni de periodistas, ellxs están ahí por un sueldo, como
mercenarixs, lxs primerxs tratando de ver cómo reprimir y vigilar y lxs
segundxs en busca de carnaza y morbo sensacionalista.
La Biblioteca Anarquista la Maldita
lleva 5 años y medio en el barrio, y de presencia con carteles,
jornadas, proyecciones, charlas… No es nada nuevo, la gente sabe lo que
hacemos y quiénes somos. Tampoco es por casualidad que la Maldita esté
en Gamonal, barrio obrero y pobre, de luchas vecinales y solidaridad en
lo cotidiano.
Esto es una parte más de toda la
represión que hemos visto días atrás, algo más que sumarle a los
porrazos, a las detenciones, las provocaciones, los seguimientos o la
chulería de la policía.
Las luchas no son legales o ilegales, son justas.
Seguiremos, ni un paso atrás
Biblioteca Anarquista la Maldita
_____________________________________________________
Recibimos y publicamos:
APUNTES CRÍTICOS SOBRE EL “EFECTO GAMONAL”
Estas notas surgen de la necesidad de comprender y dar sentido, de contribuir a los esfuerzos que se multiplican por encontrar la claridad y la fuerza, para cambiar la realidad existente.
Quiere
ser un añadido al artículo de la Corriente Comunista Internacional:
“Asambleas y Solidaridad” (se adjunta) sobre las luchas del barrio
Gamonal en Burgos y sus correlatos solidarios, y también una reflexión
desde esas mismas expresiones de solidaridad que se han dado y que su TV
ha llamado el “efecto Gamonal”.
LA EJEMPLAR LUCHA DE GAMONAL
Poco
más que decir, que no se diga en el artículo reseñado y adjuntado,
comparto plenamente su contenido: la importancia de esta lucha reside en
su carácter SOLIDARIO Y AUTOORGANIZATIVO. Lo grave es no entender esto
como su componente fundamental y perderse en los elementos trasversales y
de carácter (muchas veces) estético.
Si
está lucha tiene mucho que enseñarnos, si puede ser tomada como
ejemplo, es por que entronca con los valores y contenidos de la lucha
autónoma de la Clase obrera (la de verdad, la de carne y
hueso, no las fantasías heroicas de los izquierdistas), su carácter,
abierto, solidario, unitario, asambleario, que enfoca la lucha de clases
desde la cotidianidad y que hace que fácilmente todos los explotados
podamos reconocernos de esa lucha, podamos no solo ponernos en la piel de los que luchas, sino sentir que somos parte de esa piel.
El “EFECTO”
Ha habido respuestas solidarias en otras ciudades, que han reproducido manifestaciones e incidentes.
Lo
primero es aplaudir la solidaridad y la espontaneidad, lo que nos
indica de que Gamonal no es una isla, que hay un reflejo y una empatía,
que aún con pocas fuerzas, muchos seguimos sintiéndonos parte de una
comunidad humana que lucha y se siente parte de la lucha de sus
hermanos.
No
obstante, más allá del impulso, del reflejo sano de la solidaridad, a
esta le ha faltado contenido, se ha copiado parte de las formas pero se
nos ha “pasado” lo de “dentro”: reproducir la autoorganización y las
asambleas.
LA FUERZA DE LA LUCHA DE GAMONAL NO RESIDE EN LOS ALTERCADOS CALLEJEROS: RESIDE EN SU AUTOORGANIZACIÓN Y UNIDAD.
LA MISTIFICACIÓN DE LA ALGARADA
Los sectores que han promovido y participado en las respuestas solidarias con Gamonal, principalmente jóvenes, han tenido la inteligencia y la intuición de responder con rapidez pero, todavía les falta sacar las lecciones más importantes de estas luchas.
Un
poco o un mucho, se ha reproducido los hechos espectaculares de la
lucha, los enfrenamientos callejeros con la policía, los contenedores
volcados,…
Esto
no es grave, no lloramos por cuatro contenedores y reconocemos la
necesidad de actuar con contundencia cuando es necesario, es más,
sabemos que la lucha del proletariado es una lucha necesariamente
violenta contra el capital. PERO:
- El
enfrentamiento en la calle, no es un fin en sí mismo, puede ser una
necesidad para defenderse de los ataques de la policía o elementos
parapoliciales, para defender las asambleas, las manifestaciones, los
locales,… o la necesidad de dar una respuesta contundente y
clara; pero no es un fin en si mismo, la tarea fundamental de las
minorías revolucionarias es contribuir a la unidad, y
autoorganización de los explotados, a la profundización de su conciencia
y a que sean los sujetos de las luchas por encima de cualquier
dirección externa; propiciando y participando activamente en los
espacios
donde podemos encontrarnos como Clase, reconocernos, aclararnos y
organizarnos. La capucha es útil para que el enemigo no nos reconozca,
pero es un obstáculo para reconocernos entre nosotros.
- Utilizar
las manifestaciones, más o menos espontaneas, para reproducir
enfrentamientos con la policía, puede caer en una dinámica dirigista,
reproduciendo la división entre dirigentes y dirigidos que nos impone
este sistema. Hay que contar con el otro, no como bulto que encubre
nuestros objetivos, sino como parte de un todo que aporta y debate, en
un complejo proceso de clarificación. No nos “usemos” como “carne de
cañón”, por muy loables que sean nuestros objetivos. Nuestra lucha no
puede ser, ni de lejos, un calco de los métodos del Capital.
- La
idealización de la violencia nos separa de nuestros fines, deseamos una
sociedad nueva, un mundo nuevo. Nuestro deseo no es pasarnos la vida
quemando contenedores, sino cambiar la vida y trasformar el mundo, un
mudo donde la violencia no tenga sentido, como contraposición a este
mundo donde todo se vehicula a través de ella. Para los revolucionarios
la coherencia entre medios y fines es algo fundamental. Esta
incoherencia puede ser aceptada por la extrema izquierda (marxistas
leninistas y estalinistas varios) como alter ego que son del discurso
del capital, pero no por quien realmente desea una sociedad sin clases y
sin Estado,
una sociedad realmente humana. Cierto que el pacifismo es totalmente
ajeno a nuestra lucha, pero la violencia sin más, como único sentido de
la lucha, también. Es necesario dar contenidos a la lucha, profundizar y
clarificar, hablar entre nosotros (los explotados) y escuchar, sin
encasillar, a nadie, tampoco a quienes (la mayoría, si nos
vamos a la calle) no entienden o les cuesta compartir ciertas acciones.
Son nuestra gente, no lo olvidemos.
En
parte estos errores, el perderse en esa “propaganda por el hecho”, sin
profundizar, vienen dados por el inmediatismo, por la necesidad de
encontrar la forma de cambiar rápidamente una realidad que nos asfixia.
Copiamos en esto un componente de la sociedad actual: la rentabilidad.
“Las asambleas son largas, y tediosas (en ocasiones) quizás mediante la
“acción callejera” la gente despierte y todo sea más rápido”. Es cierto,
el proceso de toma de conciencia puede ser lento y en ocasiones
dispararse y crecer rápidamente, para luego retroceder; depende de la
confianza y de un sinfín de fenómenos que no podemos controlar. Pero no
podemos sustituirlo por “formulas mágicas”, sin sustituir la acción
directa de las masas, sin convertirnos en una nueva jerarquía sobre las
masas. No olvidemos
que “la emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores
mismos o no será”.
Se
puede argumentar que las manifestaciones “pacíficas” y controladas por
partidos, sindicatos y similares, no llevan a nada, que nada cambia, será
verdad, pero otorgar a la violencia un efecto mágico y trasformador es
mistificador. La violencia sin contenido (o con un contenido poco claro)
es manipulable y asimilable. En Grecia poco se ha podido cambiar
después de cientos de batallas campales y la autoorganización de las
masas no está a la orden del día; los mineros (dirigidos por los
sindicalistas) no han podido frenar los ataques y despidos, a pesar de
haber mostrado una determinación y valor en la lucha notable. En Ucrania
se reproducen por doquier enfrentamientos, cercanos a la guerrilla
urbana, pero esos medios (con los que muchos simpatizan) solo esconden
la pugna por el
poder de dos fracciones de la burguesía (a cual más repugnante) una
tiene a la policía, la otra a los manifestantes.
La
mística liberadora de la violencia es una falacia. Aunque sea necesaria
en el proceso de lucha, es un aspecto secundario y cualquier forma de
violencia no puede ser aceptada por el proletariado. Por otra parte, la
violencia que más teme este sistema no es la que rompe cuatro cristales,
es la impugna su poder y le hace frente, la que desarrolla el actuar
consciente, masivo, unido, solidario y autoorganizado de todos y para todos.

Tejiendo redes de solidaridad y de lucha
hacia la revolución social,
anticapitalista e internacional.
Por el combate en el ámbito laboral
Dossier "por el combate en el ámbito laboral" by Valladolor on Scribd
SOLIDARIOS DE LA SANIDAD PÚBLICA
De la memoria reciente de la lucha de clases
Valladolor no admite comentarios
La apariencia como forma de lucha es un cancer
El debate esta en la calle, la lucha cara a cara
Usandolo mal internet nos mata y encarcela.
Piensa, actua y rebelate
en las aceras esta el campo
de batalla.
si no nos vemos
valladolorenlacalle@gmail.com




