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[Folleto] Por una política del proletariado y para el proletariado
“Somos una organización que surge ante la necesidad
de comunicación, coordinación y centralización de grupos proletarios
que, aún de forma minoritaria, mantienen un referente teórico-práctico
abiertamente clasista. Esto no nos convierte en una organización ajena
al movimiento real del proletariado que busque afiliados “a los que
organizar”, o en una “vanguardia” separada del proletariado que limite a
éste a un papel secundario de apoyo a su actividad, ni mucho menos en
un grupúsculo contemplativo que marque el camino que deban seguir otros.
Muy al contrario, nosotros somos parte integrante del movimiento
proletario que intenta imponer las necesidades humanas, y
es en este sentido que encaminamos nuestra actividad hacia la profundización en el antagonismo de clases, en hacer ver éste de la forma más clara posible tratando de evitar que el movimiento proletario de negación y superación de lo existente sea recuperado por la burguesía y canalizado hacia cauces sindicalistas, politicistas, nacionalistas, localistas, racistas, religiosos, ecologistas, feministas, pacifistas, ciudadanistas, indigenistas, antimilitaristas, tercermundistas, alter mundialistas, etc. es decir, dirigimos nuestra actividad hacia el auto-reconocimiento del proletariado como clase con intereses autónomos y antagónicos respecto a la clase enemiga, la burguesía, que lo lleven a constituirse en fuerza centralizada a nivel mundial abiertamente enfrentada al capitalismo y sus aparatos.
es en este sentido que encaminamos nuestra actividad hacia la profundización en el antagonismo de clases, en hacer ver éste de la forma más clara posible tratando de evitar que el movimiento proletario de negación y superación de lo existente sea recuperado por la burguesía y canalizado hacia cauces sindicalistas, politicistas, nacionalistas, localistas, racistas, religiosos, ecologistas, feministas, pacifistas, ciudadanistas, indigenistas, antimilitaristas, tercermundistas, alter mundialistas, etc. es decir, dirigimos nuestra actividad hacia el auto-reconocimiento del proletariado como clase con intereses autónomos y antagónicos respecto a la clase enemiga, la burguesía, que lo lleven a constituirse en fuerza centralizada a nivel mundial abiertamente enfrentada al capitalismo y sus aparatos.
Queremos ser un espacio de encuentro práctico de las potencialidades revolucionarias presentes.”
La pobreza no es un sinónimo de la sangre que circula por nuestras venas, sin embargo, los seres humanos nos hemos encarnizado considerando que la desigualdad es un sinónimo de la sangre que tenemos en diversos lugares del mundo. Unos no deberían tener más derechos que otros, esa es la utopía humana y la teoría que nos empeñamos en perseguir, pero que seguimos saltándonos como sucede con todas las utopías humanas.
En España, la situación de la comunidad gitana va avanzando, dando pasos firmes y en primera persona, lo sabemos porque lo vemos. Los gitanos y sobre todo las gitanas, hablan dando voz a los que no pueden hacerlo debido a la pobreza, la exclusión social, la precariedad laboral o el anonimato.
Debemos hacerlo bien porque no hay otro camino, no podemos permitirnos seguir tropezando y seguir lamentándonos ya que eso tiene un precio: perpetuar la desigualdad.
La desigualdad es una realidad humana que le lleva siglos de ventaja a la igualdad ¿será posible alcanzarla entonces?
El dinero es un culpable protagonista, ya que en torno a él se concentran las peores condiciones humanas. Muchos consideran que la pobreza es un sinónimo de sangre, de identidad, de una condición humana que se perpetúa en unos más que en otros.
En la actualidad, no tenemos dudas acerca de que se responsabiliza más al débil de su escasez que al poderoso de su corrupción (…) y en indudables casos, las condenas son cumplidas por los que no pueden permitirse eludirlas debido a la pobreza en la que viven.
La delincuencia no es sinónimo de sangre. Cometer fechorías no va ligado a ser gitano ¿es posible que las personas que lo afirman desliguen ambas significaciones? El día que eso suceda todos saldremos ganando, no dudemos de ello.
¿Por qué motivos nos enfrentamos gitanos y no gitanos al perseguir la igualdad entre personas? Solemos resaltar más la diferencia despectiva hacia “un rival”, en lugar de apuntar hacia una igualdad respetuosa y enriquecedora, en cualquier dirección, ¿acaso es imposible?
No apostamos por una lucha entre rivales en la misma dirección. Apostamos por una lucha en común persiguiendo fines comunes porque en este país las personas que luchamos por la igualdad gitana real, invertimos demasiado tiempo discutiendo acerca de las diferencias y apenas sobre las similitudes que nos convierten en lo que somos realmente: personas de carne y hueso. Basta ya.
Defendemos mirarnos a los ojos al mismo nivel: el mismo. Para hablarnos, entendemos que esta idea es elemental y no lo será nunca si la desigualdad existe entre alguna de las personas que la defendemos, de cualquiera de sus miembros.
[del editorial de la revista AMARÍ, nº 7, http://www.amarirevista.com/2017/04/07/no-circulan-por-las-venas-pobreza-ni-delincuencia/ ]AMARÍ, Revista cultural gitana: http://www.amarirevista.com/
SIGUE A GITANOS MARXISTAS en twiter: https://twitter.com/aecgmarxistas?lang=es
Sobre la falta de rigor analítico en nuestros medios
“Me dirijo, en esta forma, a las individualidades colectivas,
tanto como a las colectividades individuales y a los que,
entre unas y otras, yacen marchando al son de las fronteras o,
simplemente, marcan el paso inmóvil en el borde del mundo.”
César Vallejo, Poemas en prosa. Conscientes de la necesidad de
una transformación radical del actual sistema económico, y
conscientes de que tal transformación implica un choque
frontal con los intereses del mercado internacional, con los
intereses de las oligarquías de cada Estado-Nación, y contra
la integración cada vez más acentuada del proletariado,
consideramos de suma importancia la puesta a punto y
desarrollo de la capacidad analítico-científica, artística y
revolucionaria, y su articulación en un movimiento con unas
capacidades defensivas superiores a la maquinaria de guerra
que posee el Capital. Para tales fines es necesario evitar
tanto el exceso de culturalismo proveniente de capas de la
sociedad que vinculadas a movimientos alternativos mantienen
aún una cultura burguesa bajo la máscara del nihilismo o
revolucionarismo, como el exceso de anti-intelectualismo
proveniente de egos minusválidos que tratan de encubrir su
minusvalía bajo la máscara de una ideología de la acción.
Ambas posiciones sólo conducen al bloqueo y liquidación de
cualquier posibilidad de una auténtica acción dirigida a la
construcción de los elementos necesarios para provocar el
cambio social; tan sólo tienden a reproducir la última moda en
anti-moda y la miseria cotidiana de lo mismo que
pretendidamente se trata de transformar, esto es, las formas
actuales de dominación. Tales excesos y desviaciones burguesas
hacen que se desatienda el trabajo de la verdadera cultura
proletaria, que parte del trabajo explotado y ha de tender a
la revolución comunista. El resto son pamplinas. Para los
proletarios, cualquier tipo de formación que no vaya
encaminada a fortalecer y desarrollar la lucha de clases, es
un desvío hacia el individualismo burgués. Estamos hasta los
cojones de hijos de concejales corruptos o hijos de
empresarios que viven “alternativamente” y montan sus negocios
de “comercio justo”, o que se convierten en pequeños
productores hortelanos de cultivo “ecológico”, para luego
lanzar lo que producen al mercado –todo ello, claro está, con
el colchón auxiliar del nido familiar o alguna sabrosa
subvención estatal; así es fácil-. Para los proletarios
salvajes no hay comercio justo, sino justo el comercio que
queremos destruir porque nos explota, bajo la forma que sea.
Lo mismo nos da que nos estafen en un bar de pijos que en otro
que tenga una foto del Che en la pared. También estamos hasta
las narices de gilipollas que tienen que hacerse 10.000 u
8.000 kilómetros para darse cuenta de la miseria que hay en el
mundo y que caen en el más absurdo relativismo defendiendo por
ejemplo el derecho de una iraní a ser una reaccionaria; como
si no hubiera gente en su país encantada de serlo, ni muertos
de hambre, ni miseria... y no hacemos esta crítica por no ser
internacionalistas, sino porque lo somos; tampoco
menospreciamos la labor del voluntariado que le da por ayudar
a otra gente a mejorar sus condiciones de vida, simplemente no
queremos ver delante a aquellos que pecando del más flagrante
etnocentrismo utilizan los foros izquierdistas
chachis-megaguais para contarnos que el mediterráneo existe.
Para nosotros, los comunistas sin partido, las apreciaciones
izquierdistas sobre el proletariado resultan dañinas respecto
al objetivo de emancipación social. El izquierdismo sigue
siendo la enfermedad infantil del comunismo, pues no responde
a las condiciones objetivas y sigue evidenciando su
incapacidad de aplicación práctica de sus adorados y sectarios
principios. Pruebas de la falta de apreciación de las
condiciones objetivas del proletariado por parte del
izquierdismo las encontramos en afirmaciones como que el
“ser-proletario” y la lucha de clases ya no existen. Señores
izquierdistas posmodernos, vayan a decirle a un hipotecado
obrero de la construcción que el “ser-proletario” no existe, a
ver qué les contesta... El que haya gente perteneciente al
proletariado que sea feliz con su hipoteca o que tengan un
nivel adquisitivo mayor que las capas más bajas del mismo, no
cambia su condición de proletarios, otra cosa es que sean
malos obreros... Las putas de lujo, no por ser de lujo dejan
de ser putas... En tales apreciaciones, existe por parte del
izquierdista una tremenda confusión entre lo que es la
conciencia de clase, el proletariado y la lucha de clases.
Tales nociones se pueden reinterpretar lo que se quiera, pero
siguen manteniendo, bajo distintas formas, la actualidad y
vigencia tal como aparecieron en la obra de Karl Marx;
cualquier otra interpretación es revisionismo barato e
intoxicador. Y esto vale tanto para el izquierdismo como para
los actuales partidos comunistas oficiales, los cuales
demuestran su inutilidad y anacronismo, incapaces de librarse
del aparataje burocrático que les otorga el poder sobre la
militancia. En lugar de limitarse a pasear retratos de Lenin
(e incluso de Stalin los muy inmorales) mejor aprendieran algo
de estrategia; claro que hay Secretarios Generales que están
muy cómodos con su vida de puteros cocainómanos. Los actuales
partidos comunistas realmente flaco favor le hacen al
comunismo, cosa que llevan demostrando con sus constantes
traiciones desde que usurparon los términos y las acciones del
conjunto social obrero y se dedicaron a liquidarlo al
someterlo a los intereses del Partido... A continuación, vamos
a dar las definiciones pertinentes para evitar confusiones.
Tales definiciones, lejos de ser antiguallas de la tradición
marxista, siguen siendo verdaderas e indiscutibles. Lo que sí
es discutible son las formas bajo las que aparecen hoy día,
que gran parte del proletariado de los países europeos vive
totalmente integrado en el bienestar de la ideología del
consumismo, y la lucha de clases cobra formas subrepticias
cada vez más sutiles, lo que genera más y más alienación entre
la clase obrera –el campesinado y ganaderos tradicionales, al
estar en contacto directo con la producción de los bienes de
uso del sector primario, están menos sometidos a la
alienación, pero eso lo dejamos para otra ocasión. Vayamos con
las definiciones... Capitalismo: sistema económico dentro del
cual los medios de producción y el aparato de distribución de
bienes están en manos de algunos poseedores, los capitalistas,
y los manejan a su arbitrio con fines de lucro. El capitalismo
genera así la lucha de clases al introducir la explotación en
el cuerpo social. El capitalismo produce una acumulación de
capital que conduce a los monopolios y a la creación de la
oligarquía financiera, es decir, al poder y la dominación de
unos cuantos banqueros. El desarrollo de los monopolios
conduce al imperialismo, que es la última fase del
capitalismo, en la que se pone más en evidencia su principal
contradicción: la que existe entre el trabajo que es social,
realizado por muchos, y el capital, medios de producción que
pertenecen a unos pocos. Explotación: dominación de una clase
social sobre otra a partir de la apropiación del trabajo
impago, del tiempo de trabajo excedente y del plusvalor. En el
capitalismo, aunque la clase trabajadora logre salarios
“altos”, sigue siendo explotada. Clases sociales: grandes
conjuntos de seres humanos que comparten un mismo modo de vida
y una misma condición de existencia. Se diferencian, se
enfrentan entre sí, construyen su propia identidad social y se
definen tanto por su posesión o no posesión de los medios de
producción como por sus intereses, su cultura política, su
experiencia de lucha, sus tradiciones y su conciencia de clase
(de sí mismos y de sus enemigos). Las clases explotadoras
viven a costa de las explotadas, las dominan y las oprimen,
por eso están en lucha y conflicto permanente a lo largo de la
historia. Proletariado: conjunto de la clase obrera cuyos
medios de existencia dependen por completo de la venta de su
fuerza de trabajo, y no de los beneficios del capital. Los
proletarios carecen de todo medio de producción, ya que no son
propietarios de las máquinas ni de la tierra que trabajan. Por
esto no pueden trabajar por su cuenta, sino que dependen
totalmente de la demanda de trabajo, lo que les pone a total
merced de los capitalistas. Por ello, el proletariado es la
clase más explotada por el sistema capitalista, y por ello
mismo es la única clase verdaderamente revolucionaria. Lucha
de clases: conflicto histórico entre grandes conjuntos de
individuos. Esta confrontación divide a la sociedad en
opresores y oprimidos: esclavistas y esclavos, patricios y
plebeyos, señores feudales y siervos de la gleba,
terratenientes y campesinos, burgueses y trabajadores; entre
poseedores y desposeídos de los medios de producción. Esta
contradicción impulsa el desarrollo de la historia, desde que
ésta es historia de la dominación. Marx demostró cómo toda la
existencia de estas clases esta estrechamente relacionada con
el grado de desarrollo de la producción en una época
determinada. Conciencia de clase: Identidad cultural y
comprensión política, pensada, vivida y sentida por cada grupo
social sobre sus intereses a largo plazo. No se adquiere ni se
logra por decreto, sino a partir de experiencias históricas,
tradiciones y luchas políticas. Nunca está dada. Jamás
preexiste. Se va construyendo a partir de los conflictos. La
mayoría de las veces se genera a saltos. Cuando se logra, la
clase trabajadora puede pasar de la necesidad económica a la
voluntad política. La conciencia de clase es parte beligerante
en la lucha de clases. Empezar a construirla es comenzar a
ganar la lucha. Alienación: [ = enajenación]: Proceso
histórico-social en el cual el producto del trabajo humano se
independiza, se vuelve autónomo, escapa al control racional y
termina siendo hostil contra su creador. Aunque Marx los
utiliza como sinónimos, etimológicamente “alienación” tiene un
origen psicológico y “enajenación” económico. Hegel define
“alienación” como “otro distinto de sí mismo”. En Hegel su
contenido no es negativo. En Marx, sí. Además de una pérdida,
expresa el desgarramiento, la escisión y la fragmentación del
ser humano. Algo está alienado o enajenado cuando ya no nos
pertenece. Ideología: En el marxismo “ideología” tiene dos
significados distintos: [1] concepción del mundo que implica
una determinada perspectiva de vida ligada a los intereses de
las clases sociales, una escala de valores, junto con normas
de conducta práctica. [2] Falsa conciencia, obstáculo para el
conocimiento de la verdad, error sistemático, inversión de la
realidad por compromisos con el poder establecido. El marxismo
es una concepción ideológica del mundo vinculada a los
intereses de los trabajadores (significado [1]) que cuestiona
toda falsa conciencia ideológica de la burguesía (significado
[2]). “Padecemos en la medida en que somos una parte de la
naturaleza que no puede concebirse por sí sola, sin las demás
partes.” Spinoza, Ética demostrada según el orden geométrico.
Los conceptos definidos, si bien se pueden ajustar más o
menos, son rigurosamente fieles a la realidad analizada y
establecen las condiciones objetivas desde las que toda
crítica que se pretenda rigurosa, tanto del sistema
capitalista como del movimiento obrero, debe partir si no
quiere alejarse del conocimiento verdadero y transformador de
la realidad. Y afirmamos esto con la serenidad de no caer en
un detestable dogmatismo que flaco favor le hizo a la
tradición marxista. Hoy, que decir la verdad se ha convertido
en un acto revolucionario, no tememos pecar de violentos ni de
intolerantes para con la ideología (en tanto que falsa
conciencia) que pretende la negación y bloqueo de cualquier
investigación auténticamente científica en base a un
pretendido humanismo y una hipócrita tolerancia, que no tiene
vergüenza de reivindicar su derecho a expresarse libremente
mientras pone en la picota cualquier análisis serio de la
realidad social, mientras viven de los beneficios de las
empresas de sus antepasados. Son los mismos perros que desde
su autocomplacencia burguesa piden caridad cristiana para con
los muertos de hambre y represión para los que ponen en
cuestión su reducida racionalidad que no es otra que la que
genera y planifica las carencias y necesidades. Estos mierdas
nada quieren saber de la solidaridad –actividad y concepto que
desgraciadamente brilla por su ausencia también en los medios
obreros. Hoy día los herederos de los intelectuales de
izquierda buscan privar a los trabajadores de los instrumentos
de emancipación, informándonos de que el proyecto de los
enciclopedistas ha muerto, que debemos abandonar las ilusiones
de la ciencia y de la racionalidad –un mensaje que llenará de
gozo a los poderosos, encantados de monopolizar esos
instrumentos para su propio uso-. De este modo, el
posmodernismo ha contagiado a gran parte de la población con
el síndrome de inmunodeficiencia mental, que aniquila nuestras
defensas racionales, haciéndonos vulnerables a cualquier idea
inadecuada, por débil que sea. Cabe recordar que este síndrome
tiene vacuna y prevención: el uso de la razón. Con el repaso
de estas nociones pretendemos colaborar en la recuperación de
la conciencia de clase del proletariado, piedra angular para
cualquier movimiento real que pretenda subvertir el estado de
cosas imperante. Por eso, aunque se pueda decir con otras
palabras que no suenen a tiempos pasados, volvemos a tales
categorías ante la desorientación que muchos pretendidos
compañeros padecen a la hora del análisis social. Cierto es,
como decíamos líneas arriba, que en el capitalismo más
avanzado, la propia evolución técnica de la producción ha
conducido a una amplia diversificación profesional, y
consecuentemente a ella, a una compleja estratificación
social. Entre la burguesía capitalista y la última escala del
proletariado existe una variada gama de subclases (pues se
derivan unas de otras) o grupos sociales que, aunque todas son
clases explotadas, poseen niveles económicos y culturales muy
distintos, lo que provoca que entre ellas apenas haya un débil
sentimiento de solidaridad. La consecuencia inevitable de esta
nueva estructuración social que se forma bajo el
neocapitalismo, es que la revolución proletaria no puede
surgir espontáneamente y condicionada únicamente por
motivaciones económico-sociales, sino que hace falta además un
elemento considerable de actividad y voluntad
político-ideológica; es decir, hace falta una clara toma de
conciencia por parte de todas las clases subyugadas de una u
otra forma, de que cada vez es más necesaria una lucha
decidida por un mundo más humano y más justo en el que no sean
posibles el hambre y la pobreza, las guerras, la tiranía... y
que ello sólo podrá conseguirse con la eliminación
revolucionaria del capitalismo. Claro que tal toma de
conciencia, fácil en los proletarios menos favorecidos, sólo
será realizada de manera significativa entre los proletarios
totalmente integrados y entre los pequeños propietarios y
autónomos cuando éstos empiecen a notar la pérdida de
bienestar y privilegios que el capitalismo irá continuamente
provocando con sus necesarias “vueltas de tuerca” para que las
oligarquías financieras y las corporaciones multinacionales no
pierdan terreno ante la posible ascensión de una clase media
fuerte que posee, gracias al avance tecnológico, sus medios de
producción –vinculados siempre al sector terciario-; esta
clase de privilegiados viven en una burbuja de aparente
autonomía. Y decimos de aparente autonomía porque dependen
totalmente del mismo sistema que les facilitó los medios de
producción, y por otro lado están totalmente separados del
sector primario y secundario sin percibir que una crisis
fuerte de ambos sectores echaría a pique su superficial modo
de vida. Queremos con ello apuntar que sólo cuando estos
grupos sociales empiecen a entrar en crisis porque ya no se
les deja “ascender” más socialmente, empezarán a tomar
conciencia de la condición objetiva en la que se encontraban y
será posible que pasen a luchar del lado del proletariado. Por
otra parte, la proletarización cada vez más intensa de
sectores que antaño gozaban de la protección estatal, como son
las instituciones académicas, y que su producción no estaba
directamente dirigida hacia la mercantilización, contribuirá
progresivamente a la toma de conciencia del movimiento de la
burguesía de privarnos de los medios que acabarían por
destruirla. La mercantilización y destrucción del sistema
educativo no es más que una evidencia de lo que decimos. Las
escuelas y las universidades cada vez se distinguen menos de
las cárceles y las fábricas. Trabajar por la conciencia de
clase hoy día supone librarse en primer lugar de los falsos
prejuicios de que tales términos y cosas no existen. Esto es
fácil entre los obreros y entre los que padecen día a día la
explotación laboral y la asfixia económica. Entre los
proletarios que gozan de una mayor flexibilidad económica la
cosa se complica y es dónde se encuentra la verdadera
problemática que bloquea la lucha de clases. ¿Cómo mostrar que
su bienestar es aparente y que se sustenta en los miles de
muertos del Capital? Dejamos abierta la cuestión. En lo que a
conciencia de clase se refiere, al contrario que Marcuse, no
confiamos en la potencia revolucionaria del
lumpenproletariado. Pues si bien es una subclase susceptible
de ser revolucionaria, ya que es la más explotada y la que más
padece la miseria, también lo es de ser contrarrevolucionaria,
cosa más fácil que la primera, ya que para quien vive en la
más absoluta miseria cualquier cosa le vale para conformarse.
Hoy es difícil que el lumpen devenga revolucionario, ya que
las aspiraciones del mismo son tenazmente burguesas y se
encuentra desplazado de la injusticia social de la producción,
por lo que desconoce lo malo del capitalismo y sólo conoce su
confort. Cabe recordar que los mineros asturianos que en 1934
participaron en la insurrección contra el Estado, eran los
mejor pagados de toda España, sin embargo quisieron ser dueños
de sus vidas y no esclavos de un salario, aunque esté les
asegurará unas condiciones de vida relativamente pasables
comparadas con las del resto del Estado, tenían conciencia de
lo que hacían. Sin embargo, fueron muchos los ignorantes y
pobres diablos desclasados que por un plato de lentejas
pasaron a integrar las líneas de las fuerzas de choque de la
reacción más bestial durante la guerra civil española. Por
último, consideramos de suma importancia la recuperación y el
trabajo de una noción duramente combatida por la actual
estructura social de la ideología dominante. Hablamos de la
solidaridad. El sistema capitalista fomenta una fuerte
ideología de la competitividad y de la lucha por la vida como
supervivencia del más fuerte, invirtiendo la “costumbre”
biológica que cabezona ella, hace que prime el funcionamiento
de solidaridad sobre el de lucha por la vida, en pro del
mantenimiento de la especie. En este sentido, la solidaridad
obrera es la ayuda material o moral que se expresa entre todos
los proletarios del mundo en un solo combate: el de la
liberación total de la clase proletaria. La ayuda económica a
los obreros en lucha es la forma más conocida de solidaridad,
pero no la más importante. La forma de solidaridad más
perfecta es el hecho de ponerse en lucha por el mismo hecho
que ha llevado a otros a la lucha de clases. U.H.P.
Este artículo proviene de Klinamen :: Portal por la autogestión editorial
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“Me dirijo, en esta forma, a las individualidades colectivas,
tanto como a las colectividades individuales y a los que,
entre unas y otras, yacen marchando al son de las fronteras o,
simplemente, marcan el paso inmóvil en el borde del mundo.”
César Vallejo, Poemas en prosa. Conscientes de la necesidad de
una transformación radical del actual sistema económico, y
conscientes de que tal transformación implica un choque
frontal con los intereses del mercado internacional, con los
intereses de las oligarquías de cada Estado-Nación, y contra
la integración cada vez más acentuada del proletariado,
consideramos de suma importancia la puesta a punto y
desarrollo de la capacidad analítico-científica, artística y
revolucionaria, y su articulación en un movimiento con unas
capacidades defensivas superiores a la maquinaria de guerra
que posee el Capital. Para tales fines es necesario evitar
tanto el exceso de culturalismo proveniente de capas de la
sociedad que vinculadas a movimientos alternativos mantienen
aún una cultura burguesa bajo la máscara del nihilismo o
revolucionarismo, como el exceso de anti-intelectualismo
proveniente de egos minusválidos que tratan de encubrir su
minusvalía bajo la máscara de una ideología de la acción.
Ambas posiciones sólo conducen al bloqueo y liquidación de
cualquier posibilidad de una auténtica acción dirigida a la
construcción de los elementos necesarios para provocar el
cambio social; tan sólo tienden a reproducir la última moda en
anti-moda y la miseria cotidiana de lo mismo que
pretendidamente se trata de transformar, esto es, las formas
actuales de dominación. Tales excesos y desviaciones burguesas
hacen que se desatienda el trabajo de la verdadera cultura
proletaria, que parte del trabajo explotado y ha de tender a
la revolución comunista. El resto son pamplinas. Para los
proletarios, cualquier tipo de formación que no vaya
encaminada a fortalecer y desarrollar la lucha de clases, es
un desvío hacia el individualismo burgués. Estamos hasta los
cojones de hijos de concejales corruptos o hijos de
empresarios que viven “alternativamente” y montan sus negocios
de “comercio justo”, o que se convierten en pequeños
productores hortelanos de cultivo “ecológico”, para luego
lanzar lo que producen al mercado –todo ello, claro está, con
el colchón auxiliar del nido familiar o alguna sabrosa
subvención estatal; así es fácil-. Para los proletarios
salvajes no hay comercio justo, sino justo el comercio que
queremos destruir porque nos explota, bajo la forma que sea.
Lo mismo nos da que nos estafen en un bar de pijos que en otro
que tenga una foto del Che en la pared. También estamos hasta
las narices de gilipollas que tienen que hacerse 10.000 u
8.000 kilómetros para darse cuenta de la miseria que hay en el
mundo y que caen en el más absurdo relativismo defendiendo por
ejemplo el derecho de una iraní a ser una reaccionaria; como
si no hubiera gente en su país encantada de serlo, ni muertos
de hambre, ni miseria... y no hacemos esta crítica por no ser
internacionalistas, sino porque lo somos; tampoco
menospreciamos la labor del voluntariado que le da por ayudar
a otra gente a mejorar sus condiciones de vida, simplemente no
queremos ver delante a aquellos que pecando del más flagrante
etnocentrismo utilizan los foros izquierdistas
chachis-megaguais para contarnos que el mediterráneo existe.
Para nosotros, los comunistas sin partido, las apreciaciones
izquierdistas sobre el proletariado resultan dañinas respecto
al objetivo de emancipación social. El izquierdismo sigue
siendo la enfermedad infantil del comunismo, pues no responde
a las condiciones objetivas y sigue evidenciando su
incapacidad de aplicación práctica de sus adorados y sectarios
principios. Pruebas de la falta de apreciación de las
condiciones objetivas del proletariado por parte del
izquierdismo las encontramos en afirmaciones como que el
“ser-proletario” y la lucha de clases ya no existen. Señores
izquierdistas posmodernos, vayan a decirle a un hipotecado
obrero de la construcción que el “ser-proletario” no existe, a
ver qué les contesta... El que haya gente perteneciente al
proletariado que sea feliz con su hipoteca o que tengan un
nivel adquisitivo mayor que las capas más bajas del mismo, no
cambia su condición de proletarios, otra cosa es que sean
malos obreros... Las putas de lujo, no por ser de lujo dejan
de ser putas... En tales apreciaciones, existe por parte del
izquierdista una tremenda confusión entre lo que es la
conciencia de clase, el proletariado y la lucha de clases.
Tales nociones se pueden reinterpretar lo que se quiera, pero
siguen manteniendo, bajo distintas formas, la actualidad y
vigencia tal como aparecieron en la obra de Karl Marx;
cualquier otra interpretación es revisionismo barato e
intoxicador. Y esto vale tanto para el izquierdismo como para
los actuales partidos comunistas oficiales, los cuales
demuestran su inutilidad y anacronismo, incapaces de librarse
del aparataje burocrático que les otorga el poder sobre la
militancia. En lugar de limitarse a pasear retratos de Lenin
(e incluso de Stalin los muy inmorales) mejor aprendieran algo
de estrategia; claro que hay Secretarios Generales que están
muy cómodos con su vida de puteros cocainómanos. Los actuales
partidos comunistas realmente flaco favor le hacen al
comunismo, cosa que llevan demostrando con sus constantes
traiciones desde que usurparon los términos y las acciones del
conjunto social obrero y se dedicaron a liquidarlo al
someterlo a los intereses del Partido... A continuación, vamos
a dar las definiciones pertinentes para evitar confusiones.
Tales definiciones, lejos de ser antiguallas de la tradición
marxista, siguen siendo verdaderas e indiscutibles. Lo que sí
es discutible son las formas bajo las que aparecen hoy día,
que gran parte del proletariado de los países europeos vive
totalmente integrado en el bienestar de la ideología del
consumismo, y la lucha de clases cobra formas subrepticias
cada vez más sutiles, lo que genera más y más alienación entre
la clase obrera –el campesinado y ganaderos tradicionales, al
estar en contacto directo con la producción de los bienes de
uso del sector primario, están menos sometidos a la
alienación, pero eso lo dejamos para otra ocasión. Vayamos con
las definiciones... Capitalismo: sistema económico dentro del
cual los medios de producción y el aparato de distribución de
bienes están en manos de algunos poseedores, los capitalistas,
y los manejan a su arbitrio con fines de lucro. El capitalismo
genera así la lucha de clases al introducir la explotación en
el cuerpo social. El capitalismo produce una acumulación de
capital que conduce a los monopolios y a la creación de la
oligarquía financiera, es decir, al poder y la dominación de
unos cuantos banqueros. El desarrollo de los monopolios
conduce al imperialismo, que es la última fase del
capitalismo, en la que se pone más en evidencia su principal
contradicción: la que existe entre el trabajo que es social,
realizado por muchos, y el capital, medios de producción que
pertenecen a unos pocos. Explotación: dominación de una clase
social sobre otra a partir de la apropiación del trabajo
impago, del tiempo de trabajo excedente y del plusvalor. En el
capitalismo, aunque la clase trabajadora logre salarios
“altos”, sigue siendo explotada. Clases sociales: grandes
conjuntos de seres humanos que comparten un mismo modo de vida
y una misma condición de existencia. Se diferencian, se
enfrentan entre sí, construyen su propia identidad social y se
definen tanto por su posesión o no posesión de los medios de
producción como por sus intereses, su cultura política, su
experiencia de lucha, sus tradiciones y su conciencia de clase
(de sí mismos y de sus enemigos). Las clases explotadoras
viven a costa de las explotadas, las dominan y las oprimen,
por eso están en lucha y conflicto permanente a lo largo de la
historia. Proletariado: conjunto de la clase obrera cuyos
medios de existencia dependen por completo de la venta de su
fuerza de trabajo, y no de los beneficios del capital. Los
proletarios carecen de todo medio de producción, ya que no son
propietarios de las máquinas ni de la tierra que trabajan. Por
esto no pueden trabajar por su cuenta, sino que dependen
totalmente de la demanda de trabajo, lo que les pone a total
merced de los capitalistas. Por ello, el proletariado es la
clase más explotada por el sistema capitalista, y por ello
mismo es la única clase verdaderamente revolucionaria. Lucha
de clases: conflicto histórico entre grandes conjuntos de
individuos. Esta confrontación divide a la sociedad en
opresores y oprimidos: esclavistas y esclavos, patricios y
plebeyos, señores feudales y siervos de la gleba,
terratenientes y campesinos, burgueses y trabajadores; entre
poseedores y desposeídos de los medios de producción. Esta
contradicción impulsa el desarrollo de la historia, desde que
ésta es historia de la dominación. Marx demostró cómo toda la
existencia de estas clases esta estrechamente relacionada con
el grado de desarrollo de la producción en una época
determinada. Conciencia de clase: Identidad cultural y
comprensión política, pensada, vivida y sentida por cada grupo
social sobre sus intereses a largo plazo. No se adquiere ni se
logra por decreto, sino a partir de experiencias históricas,
tradiciones y luchas políticas. Nunca está dada. Jamás
preexiste. Se va construyendo a partir de los conflictos. La
mayoría de las veces se genera a saltos. Cuando se logra, la
clase trabajadora puede pasar de la necesidad económica a la
voluntad política. La conciencia de clase es parte beligerante
en la lucha de clases. Empezar a construirla es comenzar a
ganar la lucha. Alienación: [ = enajenación]: Proceso
histórico-social en el cual el producto del trabajo humano se
independiza, se vuelve autónomo, escapa al control racional y
termina siendo hostil contra su creador. Aunque Marx los
utiliza como sinónimos, etimológicamente “alienación” tiene un
origen psicológico y “enajenación” económico. Hegel define
“alienación” como “otro distinto de sí mismo”. En Hegel su
contenido no es negativo. En Marx, sí. Además de una pérdida,
expresa el desgarramiento, la escisión y la fragmentación del
ser humano. Algo está alienado o enajenado cuando ya no nos
pertenece. Ideología: En el marxismo “ideología” tiene dos
significados distintos: [1] concepción del mundo que implica
una determinada perspectiva de vida ligada a los intereses de
las clases sociales, una escala de valores, junto con normas
de conducta práctica. [2] Falsa conciencia, obstáculo para el
conocimiento de la verdad, error sistemático, inversión de la
realidad por compromisos con el poder establecido. El marxismo
es una concepción ideológica del mundo vinculada a los
intereses de los trabajadores (significado [1]) que cuestiona
toda falsa conciencia ideológica de la burguesía (significado
[2]). “Padecemos en la medida en que somos una parte de la
naturaleza que no puede concebirse por sí sola, sin las demás
partes.” Spinoza, Ética demostrada según el orden geométrico.
Los conceptos definidos, si bien se pueden ajustar más o
menos, son rigurosamente fieles a la realidad analizada y
establecen las condiciones objetivas desde las que toda
crítica que se pretenda rigurosa, tanto del sistema
capitalista como del movimiento obrero, debe partir si no
quiere alejarse del conocimiento verdadero y transformador de
la realidad. Y afirmamos esto con la serenidad de no caer en
un detestable dogmatismo que flaco favor le hizo a la
tradición marxista. Hoy, que decir la verdad se ha convertido
en un acto revolucionario, no tememos pecar de violentos ni de
intolerantes para con la ideología (en tanto que falsa
conciencia) que pretende la negación y bloqueo de cualquier
investigación auténticamente científica en base a un
pretendido humanismo y una hipócrita tolerancia, que no tiene
vergüenza de reivindicar su derecho a expresarse libremente
mientras pone en la picota cualquier análisis serio de la
realidad social, mientras viven de los beneficios de las
empresas de sus antepasados. Son los mismos perros que desde
su autocomplacencia burguesa piden caridad cristiana para con
los muertos de hambre y represión para los que ponen en
cuestión su reducida racionalidad que no es otra que la que
genera y planifica las carencias y necesidades. Estos mierdas
nada quieren saber de la solidaridad –actividad y concepto que
desgraciadamente brilla por su ausencia también en los medios
obreros. Hoy día los herederos de los intelectuales de
izquierda buscan privar a los trabajadores de los instrumentos
de emancipación, informándonos de que el proyecto de los
enciclopedistas ha muerto, que debemos abandonar las ilusiones
de la ciencia y de la racionalidad –un mensaje que llenará de
gozo a los poderosos, encantados de monopolizar esos
instrumentos para su propio uso-. De este modo, el
posmodernismo ha contagiado a gran parte de la población con
el síndrome de inmunodeficiencia mental, que aniquila nuestras
defensas racionales, haciéndonos vulnerables a cualquier idea
inadecuada, por débil que sea. Cabe recordar que este síndrome
tiene vacuna y prevención: el uso de la razón. Con el repaso
de estas nociones pretendemos colaborar en la recuperación de
la conciencia de clase del proletariado, piedra angular para
cualquier movimiento real que pretenda subvertir el estado de
cosas imperante. Por eso, aunque se pueda decir con otras
palabras que no suenen a tiempos pasados, volvemos a tales
categorías ante la desorientación que muchos pretendidos
compañeros padecen a la hora del análisis social. Cierto es,
como decíamos líneas arriba, que en el capitalismo más
avanzado, la propia evolución técnica de la producción ha
conducido a una amplia diversificación profesional, y
consecuentemente a ella, a una compleja estratificación
social. Entre la burguesía capitalista y la última escala del
proletariado existe una variada gama de subclases (pues se
derivan unas de otras) o grupos sociales que, aunque todas son
clases explotadas, poseen niveles económicos y culturales muy
distintos, lo que provoca que entre ellas apenas haya un débil
sentimiento de solidaridad. La consecuencia inevitable de esta
nueva estructuración social que se forma bajo el
neocapitalismo, es que la revolución proletaria no puede
surgir espontáneamente y condicionada únicamente por
motivaciones económico-sociales, sino que hace falta además un
elemento considerable de actividad y voluntad
político-ideológica; es decir, hace falta una clara toma de
conciencia por parte de todas las clases subyugadas de una u
otra forma, de que cada vez es más necesaria una lucha
decidida por un mundo más humano y más justo en el que no sean
posibles el hambre y la pobreza, las guerras, la tiranía... y
que ello sólo podrá conseguirse con la eliminación
revolucionaria del capitalismo. Claro que tal toma de
conciencia, fácil en los proletarios menos favorecidos, sólo
será realizada de manera significativa entre los proletarios
totalmente integrados y entre los pequeños propietarios y
autónomos cuando éstos empiecen a notar la pérdida de
bienestar y privilegios que el capitalismo irá continuamente
provocando con sus necesarias “vueltas de tuerca” para que las
oligarquías financieras y las corporaciones multinacionales no
pierdan terreno ante la posible ascensión de una clase media
fuerte que posee, gracias al avance tecnológico, sus medios de
producción –vinculados siempre al sector terciario-; esta
clase de privilegiados viven en una burbuja de aparente
autonomía. Y decimos de aparente autonomía porque dependen
totalmente del mismo sistema que les facilitó los medios de
producción, y por otro lado están totalmente separados del
sector primario y secundario sin percibir que una crisis
fuerte de ambos sectores echaría a pique su superficial modo
de vida. Queremos con ello apuntar que sólo cuando estos
grupos sociales empiecen a entrar en crisis porque ya no se
les deja “ascender” más socialmente, empezarán a tomar
conciencia de la condición objetiva en la que se encontraban y
será posible que pasen a luchar del lado del proletariado. Por
otra parte, la proletarización cada vez más intensa de
sectores que antaño gozaban de la protección estatal, como son
las instituciones académicas, y que su producción no estaba
directamente dirigida hacia la mercantilización, contribuirá
progresivamente a la toma de conciencia del movimiento de la
burguesía de privarnos de los medios que acabarían por
destruirla. La mercantilización y destrucción del sistema
educativo no es más que una evidencia de lo que decimos. Las
escuelas y las universidades cada vez se distinguen menos de
las cárceles y las fábricas. Trabajar por la conciencia de
clase hoy día supone librarse en primer lugar de los falsos
prejuicios de que tales términos y cosas no existen. Esto es
fácil entre los obreros y entre los que padecen día a día la
explotación laboral y la asfixia económica. Entre los
proletarios que gozan de una mayor flexibilidad económica la
cosa se complica y es dónde se encuentra la verdadera
problemática que bloquea la lucha de clases. ¿Cómo mostrar que
su bienestar es aparente y que se sustenta en los miles de
muertos del Capital? Dejamos abierta la cuestión. En lo que a
conciencia de clase se refiere, al contrario que Marcuse, no
confiamos en la potencia revolucionaria del
lumpenproletariado. Pues si bien es una subclase susceptible
de ser revolucionaria, ya que es la más explotada y la que más
padece la miseria, también lo es de ser contrarrevolucionaria,
cosa más fácil que la primera, ya que para quien vive en la
más absoluta miseria cualquier cosa le vale para conformarse.
Hoy es difícil que el lumpen devenga revolucionario, ya que
las aspiraciones del mismo son tenazmente burguesas y se
encuentra desplazado de la injusticia social de la producción,
por lo que desconoce lo malo del capitalismo y sólo conoce su
confort. Cabe recordar que los mineros asturianos que en 1934
participaron en la insurrección contra el Estado, eran los
mejor pagados de toda España, sin embargo quisieron ser dueños
de sus vidas y no esclavos de un salario, aunque esté les
asegurará unas condiciones de vida relativamente pasables
comparadas con las del resto del Estado, tenían conciencia de
lo que hacían. Sin embargo, fueron muchos los ignorantes y
pobres diablos desclasados que por un plato de lentejas
pasaron a integrar las líneas de las fuerzas de choque de la
reacción más bestial durante la guerra civil española. Por
último, consideramos de suma importancia la recuperación y el
trabajo de una noción duramente combatida por la actual
estructura social de la ideología dominante. Hablamos de la
solidaridad. El sistema capitalista fomenta una fuerte
ideología de la competitividad y de la lucha por la vida como
supervivencia del más fuerte, invirtiendo la “costumbre”
biológica que cabezona ella, hace que prime el funcionamiento
de solidaridad sobre el de lucha por la vida, en pro del
mantenimiento de la especie. En este sentido, la solidaridad
obrera es la ayuda material o moral que se expresa entre todos
los proletarios del mundo en un solo combate: el de la
liberación total de la clase proletaria. La ayuda económica a
los obreros en lucha es la forma más conocida de solidaridad,
pero no la más importante. La forma de solidaridad más
perfecta es el hecho de ponerse en lucha por el mismo hecho
que ha llevado a otros a la lucha de clases. U.H.P.
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En ocasiones, cada determinado tiempo se hace necesario
pararse a pensar entorno a lo realizado hasta el momento para
evaluar los caminos tomados, su posible validez y, por
supuesto, su posible invalidez. Lo que los Tigres de Sutullena
llamarían la “epidemia de rabia” en la revista Resquicios nº 4
ha demostrado quedarse anclado en lo espectacular de la acción
inmediata, instintiva pero mayormente ineficaz si cabe, por
parte de algunos elementos que han decidido pasar a la acción
ellos solos contra un sistema cada vez más globalizado y
fortalecido, es decir, ser menos cantidad pero más
espectaculares contra un sistema que cada vez es más
complicado de asaltar, nos estamos refiriendo al
insurreccionalismo, y más concretamente a su vertiente
anarquista. No parece importarles el hecho de que cada vez
haya más policía en la calle, ni que haya brigadas
especializadas en dichas acciones, ni que las acciones no
tengan el efecto esperado (excepto en la autocomplacencia
habitual), ni que las acciones no entren dentro de un plan
estratégico, ni que ni siquiera las personas del movimiento
libertario se enteren (ni que decir la ciudadanía estúpida) de
que va la cosa. Actuando al margen de cualquier tipo de
movimiento organizado (aunque sea informalmente), a ciegas,
despreciando cualquier otro tipo de actividad subversiva.
Parece que la acción sin más ni mangas es la única solución al
pequeño problema de acabar con el sistema, parece ser que
siliconeando cerraduras y quemando bancos podemos arrastrar a
la gente a la revuelta generalizada. Los elementos
insurreccionales son incapaces de entender que no todo el
mundo pretende destruir el poder así por las buenas, y esta
incomprensión mutua conlleva el distanciamiento de los
verdaderos afectados por los conflictos sociales y los que
pretenden radicalizar y extender dichos conflictos,
produciendo el desprecio y rechazo mutuos en numerosas
ocasiones. La separación de las luchas reales (aunque
parciales), el gueto, y la infravaloración de la represión que
podía suceder a las acciones en cuestión han llevado a
convertir la lucha en un fin en lugar del medio que debería
ser. La falta de reacción por parte de la sociedad condena al
movimiento al puro ataque sin sentido muchas veces, se piensa
que cuatro acciones bien colocadas y planificadas pueden
asestar un duro golpe al sistema, sin embargo, sin consecuente
revuelta por parte de las masas (palabra que repele a los
insurreccionalistas) se hubiese quedado en eso, cuatro
acciones bien planificadas. Dar un paso adelante en la lucha
en una época de convulsión social es sensato, no siendo así en
las circunstancias actuales, donde la mayor convulsión se da
en los partidos de fútbol. Dar un paso adelante, en ocasiones,
es caerse por el precipicio. Este texto es una pequeña crítica
al insurreccionalismo (utilizamos este término aún a sabiendas
de que no les gusta encerrarse en un nuevo “ismo”, pero sirve
para entenderse), principalmente a algunos de sus textos. En
cualquier caso recomendamos el texto “Anarquía profesional y
desarme teórico” de Miguel Amorós para complementarlo, ya que
hemos dejado de lado las tesis bonannistas que son tratadas en
dicho texto con el espíritu crítico que se merecen.
INSURRECCIONALISMO EN EL PAPEL Revisamos a continuación una
serie de textos donde se recogen los rasgos generales de esta
corriente, por supuesto no son todo el insurreccionalismo ni
lo pretenden, pero sí que son esclarificadores al respecto,
recomendamos de hecho su lectura. El primero de ellos es un
texto de Killing King Abacus, “Algunas notas sobre anarquismo
insurreccional” ya que aglutina los principios del mismo.
Insistimos en que estos textos son meramente indicativos, el
insurreccionalismo no se basa en estos textos exclusivamente.
Citaremos los pasajes que consideremos oportunos y mostraremos
nuestra conformidad o inconformidad con los mismos: “Es a
través de la acción y de aprender a actuar, y no de la
propaganda, como abriremos camino hacia la insurrección, a
pesar de que la propaganda tenga un papel importante en la
clarificación de cómo actuamos. Esperar sólo enseña a esperar;
actuando un@ aprende a actuar.” Aclarado que la palabra acción
pueda ser interpretada de mil maneras distintas, y que aquí la
tomaremos como ataque directo al capital, la propaganda se
puede plantear como un elemento complementario pero
imprescindible, ambas se entrelazan. Dar más importancia a una
que a otra no hace sino desequilibrar la lucha, quitarle las
patas a la mesa o cortarlas. La propaganda no debe únicamente
realizar una “clarificación de cómo actuamos” sino que también
ha de provocar una serie de cambios en la conciencia del que
la reciba, no debe indicar cómo actuamos sino el porqué. “El
camino desde varias insurrecciones que puedan tener lugar
-parciales y específicas- hasta la revolución, no puede estar
garantizado de antemano por ninguna estrategia a seguir.” No
estamos del todo de acuerdo con esta afirmación, aunque si con
una anterior del mismo texto: “Es necesario el planteamiento
de estrategias claras para permitir así la utilización de
métodos diferentes de una manera coordinada y productiva”.
Esto, bajo nuestro punto de vista implica la elaboración de
estrategias lo más claras posibles a corto plazo y
premeditadamente abiertas a largo plazo, siendo esta última
condición un objetivo primordial, confiriendo a la teoría y a
la estrategia la importancia que anteriormente tuvo la
ideología, eliminando de esa manera disputas acerca de metas
utópicas probablemente inalcanzables. Pretendemos que cada
paso que demos nos abra un abanico de posibilidades que la
ideología cerrada reduciría. Por ello creemos que planificando
meticulosamente las estrategias a corto plazo, y trabajando
por la extensión de la revuelta, llegará un momento en el que
la revolución será una estrategia a corto plazo, y la
posterior organización social también. No negamos el valor de
muchos elementos de las viejas ideologías, únicamente hay que
ponerlas en su lugar como herramienta y no como objetivo
último e inevitable. “La aparición de los primeros eslabones
rotos coincide con la propagación de los actos de sabotaje”
Ciertamente el sabotaje en el momento adecuado puede resultar
un arma eficaz, sin embargo, esto no debe llevarnos a pensar
que una revolución se lleva a cabo solo a base de sabotajes.
La extensión del sabotaje podría transformarse, en la
situación adecuada y de la forma adecuada, en la extensión de
la revuelta organizada informalmente. Es decir, el sabotaje es
un arma más, válida en todos los estadios de la revuelta y
para objetivos concretos, su uso debe limitarse a sus efectos,
y sus efectos no pueden por si mismos derribar el sistema, es
necesario pero no suficiente. Por tanto no podemos limitarnos
únicamente al uso del sabotaje, ni tampoco privarnos de él,
pero por supuesto requiere estar preparado para ello debido al
nuevo sistema totalitario de control. Es por este motivo que
el siguiente fragmento lo consideramos incorrecto: “Las
pequeñas acciones, por consiguiente, fácilmente reproducibles,
requieren de métodos no sofisticados al alcance de cualquiera,
son por su simplicidad y espontaneidad incontrolables. Por
ello se mofan incluso de los desarrollos tecnológicos más
avanzados de la contra-insurgencia.” Los sistemas de control
se han desarrollado hasta tal punto que resulta imposible
estar completamente seguros de que las acciones que se
realicen no van a tener ninguna consecuencia sobre el que las
realice más que sobre lo que se actúa. Infravalorar a la
policía es un error, como lo es también mofarse de “los
desarrollos tecnológicos más avanzados de la
contra-insurgencia”. Hay que estar respaldados por cajas de
resistencia, grupos de apoyo a presos, etc. y eso requiere una
cantidad de organización que no se ha dado en la realidad de
una manera completamente efectiva. La mera explosión de rabia
se muestra por tanto bajo una imperiosa necesidad de
organizarse y de prepararse. Con respecto a la conflictividad
permanente (el punto 4) nos mostramos ampliamente de acuerdo,
simplemente merecería una puntualización, y es que esta
conflictividad permanente no debe limitarse al poder, sino
extenderse a la conflictividad contra los recuperadores ya que
son estos precisamente los que actúan a modo de bolsillo del
sistema, se introducen en él los movimientos sociales,
integrándolos en el capitalismo para mejorarlo y adaptarlo. De
hecho son el poder, no hay opción menos mala. La lucha contra
sus mecanismos es, en nuestra opinión, la primera lucha a
realizar ya que sin ellos el poder se mostraría desnudo y más
vulnerable. El punto siguiente, la ilegalidad y su
desmitificación, nos parece imprescindible, estamos
completamente de acuerdo con ello y no tenemos nada que
añadir. Lo nombramos únicamente para que luego no se nos tache
de legalistas, ya que los prejuicios abundan. “Dentro del
movimiento revolucionario existen diferencias muy profundas:
la tendencia anarquista hacia la calidad de la lucha y su
autoorganización y la tendencia autoritaria hacia la cantidad
y la centralización.” Ciertamente, sin embargo la calidad de
la lucha aumentará con el crecimiento cuantitativo si este
último no se convierte en el objetivo primordial y si este se
desarrolla dinámicamente y no solo aditivamente, sencillamente
debemos considerarlo como un factor más de la guerra social.
Por otro lado nos parece indiscutible la idea de la
autoorganización y por tanto nos posicionamos en contra de la
centralización y de la organización visible, en consecuencia
consideramos que no hay porque relacionar implícitamente la
cantidad con la centralización, es cierto que es más
complicada evitarla en tanto en cuanto aumente la cantidad de
gente, pero es un riesgo que hay que correr ya que la
comodidad del gueto ya se ha mostrado como inoperante. “La
organización informal se basa en un número de compañer@s
unid@s por la afinidad; su elemento propulsor es siempre la
acción. Cuanto mayor sea el número de problemas, est@s
compañer@s los enfrentarán como una unidad, aumentando así su
afinidad. Sabemos que la organización real, la capacidad
efectiva de actuar junt@s, sabiendo donde encontrar al otr@,
analizando y estudiando los problemas junt@s, pasando a la
acción, todo tiene lugar en función de la afinidad alcanzada y
no tiene nada que ver con programas, plataformas, banderas o
partidos más o menos camuflados.” De este párrafo se destila
la marginación voluntaria, el suicidio y la guetización. Nada
de este párrafo indica la extensión del conflicto, la
actividad endógena de “compañer@s unid@s” es todo lo
necesario. Más que la extensión de la revuelta se busca el
aumento de la afinidad y de las acciones, se cae por tanto en
otro mito cuantitativo, cuantas más acciones realizadas por la
menor gente posible mejor, mayor “número de problemas” y por
tanto, mayor afinidad. Alegan que esta crítica de la
marginación “no es más que otra separación ideológica entre
los explotad@s y l@s subversiv@s”, pero no se dan cuenta de
que no es separación ideológica ni teórica, sino práctica,
precisamente en el campo en el que se consideran imbatibles y
superiores a cualquier otro método. Los siguientes párrafos
vuelven a relacionar el crecimiento cuantitativo con “grandes
luchas de masas”, “crecimiento infinito de un movimiento que
está para dominar y controlarlo todo”, “algo que debe resistir
el paso del tiempo”, “basarse en el crecimiento sin fin y en
la resistencia contra el ataque de los explotadores”, “de
retaguardia”. Mientras que propone que al ser pocos “se
establece un contacto entre la minoría anarquista y la
situación específica donde puede desarrollarse la lucha”,
aunque esto en la práctica ha supuesto casi siempre una
fantasmada irreal. A continuación nos ocupamos de otro texto,
anónimo, titulado “Propuesta para una manera diferente de
entender la organización”. De este nos interesa sobre todo su
crítica a la organización como elemento reificado, esto es,
convertido en una institución con representación física (como
puede ser un partido o un sindicato). Concordamos más con
aquellos que opinan que la organización no debe ser
perceptible mediante unas siglas o unos estatutos. Entendemos
la organización como una serie de relaciones e interacciones
entre los miembros de un movimiento, dentro de la cual estos
últimos desarrollen estrategias que se articulen con otras en
una determinada línea general hacia un objetivo, pero que
dicha forma organizativa no condicione ni sustituya al
individuo en la lucha. Es decir, la organización debe
proporcionar un contexto revolucionario en oposición al
contexto del sistema, dentro del cual las luchas cobran un
sentido. Por tanto apoyamos una forma organizativa, no una
organización definida y concreta. El texto critica de la
siguiente manera a las organizaciones formales, nombrando su
ilusión principal: “Así se irá avanzando, acumulando fuerzas
(siendo cada vez más) hasta que en un momento dado en que
seamos muchísim@s planteemos la gran batalla final
(revolución) y fruto de ella nazca una nueva sociedad.”
Nosotros también criticamos este aspecto, sin embargo, tampoco
nos posicionamos a favor de lo siguiente: “El objeto principal
pasa a ser el conflicto: potenciarlo donde se mantenga latente
y tratar de contribuir a su radicalización donde ya haya
aflorado a la superficie, todo ello sin importarnos demasiado
si como consecuencia de ello vamos a ganar simpatizantes
nuev@s o no.” No consideramos que radicalizar un conflicto sea
el “objeto principal”, este es únicamente un aspecto de la
guerra social, el conflicto parcial, no es de esperar que este
se extienda a otro tipo de conflictos que no sean evidentes.
“La subida del precio del pan, la implantación de una nueva
ley o impuesto, el apaleamiento de alguien por la policía,
etc.” puede que sean capaces, y no siempre, de desatar la
rabia y abrir los ojos, pero para que se de una ocasión de
revolución, es necesaria una gran cantidad de conflictos, las
épocas de crisis del sistema junto con la acción
revolucionaria son las que verdaderamente cuestionan los
cimientos del capitalismo, no un conflicto puntual. Por ello
no creemos que la rabia sea lo único que deba desatarse, debe
desatarse también la revolución. No se trata únicamente de
destruir, no podemos pensar que todo es tan fácil como eso. Si
así fuese bastaría con unos cuantos muy bien formados, en
efecto, pero la historia ya lo ha refutado con creces. La
Historia nos enseña lo extremadamente complicado que es acabar
con el sistema ya que no solo hay que hacerlo físicamente, hay
que eliminar también las relaciones de poder que ha creado en
la conciencia social porque sino volverá a crecer. Simplemente
haciéndonos a la idea de que cada paso que demos será más
complicado avanzar nos daremos cuenta de que nuestro objetivo
es mucho más complicado que destruir y verlas venir. En
definitiva, no se trata únicamente de hacer cosas, sino de
cambiar cosas. Por otro lado estamos de acuerdo con la
siguiente afirmación del texto: “Crear una organización va, a
menudo, acompañado de la producción de una iconografía propia,
una estética concreta y cierta homogeneización de las personas
que la componen: se crea consciente o inconscientemente un
producto. Y es por esto qué es mucho más fácil para las
instituciones absorber, deformar y manipular este producto.”
Para finalizar con este texto hagamos terapia contra la
masa-fobia: “Para el poder son más peligrosas diez personas
impredecibles e incontrolables dispersas que cien formando una
masa concentrada predecible y manipulable.” En efecto, sin
embargo no vemos donde esta la incuestionable relación entre
masa y que esta sea predecible y manipulable. La masa de los
suburbios franceses no era precisamente predecible ni mucho
menos manipulable. Tomándonos la libertad de cambiar la frase
consideramos que para el poder es más peligrosa una masa
impredecible, incontrolable y dispersa que únicamente diez
personas. Nuestro objetivo primordial no debe ser la creación
de una masa y de liberarla en el momento apropiado, sino de
desmasificar, desautomatizar, solo así se produce un momento
revolucionario, ni con diez superhéroes, ni con un millón de
estúpidos. El próximo y último texto se llama “Cuestiones de
organización. 31 tesis insurreccionalistas”, de nuevo sin
firmar. La primera tesis reza como sigue: “Siempre han
existido dos tendencias visibles en el Movimiento Obrero. Una
es tendencia etapista, que conservando las "victorias"
parciales pretende fijarlas como peldaños ascendentes a la
conquista del cielo. Otra es tendencia insurreccional que hace
del presente momento mismo de posibilidad revolucionaria.”
Ciertamente existe una en medio que rechaza ambas, la que
considera que existe una contradicción entre las victorias
parciales y la revolución. Esto es debido a que por un lado la
vida era tan miserable que en el pasado, el movimiento obrero
ha gastado sus fuerzas en implantar mejoras laborales, estas
luchas servían no solo para mejorar dichos aspectos, sino que
también cohesionaban a la clase obrera inculcándole el
espíritu de lucha que pudiese llevarle a la revolución a base
de ganar confianza en sí misma, experiencia y lazos
solidarios. Y aunque el capitalismo se adaptaba, y mejoraba,
lo hacia de una manera superflua y que aún permitía
posibilidades de revolución, hoy en día el capitalismo ha
desarrollado la técnica de la adaptación a la perfección. Sin
embargo, esta propuesta se muestra inservible actualmente
debido a que la clase obrera no existe, y si existe es tan
sumamente egoísta y estúpida que no se va a mover un ápice.
Las “victorias” pertenecen actualmente al mismo poder, ya que
son conseguidas mediante instituciones que han sido creadas
por y para sí mismo, adaptando al sistema a los problemas
sociales y manteniendo la dominación a toda costa, no
cohesionan a la clase obrera como antaño. Por ello nosotros
rechazamos la tendencia “etapista” en la actualidad por
considerarla desfasada, pero tampoco aceptamos “hacer del
presente momento mismo de posibilidad revolucionaria”, ya que
es una contradicción en sus propios términos, el presente es
adormecimiento y control social, no permite revolución que
valga. Esperar al momento adecuado parece más correcto, lo que
no implica la pérdida de la conflictividad permanente,
sencillamente la vuelve más realista. “Las organizaciones
gestadas en el movimiento insurreccional de masas, sólo tienen
su razón de ser en el instante concreto de la revuelta
generalizada. Su construcción a priori o su mantenimiento
posterior sólo las conduce a la practica reivindicativa y/o a
la recuperación sistemática.” Ciertamente la espontaneidad es
necesaria, pero como ya hemos afirmado antes, creemos que una
estructura del movimiento es necesaria. También hay que hacer
notar que tener la razón de ser únicamente en el instante
concreto de la revuelta generalizada presupone que vaya a
haber una revuelta de tales condiciones. Para que una revuelta
se extienda de verdad tiene que tener conciencia de sí misma y
de sus objetivos (entendidos como objetivos a destruir), y
para ello puede ser útil una estructura con un bagaje de
experiencias que sepa como dotar de medios a la revuelta. Por
supuesto sin dirigirla, simplemente reafirmándola,
extendiéndola y, en lugar de haciéndola suya, incorporándose a
ella. También hay que darse cuenta de que estas revueltas
tienden a funcionar como imán de oportunistas tales como
comunistas autoritarios, izquierdistas y demás calaña que
tratan de utilizarla para sus propios intereses; inculcar el
rechazo a tales cretinos durante, y antes de, la revuelta se
convierte en una tarea primordial. Por ello consideramos que
para poder explotar verdaderamente las posibilidades de la
revuelta, esta debe ser apoyada por un movimiento con una
estructura concreta, invisible, pero instintiva, para que los
no acostumbrados al enfrentamiento contra el poder la
consideren válida para sus aspiraciones y rechacen el
reformismo. Creando dicha estructura y manteniéndola (mediante
la acción) hasta que se de la oportunidad de demostrar su
efectividad se puede pasar de una explosión de rabia a una
revolución contra el poder. “Si bien la plasmación de esta
tendencia en el movimiento libertario no ha tenido las
repercusiones “espectaculares” que ha podido tener la
tendencia etapista, ella está presente en toda la historia
libertaria con una práctica visible generadora de tensiones en
el seno del movimiento libertario y del movimiento obrero” Las
repercusiones “espectaculares” son precisamente las que
responden de los actos insurreccionales en la actualidad.
Anteriormente una victoria en el terreno laboral podía causar
conmoción supuestamente “espectacular” sin embargo, en los
tiempos en los que la lucha no gira en torno a dichas
victorias, lo espectacular es lo llamativo, lo increíble, pero
también lo incomprensible. Las repercusiones de la lucha
anteriormente causaban alegría, ahora las acciones fuera del
reformismo son desaprobadas por toda la sociedad, reciben esa
repercusión “espectacular” pero ficticia en su gran mayoría ya
que son consideradas como un ataque contra el sistema en el
que la masa gris se siente integrada y desarrollada. No nos
engañemos, hasta el más mísero ciudadano es el mayor defensor
del sistema. “El movimiento insurreccional libertario no
mantiene formas de organización pesadas, ni basa su acción en
la acumulación cuantitativa, ni se erige en representante de
nadie” Ciertamente estamos de acuerdo con las pretensiones de
esta frase, de hecho reúne en pocas palabras los principales
elementos del insurreccionalismo con los que estamos de
acuerdo. Sin embargo rechazamos su concepción de que los
movimientos que busquen y se preparen para la revolución sean
considerados “organizaciones pesadas”, basadas en la
acumulación cuantitativa y que se erija en representante de
quien sea, debido a que esto no tiene porque ser así (aunque
en efecto si que lo ha sido en numerosas ocasiones). El
principal punto flaco del insurreccionalismo es su
reduccionismo con respecto a las formas de organización, según
ellos se han de hacer mil sabotajes y ser los mínimos
posibles, en caso contrario, en el caso de que opines que el
verdadero motor de destrucción del sistema es la revolución
generalizada, caes en el mito cuantitativo y demás críticas
realizadas (acertadas en el caso del obrerismo, pero no
siempre en otros tipos de organización). “…también se dota de
medios formales de propaganda pero a diferencia de los otros
tales medios sólo son herramientas para avanzar hacia el
enfrentamiento y profundizar en la lucha insurreccional de las
masas.” Coincidimos cuando se afirma la lucha insurreccional
de masas, de hecho, esa es nuestra concepción de una
revolución, una lucha de masas pero con prácticas radicales,
alejadas de la uniformización, el plataformismo, el
reformismo, los dirigentes, etc.; por tanto abogamos por la
lucha de masas cuando estas se han desmasificado, cada
individuo dirige sus propios deseos en contra del capitalismo
apoyado por una gran cantidad de personas que actuarán de
diversas formas hacia el fin común de la destrucción del
sistema, la teoría revolucionaria, expresada en la misma base
de la revolución mediante asambleas que practiquen la
autocrítica y la adaptación permanentes, será la encargada de
establecer las condiciones de la nueva sociedad sobre las
ruinas de la anterior. “Sin un movimiento revolucionario a la
vista pretenden suplantarlo a partir de un crecimiento
cuantitativo que l@s convierta en la organización guía de las
masas, dejándolo todo postergado a un futuro inexistente en el
que vuelvan a producirse las “condiciones objetivas” de un
pasado mitificado. El enfrentamiento con la realidad se hace
en consecuencia imposible.” Ciertamente estamos en contra de
la formación de una organización concreta y visualizada por un
mesías (como hemos afirmado antes), de las pretensiones de
dirigir a las masas y de la mitificación del pasado. Esto ya
lo hemos mencionado a lo largo del texto, sin embargo
queríamos agruparlo para hacer ver que el hecho de esperar las
condiciones adecuadas para una revolución no es incompatible
con muchos supuestos del insurreccionalismo, sencillamente
ampliamos sus miras para complementar su acción dentro de una
estrategia más clara y con un fin más definido y efectivo.
“[El Capitalismo] es creciente, a la par que su descomposición
como sujeto unitario, la existencia de una mayoría explotada,
privada de todo poder de decisión sobre sus vidas.”
Ciertamente están privadas de todo poder de decisión sobre sus
vidas, pero esto no significa que la mera acción vaya a
empujarles a plantearse las bases del sistema. Una revuelta
también puede ser de tipo totalitario, o racista, o sexista, o
quizás puede derivar en ello, por este motivo consideramos que
se hace necesaria una “preparación” previa, ya que no podemos
esperar que lo que haga caer al sistema vaya a ser positivo
per se. “La posibilidad de revolución es una posibilidad
presente. El problema teórico planteado hace un par de siglos
por el socialismo no ha sido resuelto, tan sólo
reestructurado, ahondándose en la contradicción inherente al
sistema capitalista.” En cierta manera esto es así, sin
embargo debemos centrarnos en los momentos en los que dichas
contradicciones afloran a la superficie y afectan a la
población en general, de la misma manera que anteriormente lo
hacía el trabajo explotador y extenuante provocando revueltas.
Las contradicciones se muestran en forma de repentinas crisis
socioeconómicas, y en esos momentos de crispación social que
pueden desatarse en cualquier momento es donde hemos de fijar
nuestro objetivo, haciendo obvia la responsabilidad del
sistema en el malestar creado y mostrando a la dominación como
una línea continua que nunca ha cesado, simplemente se ha
transformado adaptándose a los avances sociales gracias a los
recuperadores. Antes era explotación laboral y económica,
actualmente es intelectual y encubierta. “Salir a la calle a
perturbar el miserable y embrutecedor orden de las cosas
haciendo visible la brutalidad sistemática que tod@s
percibimos esencialmente.” Mediante la destrucción y el
desinhibición de la rabia individual no se perturba el orden
de las cosas, únicamente se perturban a las cosas, que las
personas que interactúen con dichas cosas perciban su
destrucción como incitación a la perturbación de su orden y
que respondan a dicha perturbación de manera afirmativa hay un
abismo que no se salva tan fácilmente. La violencia en la
calle no siempre perturba, en ocasiones mantiene y en otras
legitima el orden, ya que esta puede ser interpretada de mil
maneras y se puede reaccionar de otras tantas. “Protestas
dirigidas contra tal o cual fenómeno parcial sólo evidencian
la manipulación folclórica de éstas, que eluden la globalidad
del enfrentamiento [...] El ataque muestra sus pretensiones
destructivas de la totalidad porque el objeto atacado es tan
sólo una excusa para cuestionar lo existente” Despreciando
completamente la manipulación folclórica de las luchas
parciales, nos mostramos de acuerdo con la insuficiencia de
posicionarse únicamente en estas sin dotarlas de un sentido
global, sin embargo, no caigamos en el engaño de las
“pretensiones destructivas de la totalidad” ya que cualquier
ataque único no es sino parcial. Elaborar una teoría paralela
a la práctica revolucionaria será la que evite el parcialismo,
por ello consideramos que no basta con afirmar que una acción
concreta es un símbolo contra toda la dominación ya que es una
pretensión ilusoria para los revolucionarios y no hace sino
confirmar nuestra minuciosa capacidad de autoengaño. Esperamos
que estas líneas sirvan como una incitación al debate y la
reflexión, ya que no podemos permitir que la “renovación” que
implantó el insurreccionalismo en el movimiento libertario
desgastado por la rutina se convierta en una nueva verdad
incuestionable como lo fuese el obrerismo y la idolatría a
Durruti. Queremos que sirva para ir rompiendo los moldes que a
veces nos encasquetamos nosotros mismos por la falta de
autocrítica y renovación. Por ¿En qué piensas?
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pararse a pensar entorno a lo realizado hasta el momento para
evaluar los caminos tomados, su posible validez y, por
supuesto, su posible invalidez. Lo que los Tigres de Sutullena
llamarían la “epidemia de rabia” en la revista Resquicios nº 4
ha demostrado quedarse anclado en lo espectacular de la acción
inmediata, instintiva pero mayormente ineficaz si cabe, por
parte de algunos elementos que han decidido pasar a la acción
ellos solos contra un sistema cada vez más globalizado y
fortalecido, es decir, ser menos cantidad pero más
espectaculares contra un sistema que cada vez es más
complicado de asaltar, nos estamos refiriendo al
insurreccionalismo, y más concretamente a su vertiente
anarquista. No parece importarles el hecho de que cada vez
haya más policía en la calle, ni que haya brigadas
especializadas en dichas acciones, ni que las acciones no
tengan el efecto esperado (excepto en la autocomplacencia
habitual), ni que las acciones no entren dentro de un plan
estratégico, ni que ni siquiera las personas del movimiento
libertario se enteren (ni que decir la ciudadanía estúpida) de
que va la cosa. Actuando al margen de cualquier tipo de
movimiento organizado (aunque sea informalmente), a ciegas,
despreciando cualquier otro tipo de actividad subversiva.
Parece que la acción sin más ni mangas es la única solución al
pequeño problema de acabar con el sistema, parece ser que
siliconeando cerraduras y quemando bancos podemos arrastrar a
la gente a la revuelta generalizada. Los elementos
insurreccionales son incapaces de entender que no todo el
mundo pretende destruir el poder así por las buenas, y esta
incomprensión mutua conlleva el distanciamiento de los
verdaderos afectados por los conflictos sociales y los que
pretenden radicalizar y extender dichos conflictos,
produciendo el desprecio y rechazo mutuos en numerosas
ocasiones. La separación de las luchas reales (aunque
parciales), el gueto, y la infravaloración de la represión que
podía suceder a las acciones en cuestión han llevado a
convertir la lucha en un fin en lugar del medio que debería
ser. La falta de reacción por parte de la sociedad condena al
movimiento al puro ataque sin sentido muchas veces, se piensa
que cuatro acciones bien colocadas y planificadas pueden
asestar un duro golpe al sistema, sin embargo, sin consecuente
revuelta por parte de las masas (palabra que repele a los
insurreccionalistas) se hubiese quedado en eso, cuatro
acciones bien planificadas. Dar un paso adelante en la lucha
en una época de convulsión social es sensato, no siendo así en
las circunstancias actuales, donde la mayor convulsión se da
en los partidos de fútbol. Dar un paso adelante, en ocasiones,
es caerse por el precipicio. Este texto es una pequeña crítica
al insurreccionalismo (utilizamos este término aún a sabiendas
de que no les gusta encerrarse en un nuevo “ismo”, pero sirve
para entenderse), principalmente a algunos de sus textos. En
cualquier caso recomendamos el texto “Anarquía profesional y
desarme teórico” de Miguel Amorós para complementarlo, ya que
hemos dejado de lado las tesis bonannistas que son tratadas en
dicho texto con el espíritu crítico que se merecen.
INSURRECCIONALISMO EN EL PAPEL Revisamos a continuación una
serie de textos donde se recogen los rasgos generales de esta
corriente, por supuesto no son todo el insurreccionalismo ni
lo pretenden, pero sí que son esclarificadores al respecto,
recomendamos de hecho su lectura. El primero de ellos es un
texto de Killing King Abacus, “Algunas notas sobre anarquismo
insurreccional” ya que aglutina los principios del mismo.
Insistimos en que estos textos son meramente indicativos, el
insurreccionalismo no se basa en estos textos exclusivamente.
Citaremos los pasajes que consideremos oportunos y mostraremos
nuestra conformidad o inconformidad con los mismos: “Es a
través de la acción y de aprender a actuar, y no de la
propaganda, como abriremos camino hacia la insurrección, a
pesar de que la propaganda tenga un papel importante en la
clarificación de cómo actuamos. Esperar sólo enseña a esperar;
actuando un@ aprende a actuar.” Aclarado que la palabra acción
pueda ser interpretada de mil maneras distintas, y que aquí la
tomaremos como ataque directo al capital, la propaganda se
puede plantear como un elemento complementario pero
imprescindible, ambas se entrelazan. Dar más importancia a una
que a otra no hace sino desequilibrar la lucha, quitarle las
patas a la mesa o cortarlas. La propaganda no debe únicamente
realizar una “clarificación de cómo actuamos” sino que también
ha de provocar una serie de cambios en la conciencia del que
la reciba, no debe indicar cómo actuamos sino el porqué. “El
camino desde varias insurrecciones que puedan tener lugar
-parciales y específicas- hasta la revolución, no puede estar
garantizado de antemano por ninguna estrategia a seguir.” No
estamos del todo de acuerdo con esta afirmación, aunque si con
una anterior del mismo texto: “Es necesario el planteamiento
de estrategias claras para permitir así la utilización de
métodos diferentes de una manera coordinada y productiva”.
Esto, bajo nuestro punto de vista implica la elaboración de
estrategias lo más claras posibles a corto plazo y
premeditadamente abiertas a largo plazo, siendo esta última
condición un objetivo primordial, confiriendo a la teoría y a
la estrategia la importancia que anteriormente tuvo la
ideología, eliminando de esa manera disputas acerca de metas
utópicas probablemente inalcanzables. Pretendemos que cada
paso que demos nos abra un abanico de posibilidades que la
ideología cerrada reduciría. Por ello creemos que planificando
meticulosamente las estrategias a corto plazo, y trabajando
por la extensión de la revuelta, llegará un momento en el que
la revolución será una estrategia a corto plazo, y la
posterior organización social también. No negamos el valor de
muchos elementos de las viejas ideologías, únicamente hay que
ponerlas en su lugar como herramienta y no como objetivo
último e inevitable. “La aparición de los primeros eslabones
rotos coincide con la propagación de los actos de sabotaje”
Ciertamente el sabotaje en el momento adecuado puede resultar
un arma eficaz, sin embargo, esto no debe llevarnos a pensar
que una revolución se lleva a cabo solo a base de sabotajes.
La extensión del sabotaje podría transformarse, en la
situación adecuada y de la forma adecuada, en la extensión de
la revuelta organizada informalmente. Es decir, el sabotaje es
un arma más, válida en todos los estadios de la revuelta y
para objetivos concretos, su uso debe limitarse a sus efectos,
y sus efectos no pueden por si mismos derribar el sistema, es
necesario pero no suficiente. Por tanto no podemos limitarnos
únicamente al uso del sabotaje, ni tampoco privarnos de él,
pero por supuesto requiere estar preparado para ello debido al
nuevo sistema totalitario de control. Es por este motivo que
el siguiente fragmento lo consideramos incorrecto: “Las
pequeñas acciones, por consiguiente, fácilmente reproducibles,
requieren de métodos no sofisticados al alcance de cualquiera,
son por su simplicidad y espontaneidad incontrolables. Por
ello se mofan incluso de los desarrollos tecnológicos más
avanzados de la contra-insurgencia.” Los sistemas de control
se han desarrollado hasta tal punto que resulta imposible
estar completamente seguros de que las acciones que se
realicen no van a tener ninguna consecuencia sobre el que las
realice más que sobre lo que se actúa. Infravalorar a la
policía es un error, como lo es también mofarse de “los
desarrollos tecnológicos más avanzados de la
contra-insurgencia”. Hay que estar respaldados por cajas de
resistencia, grupos de apoyo a presos, etc. y eso requiere una
cantidad de organización que no se ha dado en la realidad de
una manera completamente efectiva. La mera explosión de rabia
se muestra por tanto bajo una imperiosa necesidad de
organizarse y de prepararse. Con respecto a la conflictividad
permanente (el punto 4) nos mostramos ampliamente de acuerdo,
simplemente merecería una puntualización, y es que esta
conflictividad permanente no debe limitarse al poder, sino
extenderse a la conflictividad contra los recuperadores ya que
son estos precisamente los que actúan a modo de bolsillo del
sistema, se introducen en él los movimientos sociales,
integrándolos en el capitalismo para mejorarlo y adaptarlo. De
hecho son el poder, no hay opción menos mala. La lucha contra
sus mecanismos es, en nuestra opinión, la primera lucha a
realizar ya que sin ellos el poder se mostraría desnudo y más
vulnerable. El punto siguiente, la ilegalidad y su
desmitificación, nos parece imprescindible, estamos
completamente de acuerdo con ello y no tenemos nada que
añadir. Lo nombramos únicamente para que luego no se nos tache
de legalistas, ya que los prejuicios abundan. “Dentro del
movimiento revolucionario existen diferencias muy profundas:
la tendencia anarquista hacia la calidad de la lucha y su
autoorganización y la tendencia autoritaria hacia la cantidad
y la centralización.” Ciertamente, sin embargo la calidad de
la lucha aumentará con el crecimiento cuantitativo si este
último no se convierte en el objetivo primordial y si este se
desarrolla dinámicamente y no solo aditivamente, sencillamente
debemos considerarlo como un factor más de la guerra social.
Por otro lado nos parece indiscutible la idea de la
autoorganización y por tanto nos posicionamos en contra de la
centralización y de la organización visible, en consecuencia
consideramos que no hay porque relacionar implícitamente la
cantidad con la centralización, es cierto que es más
complicada evitarla en tanto en cuanto aumente la cantidad de
gente, pero es un riesgo que hay que correr ya que la
comodidad del gueto ya se ha mostrado como inoperante. “La
organización informal se basa en un número de compañer@s
unid@s por la afinidad; su elemento propulsor es siempre la
acción. Cuanto mayor sea el número de problemas, est@s
compañer@s los enfrentarán como una unidad, aumentando así su
afinidad. Sabemos que la organización real, la capacidad
efectiva de actuar junt@s, sabiendo donde encontrar al otr@,
analizando y estudiando los problemas junt@s, pasando a la
acción, todo tiene lugar en función de la afinidad alcanzada y
no tiene nada que ver con programas, plataformas, banderas o
partidos más o menos camuflados.” De este párrafo se destila
la marginación voluntaria, el suicidio y la guetización. Nada
de este párrafo indica la extensión del conflicto, la
actividad endógena de “compañer@s unid@s” es todo lo
necesario. Más que la extensión de la revuelta se busca el
aumento de la afinidad y de las acciones, se cae por tanto en
otro mito cuantitativo, cuantas más acciones realizadas por la
menor gente posible mejor, mayor “número de problemas” y por
tanto, mayor afinidad. Alegan que esta crítica de la
marginación “no es más que otra separación ideológica entre
los explotad@s y l@s subversiv@s”, pero no se dan cuenta de
que no es separación ideológica ni teórica, sino práctica,
precisamente en el campo en el que se consideran imbatibles y
superiores a cualquier otro método. Los siguientes párrafos
vuelven a relacionar el crecimiento cuantitativo con “grandes
luchas de masas”, “crecimiento infinito de un movimiento que
está para dominar y controlarlo todo”, “algo que debe resistir
el paso del tiempo”, “basarse en el crecimiento sin fin y en
la resistencia contra el ataque de los explotadores”, “de
retaguardia”. Mientras que propone que al ser pocos “se
establece un contacto entre la minoría anarquista y la
situación específica donde puede desarrollarse la lucha”,
aunque esto en la práctica ha supuesto casi siempre una
fantasmada irreal. A continuación nos ocupamos de otro texto,
anónimo, titulado “Propuesta para una manera diferente de
entender la organización”. De este nos interesa sobre todo su
crítica a la organización como elemento reificado, esto es,
convertido en una institución con representación física (como
puede ser un partido o un sindicato). Concordamos más con
aquellos que opinan que la organización no debe ser
perceptible mediante unas siglas o unos estatutos. Entendemos
la organización como una serie de relaciones e interacciones
entre los miembros de un movimiento, dentro de la cual estos
últimos desarrollen estrategias que se articulen con otras en
una determinada línea general hacia un objetivo, pero que
dicha forma organizativa no condicione ni sustituya al
individuo en la lucha. Es decir, la organización debe
proporcionar un contexto revolucionario en oposición al
contexto del sistema, dentro del cual las luchas cobran un
sentido. Por tanto apoyamos una forma organizativa, no una
organización definida y concreta. El texto critica de la
siguiente manera a las organizaciones formales, nombrando su
ilusión principal: “Así se irá avanzando, acumulando fuerzas
(siendo cada vez más) hasta que en un momento dado en que
seamos muchísim@s planteemos la gran batalla final
(revolución) y fruto de ella nazca una nueva sociedad.”
Nosotros también criticamos este aspecto, sin embargo, tampoco
nos posicionamos a favor de lo siguiente: “El objeto principal
pasa a ser el conflicto: potenciarlo donde se mantenga latente
y tratar de contribuir a su radicalización donde ya haya
aflorado a la superficie, todo ello sin importarnos demasiado
si como consecuencia de ello vamos a ganar simpatizantes
nuev@s o no.” No consideramos que radicalizar un conflicto sea
el “objeto principal”, este es únicamente un aspecto de la
guerra social, el conflicto parcial, no es de esperar que este
se extienda a otro tipo de conflictos que no sean evidentes.
“La subida del precio del pan, la implantación de una nueva
ley o impuesto, el apaleamiento de alguien por la policía,
etc.” puede que sean capaces, y no siempre, de desatar la
rabia y abrir los ojos, pero para que se de una ocasión de
revolución, es necesaria una gran cantidad de conflictos, las
épocas de crisis del sistema junto con la acción
revolucionaria son las que verdaderamente cuestionan los
cimientos del capitalismo, no un conflicto puntual. Por ello
no creemos que la rabia sea lo único que deba desatarse, debe
desatarse también la revolución. No se trata únicamente de
destruir, no podemos pensar que todo es tan fácil como eso. Si
así fuese bastaría con unos cuantos muy bien formados, en
efecto, pero la historia ya lo ha refutado con creces. La
Historia nos enseña lo extremadamente complicado que es acabar
con el sistema ya que no solo hay que hacerlo físicamente, hay
que eliminar también las relaciones de poder que ha creado en
la conciencia social porque sino volverá a crecer. Simplemente
haciéndonos a la idea de que cada paso que demos será más
complicado avanzar nos daremos cuenta de que nuestro objetivo
es mucho más complicado que destruir y verlas venir. En
definitiva, no se trata únicamente de hacer cosas, sino de
cambiar cosas. Por otro lado estamos de acuerdo con la
siguiente afirmación del texto: “Crear una organización va, a
menudo, acompañado de la producción de una iconografía propia,
una estética concreta y cierta homogeneización de las personas
que la componen: se crea consciente o inconscientemente un
producto. Y es por esto qué es mucho más fácil para las
instituciones absorber, deformar y manipular este producto.”
Para finalizar con este texto hagamos terapia contra la
masa-fobia: “Para el poder son más peligrosas diez personas
impredecibles e incontrolables dispersas que cien formando una
masa concentrada predecible y manipulable.” En efecto, sin
embargo no vemos donde esta la incuestionable relación entre
masa y que esta sea predecible y manipulable. La masa de los
suburbios franceses no era precisamente predecible ni mucho
menos manipulable. Tomándonos la libertad de cambiar la frase
consideramos que para el poder es más peligrosa una masa
impredecible, incontrolable y dispersa que únicamente diez
personas. Nuestro objetivo primordial no debe ser la creación
de una masa y de liberarla en el momento apropiado, sino de
desmasificar, desautomatizar, solo así se produce un momento
revolucionario, ni con diez superhéroes, ni con un millón de
estúpidos. El próximo y último texto se llama “Cuestiones de
organización. 31 tesis insurreccionalistas”, de nuevo sin
firmar. La primera tesis reza como sigue: “Siempre han
existido dos tendencias visibles en el Movimiento Obrero. Una
es tendencia etapista, que conservando las "victorias"
parciales pretende fijarlas como peldaños ascendentes a la
conquista del cielo. Otra es tendencia insurreccional que hace
del presente momento mismo de posibilidad revolucionaria.”
Ciertamente existe una en medio que rechaza ambas, la que
considera que existe una contradicción entre las victorias
parciales y la revolución. Esto es debido a que por un lado la
vida era tan miserable que en el pasado, el movimiento obrero
ha gastado sus fuerzas en implantar mejoras laborales, estas
luchas servían no solo para mejorar dichos aspectos, sino que
también cohesionaban a la clase obrera inculcándole el
espíritu de lucha que pudiese llevarle a la revolución a base
de ganar confianza en sí misma, experiencia y lazos
solidarios. Y aunque el capitalismo se adaptaba, y mejoraba,
lo hacia de una manera superflua y que aún permitía
posibilidades de revolución, hoy en día el capitalismo ha
desarrollado la técnica de la adaptación a la perfección. Sin
embargo, esta propuesta se muestra inservible actualmente
debido a que la clase obrera no existe, y si existe es tan
sumamente egoísta y estúpida que no se va a mover un ápice.
Las “victorias” pertenecen actualmente al mismo poder, ya que
son conseguidas mediante instituciones que han sido creadas
por y para sí mismo, adaptando al sistema a los problemas
sociales y manteniendo la dominación a toda costa, no
cohesionan a la clase obrera como antaño. Por ello nosotros
rechazamos la tendencia “etapista” en la actualidad por
considerarla desfasada, pero tampoco aceptamos “hacer del
presente momento mismo de posibilidad revolucionaria”, ya que
es una contradicción en sus propios términos, el presente es
adormecimiento y control social, no permite revolución que
valga. Esperar al momento adecuado parece más correcto, lo que
no implica la pérdida de la conflictividad permanente,
sencillamente la vuelve más realista. “Las organizaciones
gestadas en el movimiento insurreccional de masas, sólo tienen
su razón de ser en el instante concreto de la revuelta
generalizada. Su construcción a priori o su mantenimiento
posterior sólo las conduce a la practica reivindicativa y/o a
la recuperación sistemática.” Ciertamente la espontaneidad es
necesaria, pero como ya hemos afirmado antes, creemos que una
estructura del movimiento es necesaria. También hay que hacer
notar que tener la razón de ser únicamente en el instante
concreto de la revuelta generalizada presupone que vaya a
haber una revuelta de tales condiciones. Para que una revuelta
se extienda de verdad tiene que tener conciencia de sí misma y
de sus objetivos (entendidos como objetivos a destruir), y
para ello puede ser útil una estructura con un bagaje de
experiencias que sepa como dotar de medios a la revuelta. Por
supuesto sin dirigirla, simplemente reafirmándola,
extendiéndola y, en lugar de haciéndola suya, incorporándose a
ella. También hay que darse cuenta de que estas revueltas
tienden a funcionar como imán de oportunistas tales como
comunistas autoritarios, izquierdistas y demás calaña que
tratan de utilizarla para sus propios intereses; inculcar el
rechazo a tales cretinos durante, y antes de, la revuelta se
convierte en una tarea primordial. Por ello consideramos que
para poder explotar verdaderamente las posibilidades de la
revuelta, esta debe ser apoyada por un movimiento con una
estructura concreta, invisible, pero instintiva, para que los
no acostumbrados al enfrentamiento contra el poder la
consideren válida para sus aspiraciones y rechacen el
reformismo. Creando dicha estructura y manteniéndola (mediante
la acción) hasta que se de la oportunidad de demostrar su
efectividad se puede pasar de una explosión de rabia a una
revolución contra el poder. “Si bien la plasmación de esta
tendencia en el movimiento libertario no ha tenido las
repercusiones “espectaculares” que ha podido tener la
tendencia etapista, ella está presente en toda la historia
libertaria con una práctica visible generadora de tensiones en
el seno del movimiento libertario y del movimiento obrero” Las
repercusiones “espectaculares” son precisamente las que
responden de los actos insurreccionales en la actualidad.
Anteriormente una victoria en el terreno laboral podía causar
conmoción supuestamente “espectacular” sin embargo, en los
tiempos en los que la lucha no gira en torno a dichas
victorias, lo espectacular es lo llamativo, lo increíble, pero
también lo incomprensible. Las repercusiones de la lucha
anteriormente causaban alegría, ahora las acciones fuera del
reformismo son desaprobadas por toda la sociedad, reciben esa
repercusión “espectacular” pero ficticia en su gran mayoría ya
que son consideradas como un ataque contra el sistema en el
que la masa gris se siente integrada y desarrollada. No nos
engañemos, hasta el más mísero ciudadano es el mayor defensor
del sistema. “El movimiento insurreccional libertario no
mantiene formas de organización pesadas, ni basa su acción en
la acumulación cuantitativa, ni se erige en representante de
nadie” Ciertamente estamos de acuerdo con las pretensiones de
esta frase, de hecho reúne en pocas palabras los principales
elementos del insurreccionalismo con los que estamos de
acuerdo. Sin embargo rechazamos su concepción de que los
movimientos que busquen y se preparen para la revolución sean
considerados “organizaciones pesadas”, basadas en la
acumulación cuantitativa y que se erija en representante de
quien sea, debido a que esto no tiene porque ser así (aunque
en efecto si que lo ha sido en numerosas ocasiones). El
principal punto flaco del insurreccionalismo es su
reduccionismo con respecto a las formas de organización, según
ellos se han de hacer mil sabotajes y ser los mínimos
posibles, en caso contrario, en el caso de que opines que el
verdadero motor de destrucción del sistema es la revolución
generalizada, caes en el mito cuantitativo y demás críticas
realizadas (acertadas en el caso del obrerismo, pero no
siempre en otros tipos de organización). “…también se dota de
medios formales de propaganda pero a diferencia de los otros
tales medios sólo son herramientas para avanzar hacia el
enfrentamiento y profundizar en la lucha insurreccional de las
masas.” Coincidimos cuando se afirma la lucha insurreccional
de masas, de hecho, esa es nuestra concepción de una
revolución, una lucha de masas pero con prácticas radicales,
alejadas de la uniformización, el plataformismo, el
reformismo, los dirigentes, etc.; por tanto abogamos por la
lucha de masas cuando estas se han desmasificado, cada
individuo dirige sus propios deseos en contra del capitalismo
apoyado por una gran cantidad de personas que actuarán de
diversas formas hacia el fin común de la destrucción del
sistema, la teoría revolucionaria, expresada en la misma base
de la revolución mediante asambleas que practiquen la
autocrítica y la adaptación permanentes, será la encargada de
establecer las condiciones de la nueva sociedad sobre las
ruinas de la anterior. “Sin un movimiento revolucionario a la
vista pretenden suplantarlo a partir de un crecimiento
cuantitativo que l@s convierta en la organización guía de las
masas, dejándolo todo postergado a un futuro inexistente en el
que vuelvan a producirse las “condiciones objetivas” de un
pasado mitificado. El enfrentamiento con la realidad se hace
en consecuencia imposible.” Ciertamente estamos en contra de
la formación de una organización concreta y visualizada por un
mesías (como hemos afirmado antes), de las pretensiones de
dirigir a las masas y de la mitificación del pasado. Esto ya
lo hemos mencionado a lo largo del texto, sin embargo
queríamos agruparlo para hacer ver que el hecho de esperar las
condiciones adecuadas para una revolución no es incompatible
con muchos supuestos del insurreccionalismo, sencillamente
ampliamos sus miras para complementar su acción dentro de una
estrategia más clara y con un fin más definido y efectivo.
“[El Capitalismo] es creciente, a la par que su descomposición
como sujeto unitario, la existencia de una mayoría explotada,
privada de todo poder de decisión sobre sus vidas.”
Ciertamente están privadas de todo poder de decisión sobre sus
vidas, pero esto no significa que la mera acción vaya a
empujarles a plantearse las bases del sistema. Una revuelta
también puede ser de tipo totalitario, o racista, o sexista, o
quizás puede derivar en ello, por este motivo consideramos que
se hace necesaria una “preparación” previa, ya que no podemos
esperar que lo que haga caer al sistema vaya a ser positivo
per se. “La posibilidad de revolución es una posibilidad
presente. El problema teórico planteado hace un par de siglos
por el socialismo no ha sido resuelto, tan sólo
reestructurado, ahondándose en la contradicción inherente al
sistema capitalista.” En cierta manera esto es así, sin
embargo debemos centrarnos en los momentos en los que dichas
contradicciones afloran a la superficie y afectan a la
población en general, de la misma manera que anteriormente lo
hacía el trabajo explotador y extenuante provocando revueltas.
Las contradicciones se muestran en forma de repentinas crisis
socioeconómicas, y en esos momentos de crispación social que
pueden desatarse en cualquier momento es donde hemos de fijar
nuestro objetivo, haciendo obvia la responsabilidad del
sistema en el malestar creado y mostrando a la dominación como
una línea continua que nunca ha cesado, simplemente se ha
transformado adaptándose a los avances sociales gracias a los
recuperadores. Antes era explotación laboral y económica,
actualmente es intelectual y encubierta. “Salir a la calle a
perturbar el miserable y embrutecedor orden de las cosas
haciendo visible la brutalidad sistemática que tod@s
percibimos esencialmente.” Mediante la destrucción y el
desinhibición de la rabia individual no se perturba el orden
de las cosas, únicamente se perturban a las cosas, que las
personas que interactúen con dichas cosas perciban su
destrucción como incitación a la perturbación de su orden y
que respondan a dicha perturbación de manera afirmativa hay un
abismo que no se salva tan fácilmente. La violencia en la
calle no siempre perturba, en ocasiones mantiene y en otras
legitima el orden, ya que esta puede ser interpretada de mil
maneras y se puede reaccionar de otras tantas. “Protestas
dirigidas contra tal o cual fenómeno parcial sólo evidencian
la manipulación folclórica de éstas, que eluden la globalidad
del enfrentamiento [...] El ataque muestra sus pretensiones
destructivas de la totalidad porque el objeto atacado es tan
sólo una excusa para cuestionar lo existente” Despreciando
completamente la manipulación folclórica de las luchas
parciales, nos mostramos de acuerdo con la insuficiencia de
posicionarse únicamente en estas sin dotarlas de un sentido
global, sin embargo, no caigamos en el engaño de las
“pretensiones destructivas de la totalidad” ya que cualquier
ataque único no es sino parcial. Elaborar una teoría paralela
a la práctica revolucionaria será la que evite el parcialismo,
por ello consideramos que no basta con afirmar que una acción
concreta es un símbolo contra toda la dominación ya que es una
pretensión ilusoria para los revolucionarios y no hace sino
confirmar nuestra minuciosa capacidad de autoengaño. Esperamos
que estas líneas sirvan como una incitación al debate y la
reflexión, ya que no podemos permitir que la “renovación” que
implantó el insurreccionalismo en el movimiento libertario
desgastado por la rutina se convierta en una nueva verdad
incuestionable como lo fuese el obrerismo y la idolatría a
Durruti. Queremos que sirva para ir rompiendo los moldes que a
veces nos encasquetamos nosotros mismos por la falta de
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Por el combate en el ámbito laboral
Dossier "por el combate en el ámbito laboral" by Valladolor on Scribd
SOLIDARIOS DE LA SANIDAD PÚBLICA
De la memoria reciente de la lucha de clases
Valladolor no admite comentarios
La apariencia como forma de lucha es un cancer
El debate esta en la calle, la lucha cara a cara
Usandolo mal internet nos mata y encarcela.
Piensa, actua y rebelate
en las aceras esta el campo
de batalla.
si no nos vemos
valladolorenlacalle@gmail.com

